Categoría: BIBLIA

  • EL DIOS DE LA BIBLIA

    Al leer la Escritura en forma completa uno puede darse una idea del Dios que en sus páginas se describe. En ella encontramos la expresión referida a los hombres de Dios, los que siendo inspirados nos legaron su palabra. La fe viene por oír esa palabra de Cristo, el Ungido anunciado desde el Génesis, la promesa de la Simiente que vencería a Satanás. El Cordero de Dios estuvo ordenado y preparado desde antes de la fundación del mundo, en palabras del apóstol Pedro, para ser manifestado en el tiempo apostólico. Desde el inicio del Génesis ya se nos anunciaba a ese Mesías por venir, el cual estuvo en el principio creando el mundo, como se reconoce por el plural especial de la lengua hebrea: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, y como lo atestigua Juan en su Evangelio (Capítulo 1:1-3).

    Ese Dios Creador había dispuesto todas las cosas para que acontecieran de la manera como vemos que suceden. Adán tenía que pecar, pese a haber sido formado en inocencia. Si el Cordero estaba ya ordenado desde antes de la creación de Adán, entonces el pecado del primer hombre sería el motivo por el cual el Mesías se manifestaría para llevar la gloria sempiterna de Redentor. Por esa razón, en las páginas de la Biblia se narra como eje central todo lo concerniente a la venida de Cristo, a su manifestación como esperanza de los oprimidos espirituales, aquellas ovejas que serían rescatadas oportunamente por su sangre sacrificial.

    En muchos de los relatos del Antiguo Testamento valoramos la santidad de Dios. El Arca es un ejemplo del celo de Jehová por el respeto de su orden establecido en materia de adoración, el respeto a su espacio, a sus ritos y a la figura del sacerdocio. Muchos personajes resaltan, pero podríamos tomar como ejemplo el caso del sacerdote Elí. Él entrenó a Samuel en el oficio, pero Jehová le revela al niño Samuel lo que le acontecería al viejo sacerdote Elí, por causa de su manera floja de educar a sus hijos. Ciertamente Elí les reclama su conducta, su abuso con las mujeres a las puertas del tabernáculo de reunión, pero en ningún momento los castigó por sus abusos contra la casa de Jehová.

    Ese Dios celoso mostró una pedagogía para la posteridad, para que supiésemos que conviene al hombre honrarlo, ya que Él honra a los que le honran, pero tiene por pocos a aquellos que lo desprecian (1 Samuel 2:30). También vemos que el pueblo de Israel seguía a Jehová pero por muchos ratos se daba a los Baales, a Astarot, a la adoración y servicio de dioses ajenos. Dios los castigaba entregándolos a manos enemigas, pero cuando se arrepentían y dedicaban su corazón al Dios verdadero los auxiliaba una y otra vez. La testarudez del pueblo de Israel desde sus orígenes hasta lo largo de las Escrituras, nos da una idea de la obstinación del corazón humano. No somos diferentes los del pueblo gentil, caemos enredados una y otra vez por causa de los atractivos del mundo. Por igual sufrimos el castigo y azote del Padre que nos tiene por hijos.

    La Biblia contrasta la figura de dos Adanes. Dice Pablo: Así también está escrito: Fue hecho el primer Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante (1 Corintios 15:45). La caída del primer Adán llevó al mundo a la depravación, dejándolo en un estado de pecado, muerte y destrucción. La obediencia a Satanás (la serpiente) antes que al Creador nos llevó a cometer la transgresión suprema, a la pérdida del paraíso terrenal (Génesis 3:1-6). A esto se le conoce como la caída del estado de inocencia para terminar en el estado de depravación total. Adán como cabeza federal de la humanidad transmitió su culpa a todos cuantos él representó: los de la raza humana.

    Dice la Biblia: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos (Romanos 3:10-18). Por esa razón se dijo igualmente que sería maldito el hombre que confiara en el hombre.

    El mismo rey David escribiría que él había nacido en iniquidad, que en pecado lo había concebido su madre (Salmos 51:5). Ese pecado original venido de Adán se transmite como por generación natural, desde la concepción hasta la formación de la criatura, todo en pecado. Nuestra justicia vino a ser como trapo de inmundicia, por lo cual nuestras buenas obras no alcanzan para expiar un solo pecado. De allí que se escribiera igualmente: Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmos 32:1-2). Los designios de nuestra carne son enemistad contra Dios, porque no se pueden sujetar a la ley de Dios.

    Cuando el Espíritu de Dios mora en nosotros, ya no vivimos según la carne (Romanos 8:9). En el creyente ocurrió una transformación: estuvimos muertos en delitos y pecados, caminando de acuerdo al designio del mundo, siguiendo lo establecido por el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia (Efesios 4:1-3). En cuanto el segundo Adán, que es Cristo, la Biblia nos asegura que el efecto de su justicia fue por igual sobre toda su descendencia. Es decir, si el primer Adán pecó y su consecuencia la heredamos todos los humanos, el segundo Adán nos redimió a todos cuantos conformamos su pueblo. Ese pueblo fue ordenado desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1, por ejemplo), para que Jesús muriera en exclusiva por él y pudiera quitar todos sus pecados (Mateo 1:21; Juan 17:9).

    De acuerdo a la Biblia y su contexto, cuando un pecador es regenerado por operación del Espíritu Santo pasa de la confederación de Adán a la confederación de Cristo. Esto se obtiene por gracia, ya que es el Espíritu Santo, por medio de la palabra de Dios, el que hace que el pecador se arrepienta para perdón de pecados. La persona regenerada recibe el conocimiento y el entendimiento respecto al evangelio de salvación, el cual está condicionado en forma exclusiva al trabajo de Jesucristo en la cruz. De esta manera el pecador regenerado reconoce que pasó de muerte a vida, que ya dejó la creencia en una falsa esperanza o en un falso evangelio que buscaba su propia gloria. El pecador renacido sabe que ni un ápice de esa redención se debe a sí mismo, ni a su buena voluntad, ni a su decisión, ni a sus costumbres religiosas.

    El pecador que ha nacido de nuevo tiene su vida anterior como un conjunto de obras muertas, haya o no haya sido religioso de cualquier denominación; esa conversión de las tinieblas a la luz viene como consecuencia inevitable de la regeneración operada por el Espíritu Santo. Tiene ahora un corazón de carne y no posee más el corazón de piedra; se le ha dado un espíritu nuevo por medio del cual comienza a amar los mandatos del Señor. En tal sentido, cada creyente debe preguntarse cómo puede existir una persona regenerada que al mismo tiempo ignore el evangelio de verdad. El creyente ya no sigue más al extraño, porque desconoce su voz (Juan 10:1-5); vive en la doctrina de Cristo sin extraviarse (2 Juan 1:9-11). Ya no vuelve a clamar a un dios que no puede salvar (Isaías 45: 20).

    La seguridad de nuestra salvación nos acompaña, porque la voluntad del que envió a Cristo es que ninguno que le ha conocido y crea en él se llegue a perder, sino que será resucitado en el día postrero (Juan 6.40). Estamos ahora en las manos de Cristo y del Padre (Juan 10:28-29). Si antes fuimos siervos del pecado, ahora nos volvimos obedientes a esa forma de justicia en la que fuimos enseñados: Que Dios es justo y el que justifica al impío. Justificados por la fe tenemos paz para con Dios. Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre, cetro de justicia el cetro de tu reino (Salmos 45:6). Ese es el Dios de la Biblia.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

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