Categoría: TRONO DE SATANÁS

  • EL TRONO DE SATANÁS (APOCALIPSIS 2:13)

    La iglesia de Pérgamo moraba donde estaba el trono de Satanás, de acuerdo al mensaje que Jesús el Cristo le diera a Juan. Una ciudad dada a la idolatría en forma ejemplar, totalmente pagana, bajo la protección de una divinidad llamada Cabirios, adoptada por los romanos. Allí también había un templo a Esculapio, el dios para las enfermedades y la salud. Tal era la creencia, que tiempo atrás incluso Sócrates, ante su inminente ejecución, pagó para que sacrificaran un gallo a Esculapio. Roma poco a poco se convertiría en el asiento de la iglesia oficial, por lo que ese trono de Satanás seguiría fortalecido con la mezcla entre paganismo y cristianismo.

    Pérgamo se había convertido en la capital helenística por excelencia, ya 30 años antes de Cristo. Había templos con esfigies del emperador romano, de muchos dioses griegos y egipcios, lo que se unía a la fama en ese lugar de la tradición de curación por medio de Aesculapio. Llegó a ser conocido por poseer un enorme altar de Zeus, de manera que ese ambiente hacía de esa región el perfecto lugar del trono de Satanás. Recordemos que el símbolo de la medicina practicada allí en honor a Aesculapio-Esculapio era una serpiente enrollada en una vara, lo cual emparentaba con la serpiente antigua, llamada diablo y Satanás. De manera que una combinación idolátrica muy particular hervía en ese centro de interés mundial: imágenes de Atenea, Dionisio, Deméter, junto a Isis y a Serapis. Las basílicas construidas a estas últimas divinidades pasaron después a formar parte de las iglesias romanizadas, cuando el cristianismo fue convertido por voluntad imperial en la religión oficial de Roma.

    El culto al cuerpo era patrocinado por el Gimnasio, una actividad que se hacía al desnudo total. Esta ciudad, Pérgamo, se ubicaba en lo que hoy se conoce como Turquía. Fue célebre también por su grande biblioteca, superada en grandeza solamente por la de Alejandría. De esa manera tenemos el portento presentado bajo la autoridad intelectual de la herencia griega y egipcia, todo subsumido y patrocinado una vez más por Roma, cuyas costumbres se infiltraron en la cultura del cristianismo oficial.

    Recordemos que la revelación recibida por Juan refiere tanto a lo que había visto, como a lo que era en ese momento y lo que sería después. En el futuro asiento del Anticristo, como lo manifiesta Apocalipsis 13:8, se hará que la bestia sea adorada por todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero, que fue inmolado desde el principio del mundo.

    La Gran Ramera en su frente posee el siguiente escrito: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA (Apocalipsis 17:5). Esa mujer está ebria de la sangre de los mártires de Jesús. Ella estaba vestida de púrpura y escarlata, adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, teniendo en su mano un cáliz de oro lleno de las abominaciones y de la inmundicia de su fornicación (Apocalipsis 17:4). Ella cabalga una bestia, la cual hará asombrar y maravillar a los moradores de la tierra, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo (Apocalipsis 17:8).

    Ese trono de Satanás estuvo situado en Pérgamo, pero no pensemos que se ha quedado allí para siempre. Se muda de acuerdo a lo que el mundo va manifestando en su trajinar hacia su propia destrucción. Hoy día debemos de mirar a todo lo que fortalece el trono de Satanás, en especial a la doctrina torcida que intentan sacar de las Escrituras. Existimos creyentes que no toleramos la cercanía con el trono de Satanás, ni tenemos la doctrina de las cosas profundas de Satanás (Apocalipsis 2:24). Esas profundidades, como se le dijo a la iglesia de Tiatira, son las especulaciones que se dan por la interpretación privada de las Escrituras.

    Existe un fino reborde entre la manera en que el Dios de las Escrituras se ha manifestado y lo que muchos desean que fuese ese Dios. Es allí donde comienza el sendero hacia las profundidades de Satanás, para indagar en los misterios de la denominada religión sagrada. Nos damos cuenta de las doctrinas de demonios en torno a la expiación, haciéndola general cuando es particular; de la idea de la transubstanciación, cuando es un mero símbolo de lo que fue el sufrimiento de Cristo. De igual manera, se delata la conspiración por las apariciones sobrenaturales que se le atribuyen a supuestos santos, como si con ello se trajese nuevas revelaciones; aquellos que se dan a la tarea de ordenar, decretar para que sucedan cosas, merodean en esas profundidades que son variadas y multicolores.

    Al igual que Jezabel y sus seguidores, los que incitaban a comer carne sacrificada a los ídolos, los que suponen poseer gran conocimiento teórico de la Biblia, pero que en realidad colocan tradiciones humanas por mandatos divinos, todos ellos se ahondan en las profundidades que se alcanzan desde el trono de Satanás. Llamar hermanos a los que abandonan la doctrina de Cristo genera muchas plagas (2 Juan 1:9-11); por esa vía se hacen distinciones entre lo que se comprende con la mente y lo que se comprende con el corazón. Hay quienes sostienen que ellos aman a Cristo con el corazón, si bien no disciernen en sus mentes sus doctrinas. Ese disparate argumentan porque no tienen la mente de Cristo, no poseen el Espíritu que jamás estará en contradicción con las enseñanzas de Jesucristo.

    Nosotros tenemos la mente de Cristo (1 Corintios 2:16); renovaos en el espíritu de vuestra mente (Efesios 4:23); haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús (Filipenses 2:1-11). Nuestra instrucción espiritual no proviene de la naturaleza pecaminosa que contenemos, sino de la naturaleza del Señor. Por consiguiente estamos en capacidad de comprender los profundos consejos del corazón de Jesucristo, su esquema de salvación enseñado, lo que es la doctrina del Padre (Juan 6). Las doctrinas de la gracia han sido reveladas en forma especial bajo el Evangelio, por lo cual comprendemos lo dicho por Isaías: ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? (Isaías 40:13). El hombre natural, que desconoce las cosas del Espíritu del Señor, no puede ser instructor de los asuntos de Cristo. Por esta razón resulta un desastre el maestro bíblico que ha sido entrenado en didáctica bíblica, como si esa técnica pudiera sustituir la mente del Señor.

    Un cascarón vacío es el predicador que alumbra con palabras copiosas una tradición humana, tomándola por mandato del Señor. El falso maestro es llamado maestro de mentiras, porque se apropia de conceptos ideológicos, fuera del texto bíblico, para llevarlos a una audiencia que estupefacta se maravilla de las fábulas artificiosas que escucha. Su comezón de oír resulta en ganancia para esos maestros que exponen las profundidades de Satanás, ante aquellos que no poseen la mente del Señor. Siempre andan erráticos, consultando aquí y allá, pero trastabillan cuando le dicen bienvenido al que no milita en la doctrina de Cristo. Es allí donde más claramente se exponen a ellos mismos como ignorantes de la justicia de Cristo (Romanos 10:1-4).

    Si tenemos el Espíritu Santo con nosotros, ese es el espíritu de nuestra mente con el cual podemos ser renovados. Él es el que nos reaviva, el que nos soporta y quien culminará la carrera final hasta la salvación final. Por contrapartida, el espíritu humano siempre resulta con tendencia al mal, dominado por la ley del pecado. Gracias a Dios que fuimos salvados no por obras de justicia que hayamos hecho, sino por su misericordia (la del Señor), por el lavado de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo (Tito 3:5). El bautismo no renueva ni salva a nadie, simplemente es un símbolo de muerte y vida, algo que se hace en honor a la obediencia que le debemos a Cristo. La Escritura abunda en textos que relacionan el lavado del agua con lo que produce la palabra de Dios en nosotros (de manera que la persona tiene primero que ser regenerada para después ser bautizada), pero no hay regeneración por el Espíritu si no existe el Evangelio. Simón el Mago fue bautizado pero no regenerado, como un ejemplo de lo que acá decimos; por igual, el ladrón en la cruz fue regenerado pero no tuvo tiempo de bautizarse. Así que la Biblia habla del lavamiento que es por la palabra de Dios. Cristo amó a la iglesia, entregándose a ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra (Efesios 5:25-26).

    Conviene distanciarnos del trono de Satanás, alejarnos de sus profundidades interpretativas. Aunque estemos en el mundo, su principado, recordemos que no pertenecemos a él, sino que el mundo nos odia porque odia también a Jesús. Ese distintivo portamos todos los que hemos sido llamados de manera eficaz de las tinieblas a la luz. Pérgamo en sus colinas ya quedó arruinada, pero el trono del diablo todavía existe y se muda, dondequiera que encuentre seguidores. Mucha suerte hemos tenido los que fuimos reconciliados con Cristo, predestinados desde antes de la fundación del mundo para ser semejantes a él (Efesios 1:11, versión Reina Valera Antigua).

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

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