Categoría: FALSEDAD

  • EL JUICIO CONTRA DIOS

    A Dios se le juzga de muchas maneras, pero nada peor que señalarlo como culpable por la injusticia humana. Dios que hizo todo cuanto ha querido, pero el ser humano ha pasado a señalarlo como injusto por endurecer al Faraón, por odiar a Esaú, por no enviar a Su Hijo a morir por todo el mundo, sin excepción. Judas iba conforme había sido ordenado, pero Jesucristo dio un ay por ese individuo a quien había escogido como diablo. Lo que has de hacer hazlo pronto, decía el Señor. Los teólogos que enjuician a Dios tratan de salvarlo del padecimiento que proviene de la acusación de los seres humanos.

    Hay quienes aseguran que la Omnisciencia de Dios le permitió ver que Judas calificaba desde siempre como un traidor. Pero el pensamiento que rige esa teología sigue audaz la imaginación descontrolada. En síntesis, pareciera que el Dios Omnisciente supo todas las cosas porque vio el futuro en el túnel del tiempo o en una gigantesca bola de cristal. Así, y solo así, diera la impresión de que puede librarse de culpa. Sin embargo, surge otro problema de inmediato: si Dios vio lo que Judas iba a hacer, ¿no lo pudo evitar o no lo quiso evitar?

    Si no pudo evitar que Judas hiciera tan grave mal, entonces pareciera que Dios no es Omnipotente, lo cual sería gravísimo porque carecería de la cualidad esencial de la Divinidad. Si podía evitarlo y no quiso hacerlo, porque tal vez respeta en demasía el ficticio libre albedrío humano, no sería tan misericordioso como la Biblia lo describe. Lo que sí parece ser cierto es lo que la Escritura anuncia: que Dios tiene misericordia de quien quiere tenerla, pero que endurece a quien quiere endurecer (Romanos 9).

    El Dios Omnisciente que averigua el futuro deja mucho que desear con su omnisciencia. Si averigua algo es porque no lo sabía, por lo tanto no era omnisciente. ¿Cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo? Dios sabe todo porque todo lo ha ordenado de la manera en que acontece. Ese razonamiento lo presenta Pablo en todas sus cartas, en especial en la Epístola a los Romanos. La razón de la aparición del objetor como recurso argumentativo es providencial. Me dirás, escribe el apóstol, ¿por qué, pues, Dios inculpa? En otros términos, el pobre de Esaú no debe ser tenido como culpable ya que parece ser una víctima del Todopoderoso. Esaú está limitado en su condición de humano, y de humano caído, lo que lo hace impotente para resistirse u oponerse a la voluntad de Dios (Romanos 9:19).

    Ese objetor levantado por Pablo asegura que hay injusticia en Dios, pero el escritor bíblico le responde de inmediato: En ninguna manera (Romanos 9:14). La razón explicativa circunda el hecho de la soberanía divina, como bien se lo dijo a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca (Romanos 9:15-16). Dios levantó a Faraón para mostrar en él su poder, para que el nombre del Altísimo sea anunciado por toda la tierra (Romanos 9:17). Así que al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9:18).

    Ahora bien, decir que Dios sabía que el Faraón iba a estar endurecido sin que Él mediara en ello no es bíblico. Decir que odiaba a Esaú sin que Él mediara en ese odio, tampoco es bíblico. Ya Pablo expuso el argumento abiertamente, sin misterio alguno, bajo la lógica de que el lector iba a preguntarse si habría injusticia alguna de parte del Señor por condenar a Judas, al Faraón y a todos los réprobos en cuanto a fe, ordenados para tropezar en la piedra que es Cristo. Lo mejor que podemos hacer es reconocer que Dios es absolutamente soberano y hace como quiere, que no somos nada para poder siquiera pensar en juzgar al Todopoderoso Creador de todo cuanto existe.

    Veamos el entuerto que se desprende del argumento de la omnisciencia divina, en virtud del túnel del tiempo. Si Dios vio lo que iba a suceder, no porque haya ordenado que lo que acontece acontezca sino porque vio en los corazones humanos lo que sucedería inevitablemente, entonces estaríamos hablando de un Dios con demasiada suerte. Pero no solamente hablaríamos del Dios suertudo sino de un Dios plagiario. Sí, Él vio en el futuro (a través de mirar en el corazón humano) el plan de redención. Vio que la gente en un punto de la historia crucificaría a Su Hijo, que Judas sería un discípulo traidor, que el Sanedrín se opondría a Jesús, que los romanos bajo órdenes superiores y militares llevarían a la cruz a ese acusado por los judíos de entonces.

    Muchas cosas vio Dios en ese túnel del tiempo y tuvo mucha suerte de que lo visto se cumpliera, pese al voluble corazón humano que cambia a cada rato de parecer. Además, como ya señalamos, se copió esas ideas y las dictó a sus profetas como si fueran originadas en Él mismo. De esa manera presentamos al Dios plagiario, que sin saber lo que ocurriría tuvo que averiguarlo, o que sabiendo que ocurriría -por cuenta autónoma de los humanos- copió como suyo aquello que le dictaría a sus profetas. Disparates como estos son producidos por la teología que intenta disculpar a Dios de los actos de Judas, del endurecimiento de Faraón, del odio a Esaú, de no haber escrito el nombre de toda la humanidad en el libro de la vida del Cordero, desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8).

    Dios resulta culpable desde cualquier punto de vista, pues viendo a Judas que iba a cometer el gran crimen de traición no lo evitó, viendo que el Faraón era tan malo con los israelitas no lo evitó, y viendo demasiadas cosas como guerras anunciadas, crímenes pasionales, rencores humanos, con un gran etcétera, no quiso evitarlas. Dios ante el juicio humano siempre será tomado por culpable, pero como dice la Escritura: ¡Ay de los que pleitean con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! (Isaías 45:9-11).

    En lugar de juzgar a Dios lo que debemos hacer es preguntarle acerca de sus hijos y de las cosas por venir. Aceptemos la Escritura tal como nos ha sido dada, sabiendo que Él es soberano absoluto y hace como quiere. Dios ha hecho todas las cosas para Sí mismo, aún al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Dios hizo el caballo, pero Él no es un caballo; asimismo Dios ha creado (o dado origen) al mal, pero Él no es malo sino bueno, como lo dijo Jesucristo. Yo soy el que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo el mal. Yo Jehová que hago todo esto (Isaias 45:7 RVA).

    La Biblia nos dice que Dios es luz, pero creó las tinieblas; el hecho de haberlas creado no lo hace a Él obscuro o tenebroso. Dios nos da su paz, pero creó el mal; el hecho de crear el mal no lo hace a él malo, como tampoco lo convierte en gallina por haberla creado. Y aunque Él haga todo cuanto existe, ha hecho al ser humano con una carga de responsabilidad ante su Presencia. El ser humano le debe a Dios un juicio de rendición de cuentas. De nuevo la Escritura dice: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción…? (Romanos 9: 22). Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no inculpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmos 32:1-29).

    César Paredes

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  • LA ANOMIA GENERAL

    La Biblia predice que los tiempos previos a la manifestación del gran inicuo, cuyo advenimiento es por obra de Satanás, estarán señalados como época de anomia. La falta de sindéresis en cuanto a la ley, no solamente a la divina sino también a la humana, será el marco general para que se instaure un gobierno mundial que intente ofrecer orden en el caos. Bajo ese cristal, vemos muchas aristas que concuerdan con un mismo objetivo: el desconcierto como un genérico. Ya el foco de la discusión no estaría dado en cuanto a la doctrina bíblica, sino más bien en relación a si se valida o se condena el matrimonio gay, el aborto, así como diversos delitos llamados de género. Gente que se cree gallina, perro o gato, gente que dice ser mujer aunque tenga testículos.

    La guerra ya deja de ser un signo atroz para convertirse en una militancia forzada de los espectadores. Unos apuestan con más o con menos odio hacia el bando contrario. Se aprueban leyes que generan controversia entre los afectados, pero la energía se disipa en los comentarios a través de diversas plataformas digitales. De esta manera emerge un pragmatismo de subsistencia en el que tienen lugar los puntos de contacto que concuerdan, en tanto se olvida lo que en materia doctrinal nos ocupaba y aislaba. Se piensa que mientras la doctrina separa la pragmática nos une.

    Si antes el protestante no se ocupaba de los asuntos de fe de los católicos, ahora se unen unos y otros ante la aplastante noticia de la bendición papal a la unión homosexual. En este momento al protestante le preocupa el papa, al que antes consideraba una imagen del Anticristo. La barrera doctrinal que tenía contra el católico romano se disipa, para dar paso a un dibujo colorido de puntos de convergencia contra el mal general. Si Roma bendice las parejas del mismo sexo, ya Inglaterra había hecho lo suyo cuando permitía que dos lesbianas contrajesen matrimonio eclesiástico en una iglesia anglicana.

    Precisamente, la primera gran ruptura oficial contra Roma se ofició en Inglaterra cuando el rey quiso divorciarse. De esta forma se constituyó en la cabeza de la iglesia, así que eso en sí mismo no puede contarse como parte de la Reforma. Pero el mal se ha generalizado de tal manera que uno llega a ver con agrado cuando alguien lee la Biblia, sin que importe mucho qué es realmente lo que cree. He allí el peligro, el descuidar la doctrina para refugiarse solamente en asuntos de moralidad. Ambas cosas son objetivamente importantes, pero estamos viviendo una época en que la doctrina se ha puesto de lado bajo el pretexto de amar a Dios con el corazón sin que lo comprendamos con la mente.

    Feminismo, liberalismo y progresismo, se suman al humanismo de Arminio. La teología de Arminio pasa como antropocéntrica, ya que cada quien decide su destino eterno en tanto Dios solamente se limitó a hacer posible la vida eterna. Eso se tiene como una contradicción con la base bíblica de la teología de la redención, ya que en las Escrituras se demuestra con creces que Dios reclama todo para Sí mismo. Él es el que hace todas las cosas, el que crea el bien y el mal, el que bendice y maldice, el que ama y odia, aún antes de que las personas hayan sido formadas.

    Pero hay quienes todavía luchan contra esas palabras duras de oír de las Escrituras. Esos son descendientes de aquellos discípulos reseñados en Juan 6, los que no resistieron en sus oídos el sonido de la voz del Señor Soberano que decía: Ninguno puede venir a mí, si el Padre no lo trajere (Juan 6:44). Tampoco toleran las palabras del Espíritu: (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, más a Esaú aborrecí (odié). ¿Hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia…De manera que de quien quiere tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9: 11-18).

    No son pocos los que dan coces contra el aguijón, diciendo: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Es decir, ¿por qué inculpa al pobre de Esaú si lo odiaba aún antes de formarlo? La respuesta de los humanistas arminianos descansa en que suponen que Dios vio el futuro en el corazón de cada persona y por eso actúa de esa manera. Si eso fuera de esa forma, habría que concluir que los que se salvan lo hacen de suyo propio, cosa que Dios vio desde antes y por eso los ayudó. No existe ningún texto bíblico que apoye semejante contradicción con la Escritura, así que ese razonar proviene del deseo de resistir a un Dios que suena excesivamente soberano. Recuero a un pastor que decía: Dios es soberano, pero no tan soberano. Bien, esas palabras son patadas de ahogado, ya que el mismo Jeremías anunció: ¿Quién es el que dice que sucedió algo que el Señor no mandó? De la boca del Altísimo, ¿no sale lo bueno y lo malo? El profeta Amós, por su parte, aseguró en forma de pregunta retórica: ¿Habrá acontecido algún mal en la ciudad, el cual Jehová no yaya hecho? (Amós 3:6).

    Vivimos tiempos difíciles, con gente tramposa que arrebata la alegría de la fe de los santos. El mundo parece tener la actitud de las aves que comen la semilla del camino, el ahogo de los espinos que quitan el aire y el sol de las plantas pequeñas. Muchos que dicen creer en el Evangelio dan muestra de tener raíz de poca profundidad. Solamente la semilla que cayó en tierra abonada dio fruto oportuno, como bien indicó el Señor: Por sus frutos los conoceréis; de la abundancia del corazón habla la boca. En otros términos, el que confiesa el verdadero Evangelio de la soberanía absoluta de Dios, ese que predicó Jesús en Juan 6 y en todo su ministerio, es un verdadero creyente. El que no tolera ese Evangelio no podrá predicarlo, si acaso lo anuncia timoratamente y bajo sus propias contradicciones.

    La anomia parece extenderse con fuerza, como para que no pensemos que algún día se va a retractar. Los espacios conseguidos bajo la agenda del mal no serán devueltos fácilmente. Tal vez eso nos indica que el tiempo final se aproxima, cuando llegue el inicuo o abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel. Ese hombre de pecado que intentará una vez más, como lo hiciera Nimrod, establecerse contra Jehová. Hemos de velar y orar, para que seamos tenidos por dignos de escapar de la espantosa época que viene sobre los que moran en la tierra.

    César Paredes

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  • FALSO MAESTRO

    Un falso maestro entra por la puerta de atrás, no por el portal de las ovejas. Así lo afirmó Jesucristo, por lo que cuando alguien sigue al guía de ciegos caerá junto con él en el mismo hueco. El buen maestro es enviado por el Buen Pastor, con la finalidad de dar buen alimento a sus seguidores (Jeremías 3:15). El falso maestro enseña mentiras, aunque combinadas con verdades que usa para hacer creer que viene de arriba. Estos son asalariados, los que buscan satisfacer el vientre (sea su ego, su dinero, sus aspiraciones de líder, etc.). Los indoctos e inconstantes que los siguen tuercen las Escrituras, las perciben como algo duro de oír, pero lo hacen para su propia perdición.

    Tito 1:9 nos dice que el buen maestro -quien también es un administrador de Dios- ha de retener la palabra como fue enseñada por los apóstoles y por Jesucristo, para poder exhortar con sana enseñanza (doctrina) y convencer a los que contradicen. El verso 10 nos da la razón del deber hacer del buen maestro: Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión (ahora se llaman mesiánicos, o los que mezclan obras con gracia diciendo que Cristo murió por todo el mundo, sin excepción, pero que depende de cada quien hacer eficaz su muerte). Pablo le dice a Tito que a éstos es preciso tapar la boca, porque trastornan casas enteras.

    Los pastores y maestros conformes al corazón de Dios nos apacentarán (enseñarán) con ciencia y con inteligencia (Jeremías 3:15). Dios no está reñido con la inteligencia ni con el conocimiento (ciencia), así que conviene conocer al siervo justo que justifica a muchos (Isaías 53:11). En cambio, los falsos maestros le huyen a la ciencia y se afianzan en el conocimiento subjetivo, místico, de experiencias individuales, para buscar un texto como pretexto. Desarticulan la Escritura para hacerla decir aquello que su ideología predica, de forma que mantienen a su rebaño contento, abismado con promesas y sugestionado para dar ofrendas y diezmos que Jehová no exige.

    El apóstol Pedro también lo dijo, que habría falsos maestros para introducir secretamente herejías destructoras, negando al Señor que los compró o adquirió (como dice en griego). No al Señor que nos compró con su sangre, porque cuando así se dice en el Nuevo Testamento se habla del Señor (Kuríos) y de su compra con precio de sangre; acá se dice que es el Despotes quien adquirió a toda la humanidad. Sabemos que de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan; de manera que en el momento de la creación adquirió por derecho de Hacedor todo cuanto hizo. Despotes se usa en lengua griega para describir al que es dueño absoluto.

    Nos sigue diciendo Pedro (2 Pedro 2:1) que estos maestros falsos traerán destrucción a los que los siguen, mientras el camino de la verdad se blasfema. Lo hacen por avaricia, con palabras fingidas (se colocan al lado del que esté de turno, de acuerdo a la teología que se le exija, pero fingiendo). Pedro dice que éstos hablan mal de cosas que no entienden, por ejemplo, reniegan de la absoluta soberanía de Dios, diciendo que Esaú se condenó a sí mismo, que si Dios lo hubiese condenado antes de hacer bien o mal sería un Dios injusto, un diablo o un tirano. Hay quienes aseguran que sus almas se rebelan contra el que coloca la sangre del alma de Esaú a los pies de Dios, por lo tanto se rebelan contra el Espíritu Santo. Por eso Pedro les dice que hablan de lo que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción (verso 12).

    El falso maestro anuncia mentiras respecto al carácter de Dios, colocándolo como atado de manos en virtud de su amor. El concepto de justicia lo pretenden extender a todo el que quiera, como si Jesucristo, la justicia de Dios, hubiese representado a todo el mundo, sin excepción, en el madero. Olvidan que Jesús dijo la noche antes de morir que no rogaba por el mundo, sino solamente por los que el Padre le había dado y le seguiría dando por medio de la palabra de aquellos discípulos (Juan 17).

    Por la doctrina se conoce al maestro; el buen árbol del buen tesoro de su corazón hablará, pero el falso maestro sacará la doctrina del mal tesoro de su corazón. La falsa doctrina enseñada denuncia al maestro en el acto, a pesar de su disfraz moral y su aparente amor. Es una manera moderna de pedir a sus seguidores que sigan a dioses falsos, a ese Cristo que en realidad es un anticristo, el que ha sido moldeado como lo que debería ser un Dios a imagen humana.

    Cuando el creyente examina con la Escritura lo que dice el supuesto maestro de verdad, puede darse cuenta de la calamidad que está estado oyendo. Siempre encontrará algo en contra de la palabra de Dios, algo que delata el corazón de aquel maestro de mentiras. El falso maestro se agrada en atacar la soberanía absoluta de Dios, diciendo que su cualidad de Todopoderoso hace que la sangre del Hijo sea todopoderosa. En esa nueva relación semántica, el propósito de la muerte del Señor se extiende aún más allá de lo que procuró en la cruz. Hasta Judas hubiese salido favorecido, si no se hubiese suicidado; Esaú habría sido salvo si no hubiese vendido la primogenitura, porque del Calvario corre poder como un río que no se detiene.

    Esa aparente nobleza del trabajo de Jesús está negando la verdadera labor realizada en la crucifixión. Jesús murió por todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21), por el mundo amado por el Padre, pero no murió por los que no rogó (los réprobos en cuanto a fe, los que fueron destinados a tropezar con él, aquellos cuyos nombres no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo). Entonces, vemos que el falso maestro ha hablado en contra de lo que específicamente enseña la palabra de Dios.

    Al falso maestro le agrada hablar palabras suaves, para alcanzar la paz de sus oyentes. Satanás hizo lo mismo con Eva, cuando le dijo que no pasaría nada de lo que Jehová había dicho, que no morirían sino que serían iguales a Dios. Esto anuncia el falso maestro: usted no morirá por decir que Jesús murió por todos, sin excepción; más bien usted será aplaudido y querido por ello, porque llevará esperanza a toda criatura que lo escuche. El falso maestro anuncia que Dios tiene un plan maravilloso para la vida de cada ser humano, si tan solo se aceptaran sus condiciones. La Escritura dice que Dios no tuvo plan maravilloso para Judas Iscariote, ni para Esaú que fue odiado por el Todopoderoso aún antes de hacer bien o mal, antes de ser concebido. La Biblia proclama que Jehová hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4), que el malo no se formó como malo por cuenta propia; que el Cordero sin mancha estuvo ordenado para venir en la era apostólica, desde antes de la fundación del mundo. Es decir, antes de Dios crear a Adán y a Eva ya Cristo estaba preparado como Cordero. Entonces quiere decir que Dios tenía un plan que ahora se desarrolla. En ese plan no todos son salvados, sino solamente su pueblo escogido por gracia, sin mediación de buenas obras.

    Afirmamos que Dios hizo al hombre recto, pero que cada quien ha buscado muchas perversiones (Eclesiastés 7:29); a imagen y semejanza creó Dios al hombre y a la mujer. Por lo tanto, hubo rectitud en ellos, aunque el plan de Dios incluía el proceso de redención por medio de su Hijo, el cual llevaría la gloria exclusiva de Redentor. La Biblia insiste en que nos vistamos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4:24). Adán y Eva, aunque contentos con su felicidad, se aventuraron a conocer el bien y el mal, de manera que nos llegaron muchos males. En esa trampa estuvo Satanás inmiscuido, pero, como nos enseña el libro de Job, nada ocurre sin que Dios lo haya ordenado. Si Adán no hubiese caído en la tentación, el Hijo de Dios no se habría manifestado para salvar a su pueblo, porque su pueblo no habría tampoco habría heredado la caída. Pero como en Adán todos mueren (en el espíritu), en Cristo todo su pueblo es vivificado.

    La Escritura enseña que aunque haya mucho número de personas en la tierra, solo el remanente será salvo. La salvación de Jehová es eficaz, cierta, completa, no potencial, tampoco depende de la aceptación de la gente muerta en delitos y pecados. Dios resucita o hace nacer primero al elegido, para que cada redimido pueda tener vida en abundancia. La lógica resulta simple, pero la mentira siempre se manifiesta más compleja que la verdad. Por el mal fruto se conoce al falso maestro.

    César Paredes

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  • AMASÍAS, REY NECIO

    Volvía Amasías de la matanza de los edomitas, pero trajo consigo los dioses de los hijos de Seir, y los colocó ante sí mismo como dioses, y los adoró, y les quemó incienso. Esa disposición del corazón del rey Amasías se narra en 2 Crónicas 25:14, una historia para meditar. La ira de Jehová se encendió contra ese inicuo rey, por lo que hizo que cayera junto con su pueblo en cautividad ante otro rey, hasta que posteriormente terminó asesinado en Laquis. Sucede que los edomitas adoraban divinidades paganas, dioses que no pueden salvar, como se desprende por la contundente derrota sufrida ante Amasías. Pero el rey insensato pensó que su mano lo había hecho todo, así que honró a las divinidades inútiles de sus enemigos vencidos.

    Semejante idiotez acontece por la soberbia, como le sucedió al rey de Asiria, el báculo del Señor que pensó que su corazón había logrado por su cuenta sus victorias. A veces, los que piensan estar claros en los asuntos de la doctrina de Cristo, no miran su contexto y caen como Amasías. Su simpatía por los enemigos de Dios, por los que profesan un evangelio diferente, borra la enemistad inherente entre el mundo y los que son de Cristo. Pero si eso acontece, se demuestra lo que dijo Juan: que salieron de nosotros pero no eran de nosotros.

    Muchos religiosos no piensan en las consecuencias del ecumenismo, de la mezcla entre el paganismo y el cristianismo. Sostienen que mientras se ame a Cristo la doctrina puede suspenderse en beneficio del momento de compañía y regocijo. Como si amar al Señor pudiese acontecer sin amar sus enseñanzas. Han tomado a Jesús como un nombre vacío, para rellenarlo con sus fantasías tal cual lo hizo el rey Amasías. El Jehová de Amasías era semejante a los dioses de los edomitas, así que el verdadero Jehová de las Escrituras lo castigó hasta la muerte.

    Razón tuvo Isaías para escribir que no tienen conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo, y los que ruegan a un dios que no puede salvar (Isaías 45:20). Gran ignorancia y estupidez existe en aquellos que se montan un ídolo sobre sus hombros, los que le ruegan por salvación, los que le atribuyen sanidad para sus vidas. Detrás del ídolo están los demonios, como lo aseguró Pablo (1 Corintios 10:20). El rey Amasías, a pesar de su conocimiento sobre Jehová, sobre la ley, sobre sus mandatos, se dedicó a contemplar aquellos muñecos que promueven los demonios. Hoy día hay millones de personas que siguen la falsa religión idolátrica de Roma, pero están también aquellos que siguen las tradiciones de esa ciudad a través de sus hijas. Recordemos lo que nos dice el Apocalipsis sobre la gran ramera, que ella es madre de muchas rameras y de las abominaciones de la tierra.

    Una teología tergiversada resulta en una abominación para las Escrituras, el atribuirle al Hijo de Dios una expiación que no hizo, por ejemplo. Decir que Dios amó a Esaú menos de lo que amó a Jacob, también es doctrina demoníaca. Los que dicen paz, cuando no la hay, siguen la doctrina del abismo; los que hoy se llaman apóstoles, reclamando un sitial reservado para los doce, los que dicen hablar en lenguas, cuando ya el don cesó, los que interpretan aquellas lenguas sin saberlas, los que se llaman profetas y declaran de parte de Dios cosas que Dios no habló, todos ellos son una abominación a Jehová. Esta gente prevarica y se ha apartado por completo de la doctrina de Cristo, por lo que no tienen a Dios (2 Juan 9-11).

    Todas las personas somos responsables ante el Dios Creador de las Escrituras, le debemos un juicio de rendición de cuentas. Poco importa si sus mandatos sean imposibles de obedecer en forma total, ya que Dios se muestra soberano mientras la criatura es apenas barro en manos del alfarero. Somos responsables de obedecer todos los mandatos de Dios, en tanto Él es el rey de toda la creación, por lo que como criaturas le debemos obediencia. Dentro de su plan eterno e inmutable están también los vasos de ira preparados para la gloria de su ira contra el pecado y en pro de su justicia, así que contemplemos con humildad su severidad. Para los llamados y escogidos de Él, somos vasos de misericordia, preparados para dar el buen fruto de los buenos árboles. En especial, nuestro fruto característico viene del corazón y sale por la boca: porque de la abundancia del corazón habla la boca (Lucas 6:45). El evangelio que confesamos testifica lo que somos.

    Dios se manifiesta como el Jehová que sacó a Israel de la tierra de Egipto (Éxodo 20:2), el inmutable Dios que congrega a su pueblo con pleno derecho, pero que le pone de manifiesto la gran necesidad que tiene de Él cada ser humano. Los sacó de la esclavitud de un pueblo opresor, maligno, a través de eventos de milagros. Su poder quedó plasmado y no presenta duda alguna, por lo tanto se muestra como el Rey para establecer su Teocracia. Egipto representa la tierra de la aflicción, el extraño mundo ajeno al Señor, el lugar de la esclavitud y sufrimiento. Representa por igual el sitio donde se realizó aquella pascua emblemática, anunciadora de la que vendría a través de la persona de Jesucristo.

    El primer mandamiento que Jehová dictó a su pueblo fue que no debía servir a otros dioses delante de Él. Que no debía hacerse ninguna imagen que lo representara a Él, y que no debía adorarla bajo ningún respecto (Éxodo 20:5). No conviene darle reverencia a los dioses paganos, ni hacerles gestos de honor con nuestros cuerpos. Los dioses no son nada en sí mismos, pero detrás de ellos están los demonios (1 Corintios 10:20; Apocalipsis 9:20). La gente no se arrepiente de adorar a los demonios, por medio de las imágenes que no ven, ni andan, ni oyen.

    El ser humano es responsable de no hacer lo que desagrada al Señor, pero no en virtud de su mítico libre albedrío sino por causa de la soberanía de Dios. Nuestra responsabilidad no presupone una habilidad para cumplir con el deber, como Lázaro tampoco tuvo habilidad para escuchar la voz del Señor. Se supone que la voz de Dios dio vida de inmediato a Lázaro para cumplir su objetivo de salir de la tumba. Existe un espíritu nuevo que nos es dado junto con el corazón de carne, el mismo corazón que se les da a los huesos secos (Ezequiel 38). Los que todavía continúan muertos en sus delitos y pecados, no han escuchado la voz del Señor con su llamamiento eficaz. Pero eso no quiere decir que no puedan escuchar el evangelio que les advierte contra la necedad de no creer.

    Predicamos a todos por igual, cada cual escuchará lo que Dios le ha propuesto, pero todos tenemos el deber de la obediencia; sin embargo, aunque no haya habilidad para obedecer (como se demostró bajo el imperio de la ley de Moisés, ya que la ley no salvó a nadie) seguimos siendo responsables por nuestras ofensas ante el Dios soberano. Los que no son ovejas de Cristo no pueden ir a él, pero la cualidad de oveja no depende de nosotros sino que Dios la da a quien ha querido darla (Juan 10:26). El buen pastor vino a morir por las ovejas, no por los cabritos, Jesús rogó por los que el Padre le dio, no por el mundo (Juan 17:9), pero todo el mundo debe responder por sus actos. La decisión de Dios respecto a Jacob y Esaú, aún antes de ser concebidos o antes de que hicieran bien o mal, ilustra con creces el sentido de la responsabilidad humana ante el Creador.

    Aunque muchos tildan a Dios de injusto, mientras no pocos teólogos inventan argumentos para universalizar la redención de Jesús, la Biblia sigue siendo categórica al exhibir al Dios soberano que hace como quiere y no tiene quien le aconseje. ¿Hay injusticia en Dios? En ninguna manera, sino que nosotros no podemos altercar con el Creador, si bien nos acordamos de que somos barro formado por sus manos. A unos hizo Dios para honra y misericordia, pero a otros los fabricó como vasos de injusticia y deshonra, para la descarga de su ira por el pecado. Lo que el hombre se invente no podrá disminuir la cualidad de la soberanía de Dios, como si con esa invención se pudriera abaratar el costo de la responsabilidad humana. El que está firme, mire que no caiga (1 Corintios 10:12), no le vaya a acontecer como al rey Amasías.

    César Paredes

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  • CULTO A LOS ÁNGELES

    Pablo condena el culto a los ángeles, como si los que eso hacen mostrasen mayor humildad. Muchos van a Cristo por María, ya que consideran humilde acudir a Dios a través de otra persona antes que ir directamente a Él. Eso pretendían muchos judíos antiguamente, acudir al Dios de Abraham por medio de los seres angelicales. Sin embargo, al hacer tal cosa se demuestra estar hinchado por la mente carnal, no asiéndose a la Cabeza (que es Cristo: Colosenses 2:18). La iglesia de Corinto debía estar al tanto de semejante herejía.

    Odioso ante Dios resulta cualquier forma de idolatría, mientras la obediencia a su palabra se prefiere a cualquier sacrificio que el hombre haga (Isaías 1:19.20). Tampoco conviene obedecer a Dios de mala gana, como lo hizo Caín al llevar su sacrificio de ofrenda. Nuestro querer debe ser real para que agrade al Señor, el cual conoce lo profundo de nuestro corazón. Hemos de dar de la abundancia voluntaria de nuestras manos, de acuerdo a la bendición que Jehová nos haya dado (Deuteronomio 16:10).

    La falsa humildad engaña a muchos que desean la piedad como apariencia, por medio de la cual se declaran pobres cada vez que pueden, o se dicen depravados pecadores, con un corazón altamente malévolo. Aseguran que su carne está en rebelión contra Dios, porque ignoran las palabras del profeta respecto al cambio de corazón. Confunden los contextos bíblicos, se aferran a la declaratoria de Jeremías respecto al corazón perverso, más que todas las cosas, olvidándose de Ezequiel que vino de parte de Jehová para anunciar que Él cambiaría el corazón de piedra por uno de carne.

    De seguro que, los que se dedican al ejercicio de la aparente piedad, no han sufrido todavía ninguna cirugía en el órgano central, por lo cual hablan verdad en sus lamentos. Pero al mismo tiempo deberían darse cuenta de que no han nacido de nuevo, pues si sus corazones continúan siendo perversos, más que todas las cosas, quiere decir que no han recibido el corazón de carne en sustitución del de piedra. Por supuesto que tampoco han recibido un espíritu nuevo que ame el andar en los estatutos del Señor.

    A esa gente del falso evangelio le gusta andar en las congregaciones que profetizan cosas nuevas, con apóstoles, en medio de los que hablan falsas lenguas con gemidos extraños. Ellos decretan, prometen, brincan y cantan a toda voz, a la espera de que su dios les responda. Hacen como los israelitas que seguían a Baal, frente al profeta Elías. Están contemplando su propia maldad, sumergidos en una supuesta humildad que les dice que ellos todavía están sucios. El sentirse atrapados en el dolor del pecado les da un aire de santidad, como si con ello demostrasen que batallan contra el mal.

    Pero, ¿qué puede el hombre natural frente a la maldad del corazón? Le es necesario nacer de nuevo, no por medio de Babilonia, ni por escuchar el falso evangelio, sino por el Espíritu y la palabra viva e incorruptible, la que no ha sido torcida por aquellos que buscan su propia perdición. Por semanas y años continúan con su viejas creencias, todos dando fe de una fecha en que comenzaron a creer; ellos le pidieron a Dios que los anotara en el libro de la vida, ellos dieron un paso al frente siendo más valerosos que los otros timoratos que se fueron del templo.

    Aman la mística, las experiencias emocionales, procuran aprender a pedir para conseguir milagros especiales. Incluso los hay de los que se entregan de nuevo a Jesús, como si quisieran confirmarse para execrar sus dudas. Siguen sintiendo su depravación y esa sensación la confunden con humildad de espíritu, como si vivieran un proceso en el que Dios los va convenciendo poco a poco. Ante los espíritus de oídos sordos suena bien darse al misticismo, como si con el pensamiento recurrente de su suciedad pudieran limpiarse más. Ellos se alejan de la doctrina de Cristo porque prefieren amarlo con el corazón (oponiéndolo a la mente), antes que entregarse a lo que separa. Dame la mano, y mi hermano serás, cantan al unísono; no importa qué doctrina tengas, siempre y cuando pronuncies el nombre de Jesús. Además, esos cánticos tan melodiosos solo pueden entonarlos los de puro corazón.

    El verdadero creyente no puede andar creyendo que tiene un corazón perverso, más que todas las cosas; más bien recuerda las palabras de Pablo: Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). ¿Y qué de este otro texto? El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). Pero muchos que dicen creer han confundido al Espíritu con actitudes emocionales, como si la racionalidad del Logos no fuere la misma en el Dios Trino.

    Los que confunden las Escrituras sostienen que los pensamientos de Dios no son los pensamientos de los verdaderos cristianos, ni los caminos del Señor tampoco son sus caminos. Se afianzan en el hecho de que Isaías haya escrito un texto con palabras similares, pero dejan de lado el contexto, como indebidamente acostumbran: el verso que precede dice así: Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar (Isaías 55:7). Vemos que Jehová habla del impío que por supuesto tiene su camino y sus pensamientos contrarios a los suyos. Por lo tanto, el verso 8 asegura que los pensamientos de Dios no son los pensamientos del impío, ni sus caminos los caminos del inicuo.

    Pablo nos resalta que el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, quien intercede conforme a la voluntad de Dios por los santos. Por lo tanto, sí conocemos los caminos y los pensamientos de Dios, porque Dios nos los reveló por el Espíritu, porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios (2 Corintios 2:10). Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios…y nosotros hemos recibido el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido (1 Corintios 2:11-12).

    No necesitamos rendirle culto a los ángeles, ni a santos, ni a fuerzas extrañas; solo Dios es digno de honra y gloria, a Él debemos esta salvación tan grande. La lectura de su palabra, el escrutinio de sus juicios, hace sabio al sencillo; pero los que tienen apariencia de piedad siempre andan confundiendo los textos dando fe de que no tienen al Espíritu de Dios.

    César Paredes

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  • TOLERAR PARA SER TOLERADO

    Suena bien el título, como si fuese una premisa trascendente para la vida. Tolerar para ser tolerado, como si uno tuviese que aceptar la maldad doctrinal de otros para ser aceptado con la maldad doctrinal que tengamos. Así razonan los que aún conociendo la Escritura en relación a la gracia y soberanía absoluta de Dios, se apasionan por sus hermanos de fe espuria. No juzgan con justo juicio, no prueban los espíritus para ver si son de Dios, no se separan de aquellos que no viven en la doctrina de Cristo.

    En Jeremías 6:14 leemos: Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz, y no hay paz. Entonces, aceptando la herejía de otros suponen que ellos también serán aceptados al extenderles las manos a los que profesan otro evangelio. Son más las similitudes que lo que nos diferencia de ellos, afirman con denuedo. De esa manera desobedecen explícitamente el exhorto de Juan a la iglesia: el que recibe al que no trae la doctrina de Cristo, participa de sus malas obras (2 Juan 1:9-11).

    Abundan los que creen en el falso evangelio considerado anatema por las Escrituras, pero suponen que ellos son salvos a pesar de su errónea doctrina. Otros que son más avezados sostienen la buena doctrina de la gracia pero tropiezan en la solidaridad afectiva. De esa manera afirman que aunque alguien no haya creído el verdadero evangelio de Jesucristo lo creerá en el reino de los cielos si fuere un predestinado. Con ese razonamiento se están quitando el velo que los escondía, para mostrarse públicamente como lobos rapaces.

    Para ese tipo de creyentes de la mentira basta con que se pronuncie el nombre de Jesús, que se crea en el Cristo de la Biblia pero al cual se le ha maquillado en cuanto a lo que vino a hacer. De una expiación particular en pro de sus escogidos se pasa a una expiación universal o general, para beneficio de toda la comunidad religiosa. Con ello pretenden salir del escollo en que se encuentran algunos textos de la Escritura, según su propia opinión. Piensan que de esa manera reconciliarán su mítico libre albedrío o capacidad para resistir a Dios con la soberanía divina.

    Para ese tipo de religioso le resulta antipático el Dios de las Escrituras, porque lo consideran demasiado soberano. Deben bajarle un poco al grado de soberanía para hacerlo más humanizado y de esa manera puedan meterle mano para moldearlo a imagen y semejanza del hombre caído. Dios no odió a Esaú antes de que hiciese bien o mal, sino que Esaú se perdió porque vendió su primogenitura. Ese es el razonar equívoco que hacen para su propia perdición y para extravío de todos los que reciben el eco de sus pensamientos.

    La gente que ignora el Evangelio de Cristo posee mucha influencia en el mundo, dentro del principado de Satanás. La estrategia infernal gana adeptos, ya que ahora se confunde más por haber plagiado el nombre de Jesús. Es decir, en época de Elías frente al rey Acab, Israel merodeaba entre los Baales y Jehová. Había al menos una distinción del nombre de la divinidad, pero hoy día aún los herejes dicen adorar a Jesucristo. Eso confunde a la gente, pero no al que tiene el Espíritu Santo como guía y como arras de la salvación final.

    Pablo reconoció que cuando perseguía a la iglesia él fue un blasfemo, un hombre injurioso que aprobó el asesinato de Esteban. Pero eso lo hizo por la ignorancia propia que le acompañaba como incrédulo. Hoy día hay quienes ignoran menos de lo que Saulo ignoraba, pero por igual siguen injuriando a los redimidos de Dios. Los acusan de promover en exceso el evangelio de la gracia, de persistir en la doctrina que causa separación. Esa doctrina separó por igual a Jesús de aquellos discípulos a quienes les enseñaba diciéndoles que ninguno podía venir a él si no le fuere dado del Padre. En Juan 6 leemos sobre la doctrina de Cristo, acerca de la reacción de esa multitud que lo seguía admirada por el milagro de los panes y los peces.

    El Señor no sacrificó la doctrina del Padre en beneficio de su popularidad y aceptación. Al contrario, siguió hablando enérgicamente, con reiteración de todo aquello que ofendía a las masas. La murmuración no se hizo esperar y aquella gente se retiró para siempre. En la medida en que seamos contundentes con la exposición del Evangelio de Cristo, empezaremos a ver gente que se retira de las asambleas, otros que murmuran contra nosotros, aún aquellos que habían gustado de ciertos sabores de la gracia. El corazón no redimido, aunque sea religioso, siempre buscará el eclecticismo como vía de encuentro.

    Elías se sintió solo al ver que su gente seguía a los Baales, por lo que le preguntó al Señor si solamente él había quedado en el bando del Señor. La divina respuesta nos señala que Dios se había reservado para Sí mismo a 7.000 personas que no doblaron sus rodillas delante de Baal. Si uno compara con el censo hecho anteriormente por David, puede cotejar el ínfimo número reservado por el Señor, en relación a la abrumadora cantidad de personas perdidas en Israel. Al respecto, Pablo nos resalta que todavía queda un remanente de acuerdo a la elección por gracia; al mismo tiempo nos subraya que si por gracia ya no es por obras. Nos dice que son excluyentes las obras y la gracia, o es por obras o es por gracia, pero no por ambas (Romanos 11:1-6).

    El viejo pueblo de Israel andaba en dos predicamentos, por lo que Elías el profeta los exhortó a dejar la cavilación. Ellos debían tomar una posición acerca de quién era Dios. Elías pensó que nadie más estaba con él, pero el Señor tenía su remanente que el profeta no veía en ese momento. Nos sucede a menudo, predicamos esta doctrina de la gracia y no vemos respuesta. Al contrario, vemos la multitud enardecida diciéndonos que somos rompedores de la paz de la asamblea, que nos presentamos como separatistas.

    Reconocemos con las Escrituras que Dios tiene un remanente (y nosotros formamos parte de ese remanente). Sabemos que el hombre natural tiene preferencia por cualquier tipo de redención basado en las obras; el individuo necesita hacer algo para ver expiados sus pecados. En cambio, la Escritura nos anuncia que no puede la humanidad caída hacer nada porque anda muerta en sus delitos y pecados. Dios hace la obra que nosotros anunciamos, pero cuando redime a alguien lo cambia como hizo con Saulo de Tarso. En un instante cayó del caballo, en un instante fue su conversión; Pablo tuvo como pérdida todo ese tiempo de fariseo cuando militaba en una doctrina errónea, con mucho celo de Dios pero no conforme a ciencia.

    La anti doctrina de Cristo no se tolera, aunque se respeta cualquier disensión sin persecución. Sin embargo, justo es aclarar que no podemos contar como hermanos a aquellos que no viven en la doctrina del Señor. No hemos de reunirnos como si fuésemos un mismo cuerpo espiritual, de acuerdo al consejo de Juan. Acoto lo siguiente: Aquellos que claman que fueron salvados o regenerados a pesar de creer en un falso evangelio de salvación condicionado en el pecador (Gálatas 1:8-9) no juzgarán como que están perdidos a aquellos que creen en un similar falso evangelio. Más bien, ellos los juzgarán como personas salvadas y alegarán como razón la humildad y la caridad; exhibirán un espíritu sin censura y muy generoso como si eso también equivaliera a la razón. Esto, en realidad, es tan solo un artificio de autodefensa, una defensa de la MENTIRA (https://agrammatos.org/2019/08/27/an-artifice-for-self-defense/)…Cita de Chris Duncan.

    César Paredes

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