El camino del pecado y la maldad promete bastante, pero da poco y quita todo. El placer carnal suele mostrarse atractivo para el que milita en la carne y transita por camino ancho con grandes compañías, con apariencia de rectitud. ¿Qué de malo tiene un poco de placer para el cuerpo y la mente? Salomón probó ese camino, hasta que llegó a saber que era camino de muerte. Su vida quedó destruida, apartada por completo de la presencia de Jehová, si bien al final de sus días tuvo que reconocer en su libro Eclesiastés que el fin de todo el discurso era temer a Jehová.
En el medio religioso muchos transitan esas vías, tan solo cuidándose de los placeres sexuales que son muy vistosos. Sin embargo, se atragantan con las herejías y los errores doctrinales, en un total desprecio y desconocimiento de la justicia de Dios que es Cristo. Las buenas obras las buscan para ayudar en el camino hacia el cielo, hablándose de almas alcanzadas, de tantas decisiones de fe tomadas, de sus prédicas y ministerios, aunque su final sea camino de muerte.
Para llegar a ser Papa de la Iglesia Católica Romana hay que prepararse durante años, estudiar teología y poseer habilidades humanísticas cuantiosas. Sin embargo, sabemos que ese final teológico conduce a la gloria humana y a la blasfemia de Dios, al creerse el vicario de Cristo en esta tierra. La paga del pecado es la muerte, y la muerte eterna. Eso nos advierte Salomón en su libro de los Proverbios, así que si usted milita en una doctrina de errores doctrinales, debe saber que Pablo llama a eso maldición o anatema. En la Biblia no existe la separación entre la herejía y sus herejes, como si Dios amara al hereje y repudiara la herejía. No, la Biblia ha anunciado que Dios está airado contra el impío todos los días (Salmos 7:11). Se nos llama divisionistas y faltos de amor, cuando señalamos la maldad de los que practican los errores doctrinales. Se arguye que ellos aman a Cristo con el corazón, si bien no se meten en los asuntos de la teología porque eso compete a la materia intelectual.
La separación entre corazón y mente es una ilusión; Jesucristo dijo que del corazón salen los malos pensamientos y los homicidios. Esos actos son por igual de la mente, por lo que también leemos: Que nunca te abandonen el amor y la verdad: llévalos siempre alrededor de tu cuello y escríbelos en el libro de tu corazón (Proverbios 3:3-4). Cierto es que debemos amar al Señor con todo el corazón y con toda la mente (Mateo 22:37), lo cual hace que mente y corazón tengan una misma función. ¿Cómo tener un corazón alegre y dejar el ánimo decaído? Para eso existen terapias intelectuales, donde la mente debe actuar para refrenar la depresión, esperando que el cuerpo contribuya por medio del ejercicio físico. Entonces, el corazón viene como metáfora de un sitio donde reposa la emoción pero también el intelecto. A veces se separa y a veces se colocan juntos.
Por ejemplo: Hijo mío, no te olvides de mis enseñanzas (doctrinas); más bien, guarda en tu corazón mis mandamientos. Porque prolongarán tu vida muchos años y te traerán prosperidad (Proverbios 3:1-2). Acá vemos que las doctrinas del Evangelio deben guardarse en el corazón, incluso los mandamientos de Dios. ¿Qué es una doctrina? Es un conjunto de enseñanzas respecto a un tema particular, en este caso respecto a la teología. Guardarlas en el corazón implica ocuparse de ellas todo el tiempo, ya que ese es el sitio central de nuestra atención. El corazón toma decisiones (actividad netamente intelectual), pues cada quien debe dar según lo que haya decidido en su corazón (2 Corintios 9:7). Hay corazones sabios y necios (Proverbios 10:8); sabemos que la sabiduría constituye una actividad intelectual, lo mismo que la necedad. El de sabio corazón acata las órdenes, así Dios restaura a los de corazón quebrantado (el que se arrepiente: el arrepentimiento es un cambio de actitud mental respecto a un error). Al corazón llevamos sabiduría (Salmos 90:12), así que si se nos dijo que seríamos dichosos los de corazón limpio, porque veríamos a Dios, no será posible tenerlo limpio con una mente sucia. Todo va unido dentro de la metáfora bíblica.
El corazón también es el centro de la voluntad: Aleja de tu corazón el enojo, y echa fuera de tu ser la maldad…(Eclesiastés 11:10). En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti (Salmos 119:1). El corazón puede ser pecaminoso e incrédulo (Hebreos 3:12), guarda las palabras divinas (Proverbios 4:20-21), puede ser sabio (Proverbios 23:15), en el corazón se puede cometer adulterio (Mateo 5:27-28). Hemos de amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todas las fuerzas…(Marcos 12:23), es decir, no dejando el entendimiento a un lado para abocarnos a la emoción aisladamente. Volverse al Señor de todo corazón implica dejar a un lado los ídolos (una actividad intelectual, un deber que se razona), así lo dijo Josué 24:23. Para invocar al Señor con corazón limpio hay que huir de las malas pasiones de la juventud, y esmerarse en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz. Vemos que existen actividades intelectuales para poder seguir a Jesús (2 Timoteo 2:22). El corazón se limpia con la palabra de Dios, y la palabra de Dios se comprende con el estudio (escudriñándola), con esfuerzo intelectual.
Nuestro corazón se compone de la mente, la emoción y la voluntad, y aún de nuestra conciencia. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? (Mateo 9:4). El propósito del corazón implica tomar una decisión (Hechos 11:23), …y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo (Juan 16:22), lo que también toca una parte emotiva. Si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios (1 Juan 3:20); …purificados los corazones de mala conciencia (Hebreos 10:22). En estos dos últimos textos también tenemos el ligamen del corazón con la conciencia, en una actividad de reprensión (examen intelectual).
Por lo tanto, no importa que seamos pocos los escogidos, que seamos llamados la manada pequeña, que a veces tengamos que decir con Elías: Señor, ¿solamente yo he quedado? El error doctrinal de los que enseñan vanidad nos separa, recibimos el odio de los que se llaman hermanos pero transitan en el camino ancho del otro evangelio. Ellos se sienten acompañados domingo a domingo, y dicen paz cuando no la hay; en cambio, cuando denunciamos las herejías o los errores doctrinales, somos señalados como separatistas. Se nos acusa de no amar con el corazón y de estar pendientes solamente de la doctrina.
Pablo le recomendó a Timoteo que se ocupara de la doctrina, alabó a los romanos por haberse entregado y por haber permanecido en esa forma de doctrina una vez recibida. Isaías nos advierte que por el conocimiento del siervo justo seremos justificados, el apóstol para los gentiles criticó duramente a los que teniendo celo religioso por Dios ignoran lo que significa la justicia de Dios. Esa justicia es Jesucristo, nuestra pascua; es nuestra justicia por cuanto nos representó en el madero llevando nuestros pecados. Jesús no rogó por el mundo que no iba a representar en la cruz (Juan 17:9), sino que vino a morir en exclusiva por todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21). Así que conviene escudriñar las Escrituras para saber qué es la justicia de Dios.
César Paredes