El que sigue a Jesús no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12). Ese postulado de Jesucristo nos indica que no puede haber un solo seguidor suyo que camine a tientas, que trastabille en cuanto a los postulados doctrinales del Señor. Esto guarda relación con otro planteamiento de Jesús, cuando aseguró que de acuerdo a los profetas nosotros seríamos enseñados por Dios, y habiendo aprendido del Padre iríamos al Hijo (Juan 6:45). Por otro lado, también dijo Jesús que sus ovejas lo seguirían y que ya no seguirían más al extraño, porque desconocen la voz de los extraños (Juan 10:1-5). Un entramado de textos bíblicos pone de manifiesto la doctrina del Cristo, para que vivamos quieta y apaciblemente y podamos probar a los espíritus (a las personas) para saber si son de Dios.
Muchos engañadores han salido por el mundo, por lo cual se nos impele a exponer los argumentos sólidos de la doctrina del Señor, como hicieron aquellos hermanos de la iglesia de Roma (Romanos 6:17-22). Pablo le dice por igual a Timoteo que se ocupe de la doctrina con la cual se podrá salvar a sí mismo y ayudar a salvar a otros. Jesús aseveró que enseñaba la doctrina de su Padre, de manera que se hace mucho mal si se afirma amar a Jesús con el corazón pero se ignora con el entendimiento. El conocimiento sobre el siervo justo resulta en un
presupuesto necesario para que él justifique a muchos (Isaías 53:11). El creyente sigue a Jesucristo como una inequívoca consecuencia de su regeneración por el Espíritu Santo; sabemos que Dios mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, así como él resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Corintios 4:6).
Resulta imposible que el creyente viva en tinieblas, ya que con estos postulados enunciados quien alegue ignorancia en cuanto a la doctrina de Cristo parece no haberle amanecido. En ocasiones, el Jesús de las Escrituras es totalmente diferente del Jesús de muchas religiones y de muchos predicadores. Tolerar otro evangelio presupone caminar en el anatema que se ha enunciado contra los que así hacen, por lo cual conviene examinarse a sí mismo para ver dónde se está. Hay dos semillas, la de la serpiente y la de la mujer (Génesis 3:15); esa de la mujer es Cristo, como bien lo confirma Pablo en su Carta a los Gálatas. Existen muchas formas de que triunfe la semilla de la serpiente, una de ellas consiste en la expansión de la perniciosa doctrina de Satanás en el mundo religioso llamado cristiano. Desde esa esfera se muestra mucha confusión, por el solo hecho de entretenerse con puntos de vista doctrinales totalmente contrarios a las enseñanzas de Jesús.
Hablar de expiación universal parece ser el tema preferido de los evangelistas, desde los templos de los días domingos hasta en los sermones de internet. Esa universalidad de la expiación hace una dupla perfecta con el mitológico libre albedrío, de manera que la criatura queda exaltada frente a su Creador. Pareciera que la promesa de la serpiente se cumpliera en apariencia, ya que la criatura llegó a ser como dios conociendo el bien y el mal. Por supuesto, el hombre caído ha preferido siempre el mal como una señal de la aparente independencia frente al Creador. Solamente al presuponer que Jesús expió a toda la raza humana, se niega el alcance de la justicia perpetua alcanzada con su trabajo en la cruz. Se niega por cuanto muchos son los que se condenan, de manera que esa expiación no fue suficiente; tal vez, dirán los defensores de la expiación universal, Dios da libertad de elección a la criatura y por eso muchos se pierden. Quiere decir que los que se salvan lo logran porque agregaron algo más a la justicia exigida por Dios, su propia decisión en su inquebrantable voluntad. Eso no es más que salvación por obras sumada a la gracia.
Los creyentes sabemos que el trabajo de la Simiente de la mujer (Jesucristo) destruyó las obras del diablo, de manera que la esclavitud, tinieblas e ignorancia queda erradicada de todos aquellos que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz. La historia del evangelio ha demostrado que aquella promesa de salvar a su pueblo (al pueblo de la Simiente de la mujer) se está cumpliendo a cabalidad, por lo cual entrará en el redil hasta la última oveja que sea llamada eficazmente por el buen pastor. Dios ha prometido salvar a su pueblo y por esa razón envió a su Hijo para que salvara de todos sus pecados a su pueblo (Mateo 1:21). Solamente los herederos de la simiente de la serpiente se motivan a cambiar el evangelio de Génesis 3:15 hasta convertirlo en una promesa universal, con una expiación universal, llevando al trono la voluntad humana, muy a pesar de que es una voluntad esclava del pecado. Solamente la simiente de la serpiente participa con afán y ahínco del evangelio maldito (anatema).
Predicar que Jesucristo hizo una salvación potencial, que está a la espera de que el hombre muerto en delitos y pecados levante su mano y decida recibirlo, implica que su expiación se hizo por nadie en particular. La actualización de la expiación quedaría en manos del hombre que odia a Dios, que busca siempre el mal, que no distingue la medicina para su alma. Decir que Dios se despoja de su soberanía por un ,bn instante, para dejar libre al ser humano por un momento, de manera que la criatura decida libremente su destino, implica afirmar que la sangre de Cristo fue ineficaz en todos aquellos que se pierden eternamente. Ese evangelio anatema se ha extendido con éxito en las filas de los que se autodenominan cristianos, pero que no lo son. Ellos han salido de nosotros, para que se demostrara que no eran de nosotros. A ellos el Señor les dirá en el día final: apartaos de mí, malditos; nunca os conocí.
César Paredes
retor7@ yahoo.com
absolutasoberaniadedios.org