Categoría: CONOCIMIENTO

  • A LOS QUE ANTES CONOCIÓ

    No son pocos los que se apartan del camino por causa de la elucubración de su entendimiento. ¿Qué significa que Dios conozca de antemano? Incluso, ¿qué quiere decir que Dios conozca a alguien? El verbo conocer en la Biblia tiene una connotación más amplia que el hecho de tener conocimiento de algo, también nos indica que se tiene comunión íntima. José anduvo con María, estando ya desposado con ella, pero dice la Escritura que no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito (Mateo 1:25).

    Esa frase refiere al hecho de que José no tuvo relaciones íntimas o sexuales con María hasta después de que nació Jesús. En otros términos, el acto marital se pospuso hasta después del nacimiento de Jesús. Si Jesús fue el hijo primogénito, entonces indica que hubo otros hijos (hermanos de Jesús). El vocablo griego usado es PROTOTOKOS y no MONOGENES (PROTOTOKOS significa el primer hijo, en tanto que MONOGENES indica el único hijo, el unigénito). Hay un relato en Mateo que registra el hecho de los hermanos de Jesús: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan (Mateo 12:47). Esta información también la dan Lucas 8:19-21 y Marcos 3:31-35. En Juan 2:12 leemos: Después de esto descendieron a Capernaum, él, su madre, sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días; en Juan 7:2-10 podemos encontrar otra referencia sobre los hermanos de Jesús. Por igual leemos ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? (Mateo 13:55-56), y en Marcos 6:3 tenemos otra evidencia: ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.

    Lo mismo puede decirse de Adán, quien conoció de nuevo a Eva su mujer y tuvieron otro hijo. Jehová habla a través de un profeta y dice que a Israel solamente ha conocido de entre todos los habitantes de la tierra; Jesús el Cristo afirma que al final de los tiempos dirá a un grupo de personas que nunca los conoció, que se aparten de él. La pregunta inicial se retoma: ¿cómo sabe Dios? A muchos les aterra afirmar que Dios ha hecho todas las cosas, como asegura la Biblia, aún al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Prefieren usar el término PERMITIR, para simular que cuanto acontece no es la plena voluntad divina sino solamente un permiso. Pero permitir algo implica estar presionado por alguna influencia externa, no querer que suceda pero dejar que pase. Eso no puede decirse del Todopoderoso.

    ¿Cómo sabe Dios? ¿Cómo puede vaticinar el futuro nuestro con total acierto? ¿Será que mira el futuro como si tuviera una bola de cristal? ¿Se meterá en lo que han denominado el túnel del tiempo? En absoluto, Dios sabe el futuro porque lo hace, lo decreta, lo ordena. Adán pecó no por posibilidades de pecar sino porque tenía que hacerlo. Ya el Cordero de Dios estuvo destinado desde antes de la fundación del mundo para ser manifestado en el tiempo apostólico (1 Pedro 1:20). Si Adán no hubiese pecado Dios habría destinado a su Hijo en vano, fracasando en su plan sempiterno e inmutable.

    El crimen más horrendo en la historia humana fue el asesinato cruel del único ser inocente de la tierra. La muerte del Hijo de Dios fue planificada y anunciada desde antes por el Padre ante sus profetas. Así que no nos escandalicemos por lo que Satanás haga con el pecado humano, ya que todo forma parte del plan de Dios. ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues, ¿quién puede resistirse a su voluntad? ¿Será Dios injusto que inculpa de pecado a quien Él mismo ha condenado desde siempre, como lo demuestra el caso de Esaú relatado en Romanos 9? Pablo responde con un rotundo no: En ninguna manera. El apóstol coloca al ser humano en una posición ínfima frente a su Hacedor, diciéndonos que somos responsables de lo que hacemos, pero que Dios tiene la potestad autoritaria que le da el hecho de ser dueño de la masa de barro con que nos ha formado.

    La voluntad de Dios es hacer vasos de honra y vasos de deshonra, para que su plan se desarrolle, para darle la gloria de Redentor a su Hijo Jesucristo, para consumar su ira por el pecado y la injusticia. Con lo dicho, el conocimiento previo de Dios no es otra cosa que el amor anticipado que nos ha demostrado a quienes Él ha elegido desde la eternidad, para ser objetos de su gracia, amor y misericordia. En Romanos 8:29 leemos que Dios predestinó a quienes conoció desde antes. Es decir, no que haya mirado para ver quiénes eran dignos de predestinación, ya que ha afirmado que no hay justo ni aún uno, no hay quien entienda ni quien busque al verdadero Dios. Todos estuvimos muertos en delitos y pecados, de manera que tuvo misericordia de quien quiso tenerla, pero endureció para siempre a quien ha querido endurecer (como lo demuestra el caso del Faraón de Egipto frente a Moisés). Ese conocimiento de Dios incluye el amor, su relación y su divino propósito, como ya lo mencionamos respecto a Israel (Amós 3:2). Esto no podría sugerir que Dios careciera de información o de conocimiento intelectual respecto al resto de las naciones de la tierra, sino que precisamente nos refiere al contexto especial del verbo conocer en la Biblia.

    La gracia de Dios le pertenece a Él, por lo tanto es su iniciativa el demostrarla a quienes él quiera demostrarla. Nunca la gracia es una respuesta a una iniciativa nuestra. Los que ven méritos en el ser humano para la acción divina, tienen una teología desviada basada en el mérito de las obras. Esto es otro evangelio, como asegura Pablo, una evangelio anatema. Como dice la Escritura: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama) -Romanos 9:11. No es por las obras, no es por el mérito que tengamos, no es por guardar la ley, ya que la ley no salvó a nadie (Gálatas 2:16; Romanos 3: 20).

    Debemos recordar siempre el texto de Juan que nos asegura que amamos a Cristo porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). Dios conoció personas, no eventos, según el texto de Romanos 8:29; es decir, no porque haya visto actitudes o actividades en las personas las escogió, sino porque quiso amar a los que escogería. Nos escogió en amor, bajo su pacto de gracia eterno e inmutable; no fue que nos conoció porque nos observara sino que se quiso relacionar con nosotros a pesar de nuestras debilidades y flaquezas. De la misma masa de barro hizo vasos para honra y vasos para deshonra, por lo que no existe atributo positivo en la calidad del barro sino en la disposición del Alfarero.

    Finalmente, si Dios tuviera que conocer algo implicaría que no lo conocía antes. Eso echaría por tierra su cualidad de Omnisciente. De manera que Dios no llega a conocer nada pues todo lo sabe; ¿y cómo sabe Dios? Simplemente sabe todo porque todo lo ha ordenado para que suceda. Él es Todopoderoso, Omnisciente, Increado, Inmutable y Santo. Puede haber más atributos, pero estos mencionados lo relacionan con lo que acabamos de exponer en relación al conocimiento (afecto) que tiene para con sus elegidos.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • FRUTO DEL ÁRBOL BUENO

    Dios no deja nada al azar, ya que correría el riesgo de tener que enmendar a cada rato lo que habría planificado. Si Dios predestinó algo, eso debe ocurrir en el tiempo indicado; dejarlo al azar implicaría que pudiera o no pudiera cumplirse. En tal sentido, lo que acontece en el universo en el cual vivimos ha sido ordenado con anticipación por la Divinidad. Al mismo tiempo, dadas ciertas declaraciones bíblicas, podemos inferir que eso que acontece fue ordenado desde siempre. Recordemos el texto de Pedro cuando nos refirió que el Cordero de Dios estuvo destinado desde antes de la fundación del mundo para ser manifestado en el tiempo apostólico (1 Pedro 1:20).

    Si Cristo murió por toda la humanidad, toda la humanidad ha de ser salvada. Pero si no toda la humanidad es salvada quiere decir que Cristo no la incluyó completamente. De hecho él oraba al Padre la noche previa a su crucifixión y le dijo que no rogaba por el mundo (Juan 17:9) sino solamente por los que le había dado, y le daría después por la palabra de los primeros creyentes (Juan 17:20). Ese grupo de personas que quedó fuera de la oración de Jesús nunca estuvo incluido en el grupo de los que vendría a salvar (Mateo 1:21).

    La Biblia dice que creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna (Hechos 13:48). Ni uno más ni uno menos, simplemente los que fueron ordenados o predestinados. Ahora bien, ¿cómo sabe Dios? Esa interrogante pertenece a uno de los Salmos, dándonos a entender que el impío se pregunta si Dios sabe todas las cosas (Salmos 73:11). Dios no necesita llegar a saber algo porque es Omnisciente, de manera que no tiene que mirar en el corredor del tiempo, no busca pistas en los corazones humanos. De igual forma, el Creador de todo cuanto existe expresó en su revelación que al mirar hacia la tierra vio que el hombre estaba muerto en sus delitos y pecados, que todos se habían desviado, que no había uno solo que lo buscara ni que fuera justo. En suma, la humanidad entera murió conforme a la advertencia dada a Adán en el Edén.

    Esa muerte espiritual imposibilita el desear las cosas del Espíritu de Dios. Urge un nuevo nacimiento, una nueva naturaleza, pero eso no ocurre por voluntad de varón sino de Dios. Es una gran mentira decir que Dios despierta a todas las almas para que decidan, porque en realidad lo que se necesita no es despertar sino resucitar. El pecado ha cauterizado la conciencia del pecador y no puede valorar las circunstancias que le rodean, así que jamás seguirá por cuenta propia a Jesucristo.

    En el libro de Ezequiel se ha dicho que Dios pondría un corazón nuevo y de carne para sustituir el corazón duro y de piedra (reseñado por Jeremías), y añadiría un espíritu nuevo para amar sus estatutos. Eso no es azar, sino intervención divina en directo. Mientras estábamos en la carne, dice Pablo, las pasiones del pecado obraban fruto para muerte (Romanos 7:5). Ahora hemos sido liberados de esa ley que nos acusaba, gracias a la ley de la fe de Cristo.

    Creer el Evangelio presupone asumir la doctrina de Cristo. El conocimiento del Hijo de Dios se puede dar en dos grandes renglones: 1) respecto a su Persona; 2) respecto a su obra. En cuanto al primero mucho se ha debatido en la historia y en concilios, para revisar si Jesucristo era Dios o era solo hombre. El ataque a su persona fue feroz y todavía continúa cuando miramos la existencia de muchas sectas que sostienen ideas heréticas respecto a la deidad del Señor, incluso se preguntan si existe o no un Dios Trino. ¿Vino en carne o solo en apariencia de hombre? -como se interrogan los gnósticos.

    El ataque a su obra es más sofisticado, ya que pretende pasar como si existieren puntos de vista que no inciden para nada en la salvación del alma. El hecho de que se crea en Cristo (como Persona), con todas sus cualidades divinas, hace pasar desapercibido el ataque a su obra. Para esto muchos se afianzan en ciertos textos fuera de contexto, como por ejemplo el que dice que el que cree en él tiene vida eterna. ¿Qué es creer en él? ¿Acaso es creer en lo que la Biblia dice de su Persona, nada más? ¿No habla la Escritura de la obra de esa Persona? ¿No es la obra tan importante como la Persona misma?

    La doctrina de Jesucristo enseñada por él mismo, así como por los apóstoles, junto con lo dicho en el Antiguo Testamento, ilustraba la importancia de lo que venía a hacer. Él vino a morir por todos los pecados de todo su pueblo (Mateo 1:21). Acá empezamos con la torcedura doctrinal, ya que muchos alegan que su trabajo se extiende a toda la humanidad, sin excepción. Es decir, que vino a morir por Judas Iscariote, por el Faraón de Egipto, por Caín, por todos los réprobos en cuanto a fe cuya condenación no se tarda, por los sellados con el 666, por los apóstatas y un gran etcétera.

    De ser esto cierto, su sangre ha mostrado nulidad e impotencia, ya que los condenados al infierno demuestran que su trabajo fue inútil. Ah, para este argumento presentan su contraparte: es que los que se condenan lo hacen porque rechazaron la libre oferta del evangelio. Sin embargo, la Biblia no lo presenta de esa manera, sino que sugiere que creen los que están ordenados para vida eterna. Pablo ha dicho varias veces que la salvación es de gracia y por medio de la fe, para que ninguno se gloríe ni se jacte en la presencia de Dios. Ha declarado igualmente que Dios decidió amar a Jacob pero odiar a Esaú aún antes de que fueran concebidos, sin miramiento a sus obras (ni buenas ni malas).

    Esto lo hizo Dios para mostrar su ira y hacer notorio su poder, cuando preparó los vasos de ira para destrucción. Asimismo, quiso Dios hacer notorias las riquezas de su gloria, mostrándolas para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria, a los cuales llama por medio del Evangelio, sean judíos o gentiles. Solamente el remanente de escogidos será salvo (Romanos 9:27). La obra de Cristo fue la expiación de todos los pecados de todo su pueblo, en tanto como Buen Pastor puso su vida por las ovejas (no por los cabritos).

    Pablo fue un ejemplo de lo que decimos, además nos instruyó respecto a su vida misma. El dijo que sabía que la ley de Dios es espiritual pero que él era carnal, vendido al pecado. Por esa razón hacía lo que no quería hacer y lo que aborrecía, así como dejaba de hacer lo bueno que deseaba hacer (Romanos 7: 14-15). Pero entendió que pese a que en su naturaleza todavía obraba esa raíz del pecado, su fruto no era para muerte sino para vida eterna. Por esa razón agradeció a Dios por Jesucristo, el que lo libraría finalmente del cuerpo de muerte del pecado.

    ¿Cuál es la razón por la cual Pablo daba fruto de vida y no de muerte? No era por su conciencia del bien sino por el fundamento que tenía. Esa simiente era Cristo, era la palabra enseñada por el Señor, el cúmulo de su doctrina. Ninguno ponga otro fundamento que Jesucristo (1 Corintios 3:11), la única base sólida y verdadera sobre la cual construir la fe y la vida espiritual. Pero Jesucristo no es solamente una Persona sino también una obra. Los demonios creen en la Persona de Cristo y tiemblan por ello, pero también temen porque la obra de Jesús no se hizo a favor de ellos. Acá vemos la importancia de comprender bien el tamaño y alcance de la obra de Cristo (la redención de su pueblo).

    Veamos esta doctrina de Jesús: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca (Lucas 6:45). En el verso 43 Jesús refiere la naturaleza de dos árboles, el bueno y el malo, los cuales dan o frutos buenos o frutos malos. Pero no puede el árbol malo dar buen fruto, ni el árbol bueno dará jamás un fruto malo. ¿Qué es todo esto? La clave de esa enseñanza se encuentra en lo que habla la boca respecto a lo que el corazón tiene. El corazón descrito por Jeremías es perverso, de piedra, engañoso más que todas las cosas. Ese corazón, como el mal árbol, dará fruto malo. Pero el corazón descrito por Ezequiel es de carne, sensible, con un nuevo espíritu de parte de Dios, el cual dará buen fruto.

    El corazón que contiene la doctrina de Jesucristo confesará con la boca el verdadero Evangelio, pero el corazón que no contiene la enseñanza del Señor dará un mal fruto al confesar un evangelio anatema. Acá entran los que desvían las enseñanzas de la Escritura para dar luz a una teología errada, incongruente y jamás predicada ni por Jesucristo ni por sus apóstoles. La oveja redimida jamás se irá tras el extraño (el falso predicador o profeta, el herético), porque desconoce esa voz del extraño (Juan 10:1-5). Pablo pecaba (como se evidenció de lo que dijo en Romanos 7 ya señalado antes), se sentía miserable por sus pecados, pero siempre confesaba con su boca lo que tenía en su corazón: el evangelio de Cristo. Hablaba de la predestinación, de la elección, de la gracia sin mediación de las obras humanas, del fundamento del creyente. Pablo tenía el corazón de carne anunciado por Ezequiel, de manera que pudo confesar el verdadero Evangelio y denunciar al evangelio anatema. David creía en el Señor, tenía un corazón de carne y un espíritu recto que lo llevó a confesar con su boca su amor por las enseñanzas del Todopoderoso. David pecó feamente, se arrepintió, fue castigado por Dios, pero no fue condenado porque había nacido de nuevo (de acuerdo a lo descrito por Ezequiel respecto al corazón de carne).

    ¿Qué será de aquellos que no pecan como lo hizo David, pero tuercen la doctrina de Cristo? Esos son malos árboles que dan malos frutos. Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmos 32:1-2).

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • HACIA EL ENCUENTRO CON DIOS

    Resulta algo fácil hablar del Dios que nos conoció desde la eternidad, pero parece imposible referirse al Dios no conocido. Desde la perspectiva del mundo (el conjunto de los que no creen) se ve a la humanidad que indaga sobre la idea de un ser divino. El creyente habla y anuncia a la persona en quien ha creído, pero el incrédulo elucubra sobre lo que no cree. De esta manera podríamos acercarnos a la filosofía tradicional, aquella que desde tiempos muy antiguos pregonaban los sabios griegos. Parménides aparece como un referente del Ser, el que es y que no puede no ser; agrega que el no ser no es.

    Pablo se anuncia en Atenas como el predicador del Dios no conocido, en tanto unas pocas personas reciben sus enseñanzas con agrado. Ciertamente, los griegos buscaban sabiduría, pero los judíos pedían señales. Esas dos maneras de acercarse al Ser perduran hasta hoy, como dos conceptos que refieren a la Divinidad. Muchos de los que se denominan cristianos intentan demostrar cómo ese Dios que pregonan les envía señales; hacen énfasis en los dones especiales que una vez fueron dados a la iglesia naciente. Pese a que Pablo anuncia el fin de ellos, dando prueba de cómo su don especial de sanidad iba menguando con el tiempo, aún hay quienes insisten en ellos como medio de prueba de ese Ser en el que dicen creer.

    De hecho, a varios hermanos el apóstol para los gentiles dejó en ciertas ciudades porque estaban enfermos (no les impuso las manos para sanarlos). Si mucho antes el apóstol enviaba su pañuelo para que fuesen sanos los enfermos, ahora le dice a su amado hermano y amigo Timoteo que no beba más agua, sino vino, por causa de su estómago. Lo completo estaba llegando (la Escritura completa) para que dejáramos el conocimiento parcial (revelaciones particulares). Esa es la marca del fin de los dones especiales como bien lo expresa el apóstol, aunque por causa de traducciones del latín a otras lenguas tengamos un vocablo que nos confunde: cuando venga lo perfecto. Eso perfecto es perfectum, un término que en su origen griego significa lo que está completo, pero por la lengua latina se interpreta como un acabado artístico. De esta manera hay quienes confunden que eso perfecto que vendría sería Cristo por segunda vez, y como no ha vuelto todavía los dones especiales seguirían vivos.

    No es así, el apóstol utiliza dos términos en contraposición: en parte y lo completo (Meros y Teleios). …las profecías se acabarán y cesarán las lenguas…Porque en parte conocemos y en parte profetizamos, mas cuando venga lo perfecto (teleios), lo que es en parte (meros) se acabará (1 Corintios 13: 8-9). Acá el apóstol hace referencia no solamente a las lenguas sino también a las profecías predictivas; existe otro sentido del profetizar, el cual es anunciar o proferir la palabra de Dios, lo que no ha acabado todavía; pero el sentido predictivo de profetizar ha cesado de acuerdo al libro de Apocalipsis y a las revelaciones del mismo apóstol Pablo.

    Pues bien, los judíos piden señales y muchos de los llamados creyentes en Cristo tienen una mala percepción de la palabra bíblica. Por otro lado, los griegos demandaban sabiduría, acostumbrados a sus grandes maestros del conocimiento de entonces. Hoy día muchos continúan con las elucubraciones filosóficas para poder sustentar con racionalidad su fe. Eso no es malo del todo, porque la fe debe ser una forma de razonar aquello que la mente no puede discernir por sí misma.

    Sin embargo, el concepto de la fe lo define también Pablo, diciéndonos que es la certeza y la convicción de lo que no se ve. Agrega el apóstol que no es de todos la fe sino que ella es un regalo de Dios. Entonces, no podemos salir a buscar fe por ahí para ver si llegamos a creer, sino que en el paquete de la redención ella nos es entregada para recibir conjuntamente todo lo concerniente a la salvación del Señor. Esa hypostasis griega quiere decir que la fe está sustentada en la palabra de Cristo. Cristo mismo es su autor y su consumador, por lo tanto es quien hace posible que creamos en él.

    Esto sorprende a muchos y no debería, ya que existen muchos textos de la Biblia que nos relatan el hecho de que el Señor murió solamente por los que el Padre le dio. Es decir, no es de todos la fe sino que ella es un don divino. Muchos son los llamados y pocos los escogidos; fijémonos en que Dios no llama a todos sino a muchos, pero de entre estos últimos escoge a pocos. En la economía de la redención, el Señor muere por todos aquellos a quienes el Padre le ha dado (No te ruego por el mundo, sino por los que me diste -Juan 17:9). Existió un plan de salvación desde la eternidad, ya que Pedro lo refiere en una de sus cartas: El Cordero de Dios estuvo preparado u ordenado desde antes de la fundación del mundo, para ser manifestado en este tiempo (1 Pedro 1:19-21). Juan en su Apocalipsis lo resalta por lo menos en dos textos: Apocalipsis 13:8 y 17:8. Él habla de los nombres que fueron y no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo. Pablo nos dice en Romanos 9 que no depende del que quiera ni del que corra, sino de Dios que tiene misericordia de quien quiere tenerla.

    Debemos considerarnos afortunados, con suerte o con herencia, como dice Efesios 1:11, por haber sido predestinados, conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. La gente se pregunta ¿cómo sabe Dios? ¿Cómo Dios conoce? Algunos muy atrevidos osan decir que Dios averigua el futuro en los corazones humanos, por lo cual predestina. Pero eso es un error intelectual y teológico, ya que por lo menos tres desaciertos posee tal aseveración: 1) Si Dios mira en los corazones humanos para ver quién habrá de aceptarlo, ¿para qué predestinar lo que ya es seguro que acontecerá? 2) Si Dios encuentra algo bueno en el corazón humano, mintió al decirnos que no hay justo ni aún uno, ni quien haga lo bueno, ni quien busque a Dios. 3) Si Dios necesita mirar en el túnel del tiempo, o en los corazones humanos, para llegar a saber quién le aceptaría y quién no, entonces se deduce que antes no lo sabía. Y si no lo sabía no era Omnisciente.

    Así que a la interrogante de cómo sabe Dios respondemos que lo que sabe lo decidió desde siempre, como acto puro, en su disposición para con quienes siempre amó. Todas las cosas son un sí y un amén en Él, sin que haya mudanza ni variación en su voluntad. Su alma deseó e hizo; si determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? (Job 23:13). De seguro que se trata de un conocimiento profundo esto que fue escrito por causa de nosotros, pero está allí para que comprendamos un poco la magnitud de aquello que nos fue entregado. Para nuestra paz fueron escritas estas cosas, aunque muchos que se llaman creyentes se turban, para después boicotear esas enseñanzas de la Biblia. Ellos siguen sujetos a la idea romántica de un Dios que sufre y espera por la redención de aquellos por quienes Cristo no murió.

    Para este tipo de persona, el Dios de la Biblia parece injusto porque inculpa a Esaú de aquello que no puede cambiar; pero el apóstol Pablo expresa que bajo ningún respecto Dios puede ser señalado como injusto sino que tenemos que ver que de una masa contaminada por el pecado hizo vasos de honra y de deshonra. No obstante, Él reclama que hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4), que de su boca sale lo bueno y lo malo (Lamentaciones 3:38). Así que esa masa contaminada también fue hecha por Él con el propósito previsto, pero Dios no es pecador porque haya ordenado el pecado (como se desprende del texto citado de Pedro, donde se muestra que Dios tenía al Cordero desde antes de que Adán pecara). Asimismo decimos que Dios no es una vaca, a pesar de que él haya hecho a las vacas.

    Una gran profundidad existe en el conocimiento y en la sabiduría de Dios, demasiado grande para nuestro entendimiento; sin embargo, sabemos que el Espíritu de Dios nos ayuda a comprender aquellas cosas que sin él no podríamos ni sospechar. Lo que se impone en consecuencia es una gran reverencia por esas riquezas y sabiduría divinas, por lo insondable de sus juicios y por sus inescrutables caminos. Porque ¿quién entendió la mente del Señor o quién fue su consejero? (Romanos 11:33).

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • SOBERANIA DEL DIOS NO CONOCIDO

    Pablo una vez predicó en el Areópago griego y se refirió al monumento que tenían los helenos al Dios no conocido. Por si acaso hubiera otro dios, los griegos no querían dejar de venerarlo, por lo cual le construyeron su recordatorio. De ese Dios iría a hablarles el apóstol, pero la multitud quedó sorprendida cuando se refirió a la resurrección. Dice la Escritura que apenas unos pocos llegaron a creer. Bien, hoy día no parece diferente, muchos oyen del Dios de la Biblia pero siguen desconociéndolo, ya que lo tienen por impotente o por reverente de la soberana voluntad humana.

    La Biblia, sin embargo, asegura que nuestro Dios está en los cielos y ha hecho todo cuanto ha querido (Salmos 115:3; 135:6). El autor de los Proverbios nos refiere a los planes que el hombre hace en su corazón, los que no pueden detener la prevalencia del consejo divino (Proverbios 19:21). El profeta Isaías habla por Dios: Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado…Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder? (Isaías 14: 24-27). Esta afirmación del profeta coloca de relieve que no existe nada por casualidad, que todo cuanto acontece sucede porque Dios lo ha diseñado de esa manera.

    Sabemos que la crucifixión de su Hijo fue planificada por el Padre, que todo cuanto hizo Poncio Pilatos, junto a los gentiles y el pueblo de Israel, fue determinado de antemano para que fuese hecho. En cuanto a los hijos de Dios, la Biblia menciona en muchos lados que fuimos escogidos por Dios desde el principio para salvación, por el Espíritu y por el creer en la verdad (2 Tesalonicenses 2:13). Hemos sido llamados mediante el evangelio de verdad, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

    Sepamos que el Señor nos llamó con llamamiento santo, no de acuerdo a nuestras obras, sino de acuerdo al propósito suyo y a su gracia, la cual nos fue dada en Cristo Jesús desde el principio del tiempo. ¿Qué sucede, entonces, con aquellos que no recibieron el amor de la verdad para ser salvos? Ellos no fueron llamados eficazmente, ni se les dio la fe de la que siempre carecen (2 Tesalonicenses 2:10-14; 2 Timoteo 1:9). Pese a ser portadores del pecado de Adán, de la corrupción original, de nuestras actuales transgresiones, al recibir el llamado del Señor hemos sido colocados en las manos del Padre y del Hijo para nunca perecer. Esto fue decretado desde la eternidad, ya que la salvación fue ordenada para el pueblo de Dios desde antes del llamamiento.

    Este llamamiento se basa en el trabajo de Jesucristo, no en nuestras obras. No llama Dios a todo el mundo por igual, sino que a unos ordena para muerte eterna (como a Esaú) y a otros para redención perpetua (como a Jacob). Por supuesto, los ordenados para vida eterna hemos de oír el evangelio de verdad y de recibir al Señor, pero ese trabajo lo realiza el Espíritu Santo quien nos hace nacer de nuevo. Nuestras obras buenas o malas no son el motivo del llamamiento del Señor, ni de la condenación del Señor (Romanos 9:11-18). No ayudamos en lo más mínimo en el trabajo de Cristo, ni antes ni después de su llamado. Antes porque estábamos muertos en delitos y pecados, con obras muertas en forma permanente; después, porque nuestras obras son fruto de su gracia que nos ha llamado y nunca su causa.

    La gente de la religión llamada cristianismo desconoce en gran medida que hemos sido llamados de acuerdo al propósito y a la gracia del Señor. Ese desconocimiento los denuncia como personas que todavía no han conocido el verdadero evangelio, ya que el Señor no salva a una oveja dejándola en la ignorancia. La Biblia asegura que el Espíritu nos conduce a toda verdad, ayudándonos aún en nuestras oraciones a pedir lo que conviene. Muchos pasan por alto lo que el Señor dijo a una multitud de discípulos que lo seguían por mar y tierra. En Juan 6:44 comprobamos que ninguno puede ir a Jesús si el Padre no lo envía, para que sea resucitado en el día postrero (en la primera resurrección).

    Los que niegan la doctrina de Cristo no lo aman (Juan 8:42-44). Ellos no entienden el lenguaje de Jesucristo, ya que son de su padre el diablo. Siguen al padre de la mentira para hacer su voluntad, para torcer las Escrituras que no soportan oír. Estas personas no tienen ni al Padre ni al Hijo, aunque se proclamen creyentes en Cristo, aunque se vistan con la verdad. Tienen el alma turbada y quieren que el Señor les diga que está de acuerdo con sus pensamientos, pero él ya ha hablado y le ha dicho a todo este tipo de personas que ellos no pueden creer porque no forman parte de sus ovejas (Juan 10:26). Ese es el Dios no conocido por muchos.

    Saulo respiraba aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, pero en ese camino de persecución de la iglesia de Cristo fue rodeado repentinamente por un resplandor de luz del cielo. Ese es el mismo resplandor que nos llega cuando somos llamados en forma eficaz, cuando el Señor nos habla por medio de su evangelio. Saulo perseguía a Jesús persiguiendo a los creyentes, dando coces contra el aguijón. Cuando el Señor habla caemos de nuestra altura y nos disponemos a hacer su voluntad (¿Qué quieres que yo haga?: Hechos 9:1-6).

    Resulta que para los que creemos Jesús resulta precioso, ya que somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios. Es por esta razón que anunciamos las virtudes de Jesucristo, el que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Pero para los que no creen (ni jamás creerán), Jesús es la piedra desechada por los edificadores, la cabeza del ángulo de la construcción que no fue tenida en cuenta. Esa piedra deviene en tropiezo, una roca que hace caer, al tropezar en la palabra, por causa de la desobediencia, para lo cual fueron destinados (1 Pedro 2:7-9).

    El Dios no conocido está descrito en Efesios 1:3-11, cuando habla del Padre de nuestro Señor Jesucristo, el que nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo (no cuando llegamos a creer, no basado en obras que no teníamos). Es el Dios que nos predestinó para ser adoptados hijos suyos, según el puro afecto de su voluntad (no según nuestra obras de aceptar o rechazar). Nos hizo aceptos en el Amado para alabanza de la gloria de su gracia (no para alabar nuestra voluntad o albedrío). En Cristo hemos tenido herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. ¿Conoces a este Dios?

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • DIOS NOS CONOCIÓ

    El conocimiento previo de Dios viene a ser la expresión con la que también en la Biblia se habla del amor de Dios. De la manera como Adán conoció a su mujer y tuvieron otro hijo, asimismo la Escritura muestra pasajes con la misma idea. Amor y conocimiento van ligados en sus páginas, sin que ello desdiga del sentido del conocimiento como operación exclusivamente intelectual. A vosotros solamente he conocido de entre todos los habitantes de la tierra (Amós 3:2), una expresión que tiene mucho que ver con el amor exclusivo de Dios para su pueblo. A los que antes conoció, a estos también predestinó (Romanos 8: 29); Jesús les dirá a muchos en el día final: Nunca os conocí (Mateo 7:23).

    Esas expresiones del conocer bíblico tienen su implicación afectiva. Jesús es Omnisciente, sabe todas las cosas, pero dirá esa expresión: Nunca os conocí. ¿Cómo es eso posible? La razón se basa en que simplemente CONOCER implica Amar, aparte del sentido gnoseológico del étimo. En Romanos 8:28 Pablo nos aclara que todos los eventos de nuestra vida operan en forma conjunta para nuestro beneficio, siempre y cuando Dios nos haya amado desde la eternidad. Si Dios no ama desde la eternidad, entonces odia, como lo demuestra el caso de Esaú (Romanos 9: 11-18). Fuimos llamados de acuerdo al propósito divino, dado que Dios nos conoció desde antes (Romanos 8:29).

    προέγνω (proegno) es la forma verbal que se toma de la gramática griega para demostrar el conocimiento anticipado del Señor. Ah, pero acá entramos en un terreno escabroso para muchos, en especial para aquellos defensores del libre albedrío humano frente a la absoluta soberanía de Dios. Escabroso por cuanto llegar a reconocer que Dios nos ama sin condición en nuestras obras hace a Dios injusto (como lo denuncia Pablo en Romanos 9:19). Dios no tendría derecho a inculpar a Esaú por cuanto lo odió sin miramiento a sus obras, alegato con el cual el apóstol expone al objetor de la tesis revelada por el Espíritu Santo. Es decir, la criatura inculpa al Todopoderoso por lo irresistible de su voluntad, así que Esaú debió ser juzgado en base a sus obras y no al determinado consejo de Dios.

    Para ello, los gramáticos de esa teología demoníaca han salido con el argumento de que el verbo odiar en la Biblia significa amar menos. En otros términos, Esaú también sería amado por Dios pero en menor cuantía que Jacob. ¿Y de qué le hubiera servido tan mínimo amor? Al parecer, de nada, por cuanto el Faraón de Egipto corrió con la misma suerte de Esaú, paradigmas junto a Judas -y todos los demás réprobos en cuanto a fe- del odio de Dios o de la falta de amor divino para con ellos. Este Dios es desconocido por la institución religiosa, más bien ocultado por la religión oficial, pero sigue siendo el Dios de las Escrituras.

    Decimos que Dios es Omnisciente, que no puede llegar a conocer nada nuevo. Si llegare a conocer algo nuevo significa que antes no lo conocía. Entonces hablamos de amor eterno, cosa que Dios quiso desde siempre para con sus elegidos; no porque Él haya mirado en los corredores del tiempo para ver si había alguien que lo buscara o si algún justo se acordara de Él. Si tal cosa Dios hubiera hecho significaría en primer lugar que había gente justa en el mundo, contrariando las Escrituras que señalan: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (Romanos 3:10-12); en segundo lugar, esto querría decir que Dios no sabía quiénes eran esos justos y tuvo que llegar a averiguarlo en el corredor del tiempo. En resumen, tal situación echaría por tierra la Omnisciencia de Dios.

    Pablo tiene toda la razón, la razón que le da el Espíritu Santo que lo ha inspirado, para decirnos que nosotros los creyentes sabemos que todas las cosas operan para nuestro bien, para los que amamos a Dios, a los que conforme a su propósito hemos sido llamados. Juan nos lo resalta: Si lo amamos a él / a Cristo, fue porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El hombre muerto en delitos y pecados no puede amar a Dios, a menos que sea nacido de nuevo, renovado para arrepentimiento por medio de la fe en la gracia dada por Dios (Efesios 2:8).

    De esta manera todos aquellos que fueron conocidos (previamente), amados (en el sentido del conocer bíblico implicado por el texto), fueron por igual predestinados para ser conformes a la imagen de su Hijo; de esta forma Cristo sería el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29). Los que leen las Escrituras recordarán los pasajes que hacen alusión al conocer bíblico como un verbo que también refiere al amor entre las personas, así como al amor de Dios por nosotros.

    Por ejemplo, recordemos el caso de José y María. De acuerdo al relato bíblico, después de que José despertó del sueño en el que se le presentó un ángel de Dios para decirle lo sucedido con María, no la conoció (a María) hasta que dio a luz a su hijo primogénito (Mateo 1:25). Vemos varias cosas en este texto: 1) José no tuvo relaciones sexuales con María (no la conoció) hasta después de que dio a luz al niño (Jesús); 2) Jesús fue apenas el primogénito de María, ya que tuvo otros hijos con José. Estos hermanos de Jesús eran hijos biológicos de María (Mateo 13:55-56).

    La Biblia nos dice que Adán conoció a Eva su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín…(Génesis 4:1). Acá conocer se refiere a la unión sexual, a la intimidad, ya que Adán conocía intelectualmente a Eva una vez que fue formada de su costilla. En Génesis 4:17 leemos: Y Caín conoció a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc (vemos el mismo contexto anterior, ya que sabemos que si se llegó a ella es porque la conocía cognitivamente hablando). En Juan 17:3 Jesús habla de la relación que tendremos con Dios: conocerle a Él en una estrecha relación de amor y confianza, lo cual se compara con la vida eterna. En 1 Corintios 8:3, Pablo nos afirma: Pero si alguno ama a Dios, este es conocido de él (de nuevo CONOCER refiere a una relación de intimidad y amor con Dios).

    En resumen, si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). El texto de Romanos que refiere a los que Dios antes conoció, a los cuales predestinó, los que quedan expuestos bajo el signo de la relación conocer-amar. De igual forma, cuando Pedro expuso su primer discurso recogido en Hechos 2, en el verso 23 menciona el anticipado conocimiento de Dios, como la razón de haber entregado a Jesús ante los judíos enardecidos para crucificarle. Ese conocimiento anticipado es similar a la PROGNOSIS mencionada en Romanos 8; por igual, Pedro nos habla en su Primera Carta, capítulo 1, verso 2, de la presciencia de Dios Padre que nos eligió en santificación del Espíritu. Esa presciencia sigue siendo la misma PROGNOSIS de la lengua griega antes analizada. Ese conocimiento anticipado de Dios va ligado a su amor eterno para con su pueblo, de acuerdo a su propósito infalible e inmutable.

    Dios volcó su amor desde antes de la creación del mundo sobre sus elegidos (Apocalipsis 13:8; 17:8), así que a quien Él amó lo predestinó para ser conforme a su Hijo. Ese es el mismo Dios a quien Jesucristo agradeció por haber escondido las cosas del reino de los sabios y entendidos, para darlas a conocer a los niños -a sus pequeños. Jesús añadió: Sí, Padre, porque así te agradó (Mateo 11:25-27). ¿A quién más, sino al diablo, le gusta decir lo contrario de lo que Dios afirma? Por esa razón sus teólogos insisten en que Dios vio anticipadamente en el túnel del tiempo, en la bola de cristal, etc., quiénes serían los que se decidirían por Él para predestinarlos en consecuencia. Pero esa mentira tiene sus fallas naturales, ya que aparte de que contraviene las Escrituras supone que Dios sería culpable de injusticia si no diera igual chance a cada ser humano frente al destino eterno. El Dios soberano de la Biblia no tiene consejero, no tiene tampoco quien detenga su mano y le diga ¿qué haces? Además, si Dios vio que había gente dispuesta a seguirle, ¿para qué los iba a predestinar si ya por ellos mismos estaban destinados a seguirle?

    La elección es de acuerdo a la gracia (Romanos 11:5), y para alabanza de su gracia (Efesios 1:3-6). Tantos como hemos sido señalados para creer, llegamos a creer (Hechos 13.48). Los que no creerán nunca no pueden creer porque no son parte de las ovejas del Señor; no se trata de creer para ser oveja sino de ser oveja para creer (Juan 10:26-28). Fue el Señor quien nos escogió y no nosotros a él (Juan 15:16). Muchas enseñanzas se derivan del verbo conocer según la Biblia, sin que se descarte la marca del acto cognoscitivo del mismo. En ocasiones la Biblia habla del conocer en el plano intelectual, como cuando dice Moisés al pueblo: Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco (Deuteronomio 9: 24). También el Señor conoce todas las cosas, como conoce (ama) el camino del justo; ese conocido o amado camino del justo se contrapone al camino del impío que perecerá (Salmos 1: 6).

    Cada quien puede seguir indagando en las Escrituras, sin aislarlas del contexto en que ellas aparecen, de manera que pueda comprender el gran significado del amor de Dios para su pueblo. Ante semejante y abrumador sentido de pertenencia, ¿quién nos separará del amor de Cristo?

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org