Categoría: LEY

  • LA LEY DEL TALIÓN

    Hammurabi fue un rey babilónico que reinó desde 1795 hasta 1750 a. C. Se le recuerda por promover y hacer cumplir un código organizado de leyes en la mayor parte de Mesopotamia. La referencia cobra importancia por considerarse el primer código legal escrito completo de la historia, si bien no fue el primero porque han aparecido fragmentos de otros anteriores. El Código se divide en 12 secciones y consta de 282 leyes, unas pocas de ellas son ilegibles. Desde el punto de vista técnico, se considera un derecho consuetudinario para asuntos administrativos, civiles y criminales.

    En la Biblia tenemos el Decálogo junto con otras normas enunciadas por Moisés, 300 años después de Hammurabí. Esta es una ley para el Israel de entonces, pero algunos de esos mandatos se han hecho vigentes para el mundo cristiano. Hay quienes piensan que posiblemente hubo una copia, ya que Moisés fue posterior a Hammurabí. Si eso fuere cierto pondría en jaque el acto inspirativo de las Escrituras.

    Algunas similitudes se dan en relación a algunos tópicos: la pena de muerte en casos de adulterio y secuestro (Levítico 20:10; Éxodo 21:16, que pueden ser comparados con los estatutos 129 y 14 del Código). El hecho de la retaliación llama poderosamente la atención, ya que en la Biblia encontramos la referencia al ojo por ojo (Levítico 24:19-20, lo que se compara con el estatuto 196). Tanto en el Código como en la Biblia aparecen normas relacionadas con la retribución pecuniaria (pagar los gastos) cuando en una riña surgen heridos.

    La respuesta que se ha dado a la crítica por la similitud se basa en el hecho de que existen situaciones comunes a todas las culturas, lo que sugiere consecuencias lógicas del derecho para muchas de ellas. Por ejemplo: en toda sociedad aparece el robo, el asesinato, el adulterio y el secuestro, por lo cual resulta lógico que la sociedad estipule castigos fuertes para esos crímenes. Ese paralelismo cultural mostrado en la pena por los crímenes no prueba per se el plagio.

    No podríamos suponer que un país no debe procesar un delito porque sus vecinos tienen normas para tales crímenes, como si se considerase el derecho propiedad exclusiva del primero que construyó la norma jurídica. También podríamos enfatizar en las diferencias del Código respecto a la Ley Mosaica. Bajo la ley de Moisés se pretendía adorar a un solo Dios (Deuteronomio 6:4-5), cuyos principios morales implicaban que se trataba de un Dios justo. Esa Divinidad exigía que sus criaturas (los seres a quienes les había dado vida) vivieran de una manera justa, dado que el ser humano fue creado a la imagen y semejanza divina. Podemos considerar que la ley de Moisés es mucho más que un código de normas, ya que instituye la concepción del pecado y de la responsabilidad ante Dios (no solo ante la norma escrita). En cambio, en muchas legislaciones antiguas -incluida la de Babilonia- no se trata ni del pecado ni de la responsabilidad ante la divinidad.

    Existen críticos serios que señalan la crueldad de la ley del Talión (el Código de Hammurabí) al proponer castigos severos para los infractores, lo cual establece la relación entre Hammurabí y su cruel dios Draco. El concepto de la ley del Talión se ejemplifica en este posterior aforismo latino: Quale scelus, talis poena (De tal villanía tal pena). Asimismo, se apunta el hecho de que en la ley de Moisés se buscaba no solamente subsanar el problema delictivo sino también incluir normas para el mejoramiento espiritual, que apuntaran a la santidad del individuo y de la nación. En la ley de Moisés se puede observar un tono compasivo junto a la severidad de la norma, lo cual le daba una colorativa más espiritual.

    En la ley de Moisés se muestra el pecado como la causa de que una nación caiga. Este concepto está ausente por completo en el Código de Hammurabí. Si quisiéramos subsumir en un texto la esencia de la ley de Moisés, podríamos citar al Levítico 11:45: Seréis santos, porque Yo soy santo. Las coordenadas son distintas, mientras en Babilonia se buscaba solucionar el problema horizontal -hombre frente al hombre-, en la ley de Moisés el eje se muestra vertical: lo más importante sería nuestra relación con Dios; y este punto de partida garantizará la relación horizontal. Quizás sea un enfoque único en el mundo de entonces (como lo es hoy en día), el fenómeno de que las leyes dadas por Moisés no busquen solamente sancionar el hecho jurídico, sino que esas normas se dan para que el ser humano aprenda a llevarse mejor con el Creador.

    Suponemos que las leyes babilónicas probablemente eran bien conocidas por los hebreos en la época de Moisés, además de que sabemos que Moisés vivió junto al Faraón de Egipto. Dios se comunica con el hombre utilizando un lenguaje familiar, de manera que la ley divina vino envuelta con un léxico jurídico conocido de la época. A esto se le ha llamado en teología el antropomorfismo divino, el Dios que usa asuntos humanos para comunicarse con el hombre.

    Por ello podemos encontrar expresiones como Dios se arrepintió; aún más, existen metáforas de animales que se emplean de parte de ese Dios revelado: Como la gallina junta a sus polluelos, así quise juntar a tus hijos (Mateo 23:37). Podemos traer a colación el relato del diluvio universal, por igual descrito en muchas culturas antiguas. El hecho de que alguien haya hecho un relato sobre el asunto no implica que lo haya copiado de otros escritos. Asimismo, Moisés lo introduce como un evento trascendente para la humanidad, dictaminado por el Dios que lo llamó para formar parte de una nación santa.

    Recordemos que la formación de la Biblia es posterior a muchas leyendas y mitos que existían en la tierra. Los creyentes debemos recordar que Satanás se esfuerza en ser “como el Altísimo” (Isaías 14:14), por lo que inspira la introducción de distorsiones en la historia. Esto está claramente señalado en el Génesis 3:1: ¿Conque Dios os ha dicho? De esta forma la humanidad caída en pecado se da a granel hacia la idolatría, en una clara violación de uno de los Diez Mandamientos: No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos… (Éxodo 20:4-5).

    Ese texto fue arrancado por la Iglesia Católica en sus nuevas versiones de la Biblia, después de la Reforma Protestante. Pero no pudieron obviar el hecho de que la Biblia que ellos tuvieron durante siglos es la Vulgata de Jerónimo, la cual contenía dicho verso. Como en la Reforma se acusó de la violación de ese mandamiento por parte de la Iglesia Católica, la Iglesia de Roma prefirió editar el texto excluyendo este versículo, para que la gran masa de seguidores del magisterio continuaran engañadas en la adoración a los ídolos. Así que el dios de este siglo persiste en cegar el entendimiento de los que no tienen amor por la verdad, para perdición.

    En resumen, en la ley de Moisés el castigo por la transgresión se da en forma uniforme, sin miramientos a clases sociales. Este hecho no aparece en el Código de Hammurabí, que sí disponía de mayor consideración para los hechos punibles cometidos por los de una clase social superior. Hoy día hay muchos escépticos que intentan cuestionar la inspiración divina de las Escrituras, con el argumento de que las leyes del Antiguo Testamento se escribieron de acuerdo a los códigos sumerios y babilónicos ya existentes.

    Cuidémonos de nuestra concupiscencia, para que no seamos seducidos y atraídos por ella (Santiago 1:14). No debemos dar la misma autoridad a otras fuentes extrañas, ya que consideramos como asunto de fe que la Biblia es la Palabra de Dios. Isaías nos anima al respecto: Lo que pasó, ya antes lo dije, y de mi boca salió; lo publiqué, lo hice pronto, y fue realidad. Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce, te lo dije ya hace tiempo; antes que sucediera te lo advertí, para que no dijeras: Mi ídolo lo hizo, mis imágenes de escultura y de fundición mandaron estas cosas. Lo oíste, y lo viste todo; ¿y no lo anunciaréis vosotros? Ahora, pues, te he hecho oír cosas nuevas y ocultas que tú no sabías. Ahora han sido creadas, no en días pasados, ni antes de este día las habías oído, para que no digas: He aquí que yo lo sabía. Sí, nunca lo habías oído, ni nunca lo habías conocido; ciertamente no se abrió antes tu oído; porque sabía que siendo desleal habías de desobedecer, por tanto te llamé rebelde desde el vientre. Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte. He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro (Isaías 48:3-11).

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

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