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  • ¿EXPIACIÓN LIMITADA?

    Esta interrogante cobra importancia en medio de una religión social y colectiva. El énfasis colocado en las relaciones sociales de igualdad, con oportunidades para todos, ha hecho pensar que Dios debe tener un comportamiento similar al de sus criaturas. La humanidad marcha hacia una sociología igualitaria, en una lucha continua contra los que se oponen a sus sueños y objetivos. Sin embargo, el planteamiento de las Escrituras no cambia, sino que se mantiene como un monumento a la soberanía absoluta del Dios invisible.

    Hay gente que se molesta con la forma y contenido de la Biblia. Estos dicen que si Dios tuviese un jefe de relaciones públicas lo primero que haría sería retirar las Biblias del mercado. Se molestan con algunas expresiones contra la conducta de las mujeres en la iglesia, contra los que están a favor de su sujeción a sus maridos, porque serían un ejemplo de la discriminación social en base al sexo (que ellos llaman género) exhibido en la palabra revelada. Asimismo, alegan que Dios tuvo que pedir conceptos prestados a ciertos pueblos para exponer la visión sobre Sí mismo.

    En materia de predestinación la opinión no es diferente, más bien se acentúa la crítica por declarar que es injusto que la gente nazca con un destino a cuestas, sin oportunidades para cambiar. Da igual que uno argumente que el hombre nunca tuvo potestad para ser otro -en materia de espíritu-, aunque Dios lo hubiese hecho libre. Molesta mucho la existencia del infierno o castigo eterno. Por eso han surgido corrientes teológicas que proponen a un Dios que no castigará eternamente a sus criaturas, ya que eso contradiría la definición de Dios como amor (los adventistas).

    Entre los que sostienen que Dios predestinó a unos para vida eterna y a otros para condenación perpetua, se propone el argumento de la expiación ilimitada de Cristo en la cruz. En otros términos, el Hijo de Dios murió por todos sin excepción, haciendo posible la salvación para cada miembro de la raza humana que desee aceptar esta oportunidad. Una ley de mercado se hace presente con la libre oferta de un producto para todo aquel que quiera demandarlo. Con esta proposición se equilibra la paz social de una sociedad global y colectiva, cada día más dada a la equidad en materia de oportunidades.

    En apoyo a esta tesis sus defensores citan textos que convienen como elementos probatorios. Con ellos pretenden borrar las dudas, aunque se deje una estela de contradicciones con el resto de las Escrituras. Sabemos que la palabra de Dios no puede contradecirse, ni presentar paradojas; lo que es revelado ha dejado de ser un misterio, de manera que las proposiciones bíblicas han de mostrar siempre una transparencia lógica como reflejo de un Dios al que también llaman Logos.  Entonces, ¿es ilimitada la expiación?

    Si la expiación fuese ilimitada caeríamos en la universalidad de la redención. En el entendido de que Cristo expió con su sangre y su muerte la culpa de su pueblo (Mateo 1:21), con la extensión universal expiaría a cada miembro de la raza humana. Uno de los absurdos de esta tesis deja ver a un Dios que perdona a la humanidad pero que después inculpa si la humanidad no acepta el perdón. En cualquier sistema judicial, la libertad otorgada al reo no depende de si éste la acepta, ya que es materia jurídica y procesal del Estado. Le guste o no el reo no puede permanecer más en prisión una vez que se le ha concedido la libertad plena. Es posible que no quiera irse de la cárcel, porque no sabe qué hacer en otro ambiente, pero el Estado no concederá que se quede detrás de las rejas. De la misma forma, si Dios perdonó a la raza humana representada en Su Hijo en la cruz, no hará depender este perdón absoluto de la voluntad del liberado.

    La suposición del libre albedrío humano es de tal envergadura que se permite que prevalezca la opinión y la voluntad del preso liberado por el Estado, no la del Estado que libera. De igual manera, el Dios de la Biblia se ve ridículamente derrotado en sus planes eternos, porque habiendo querido la liberación de su criatura ésta le detiene su mano y le dice: ‘Epa, ¿qué haces?’. Sin el consentimiento del pecador no puede haber remisión de pecados, dice esta teología. Esta tesis no da cuenta de los muchos que han muerto sin siquiera escuchar acerca del perdón universal obtenido por Jesús en la cruz. En algún sentido habrá sido mejor para ellos, ya que se alegaría a su favor el hecho de que nunca rechazaron tal proposición de perdón. Pero de esta manera llegaríamos a otro absurdo: deberíamos dejar de anunciar el evangelio, ya que mientras más ignorancia haya del mismo menos chance habrá de negar el perdón otorgado.

    LO QUE LA BIBLIA ENSEÑA.

    1) El ángel le dijo a José qué nombre habría de ponerle al niño: se le pondría Jesús, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Interesante que no dijo que salvaría a cada miembro de la raza humana, sino a su pueblo. Esto quiere decir que existe otro renglón de gente que no forma parte de su pueblo (Mateo 1:21). De la misma manera, Isaías expuso en su libro que este siervo vería el fruto de la aflicción de su alma, y quedaría satisfecho. Es muy importante esta otra parte: quedaría satisfecho con su fruto. Jesucristo no quiere más, simplemente quiere su fruto. ¿Y cuál es su fruto? Por su conocimiento justificará mi siervo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. De nuevo, en el siguiente verso, se menciona el adjetivo que implica abundancia,  que excede a lo ordinario: habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Isaías 53:11-12).

    2) Jesucristo dijo que había algunos que no creían en él porque no eran de sus ovejas (Juan 10:26). Ser oveja precede al creer, de manera que eso depende de una voluntad anterior a la oveja misma. La oveja no decide ser oveja, simplemente es lo que es. En este sentido, el pastor llama a las ovejas por su nombre y saca a las propias, para ir delante de ellas. Las ovejas le siguen porque conocen su voz, no la de los extraños (Juan 10: 1-5). Jesús le dirá en el día final a un grupo de creyentes cabras que se aparten al fuego eterno (Juan 10: 41), pero a sus ovejas las pondrá aparte para decirles: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Juan 10: 34 y 41).

    3) La expiación limitada se demuestra también en el hecho de que Jesús pondría su vida solamente por las ovejas: Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas …  así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:11 y 15).

    4) En la oración sacerdotal de Jesús, poco antes de su muerte en la cruz, dijo enfáticamente:  Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son (Juan 17:9). Si Jesucristo está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros (su pueblo), ¿cómo es que poco antes de morir dejó afuera al mundo y rogó solamente por los que el Padre le había dado? Recordemos que aquellos que el Padre le había dado no eran solamente sus discípulos, sino todos aquellos que habrían de creer por la predicación de ellos (Juan 17: 20):  Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Es decir, Jesús rogó por un grupo, pero dejó claramente a otro grupo por fuera. ¿Por qué no aprovechó la oportunidad de incluir a todos sin excepción en su oración intercesora?  El sabía que el Padre siempre lo escuchaba, pero no rogó por todos porque esa no era la voluntad del Padre, la cual Él siempre se gozaba en hacer.

    5) Todo lo que el Padre me da vendrá a mí, y el que a mí viene no le echo fuera. Pero nadie viene a mí, si el Padre que me envió no lo trajere (Juan 6: 44 y 37). Con esta claridad se expresó frente a un grupo de seguidores, que eran incluso sus discípulos, quienes tenían varios días escuchándole. Muchos de ellos habían comido de los panes y los peces y se habían quedado maravillados con sus milagros y enseñanzas. Sin embargo, parece ser que no era suficiente con ser discípulo voluntario ya que al oír sus palabras, acerca de que nadie podía ir a Él si el Padre no lo trajere, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?(Juan 6:60). De allí que Jesús entendió que ellos estaban ofendidos por la predestinación y la soberanía absoluta de Dios (verso 61), ya que a pesar de su discipulado no podían creer (verso 64). De esta manera les reiteró: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre (verso 65).

    Ciertamente, la Biblia dice mucho más acerca de la expiación limitada de Jesucristo. Baste con estos versos para comprender esta gran verdad; pero sirva también de ejemplo la realidad que vemos desde hace siglos: que muchos mueren en sus pecados y no aceptan la verdad del evangelio. Esto es prueba suficiente de que Jesucristo no murió por sus pecados, de lo contrario habrían creído y serían redimidos y no condenados.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

  • CRISTO SATISFECHO

    ¿Cómo supo Isaías que Jesucristo estaría satisfecho por el trabajo de su alma? De seguro Jehová se lo informó, pero ¿cómo resulta esa satisfacción posible si Jesús hubiese muerto por todo el mundo, sin excepción? De ninguna manera hubiese satisfecho su cometido si hubiese apuntado a un renglón mayor; es decir, si Jesús hubiese deseado salvar a todo el mundo, sin excepción, el trabajo de su alma hubiese dado mucho que desear. La satisfacción de Dios lo es por su perfección, no por aproximación; Dios se satisface por causa de su Omnipotencia, sin que exista un azar que le impida conseguir su objetivo.

    Cristo murió por su pueblo, de acuerdo a Mateo 1:21; como el justo por los injustos, como el siervo justo que justificaría a muchos (Isaías 53:11). De esos muchos cargó sus iniquidades, pagó el rescate debido e hizo viable y eficaz la amistad con el Padre. Ahora bien, no pretendió Jesús cargar las iniquidades de aquellos que perecen en su incredulidad. No expió los pecados de Judas Iscariote, ni del Faraón, ni de ningún otro réprobo en cuanto a fe.

    Yo y los hijos que Dios me dio (Hebreos 2:13), texto ligado a Juan 10:26, pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. La condición de oveja precede para poder creer, la condición de hijos dados por el Padre precede para que Cristo vea el fruto de su trabajo. Al mismo tiempo vemos un ligamen entre la doctrina expuesta por Jesús y su expiación en la cruz: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere (Juan 6:44); Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21)…pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:15). Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:33–34).

    Si la condición de oveja precede para poder creer en Jesús, el Rey tiene a los benditos de su Padre como ovejas puestas a su derecha. Jesús no rogó por el mundo (Juan 17:9), la noche previa a ir a la cruz, sino solamente por los que el Padre le dio y le seguiría dando por medio de la palabra de aquellos primeros discípulos. Se desprende de lo dicho por la Biblia que Jesús no propició por los cabritos que conforman el mundo, sino solamente lo hizo por las ovejas de su prado. Jesús hizo la reconciliación de su pueblo con su Padre, por lo tanto como autor y consumador de la fe la da como regalo para recibir la gracia y la salvación (Efesios 2:8). Sabemos por las Escrituras que no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2), sino como ya hemos dicho ella es un regalo de Dios para su pueblo escogido.

    El Cristo de la expiación universal muere por todos, sin excepción, por lo cual todos, sin excepción, deberían ser salvados. Pero eso no sucede, ya que el infierno sigue recibiendo gente a diario; por lo tanto, uno puede inferir que ese Cristo de la expiación universal es un falso Jesús. Esa falsa divinidad se predica en base al falso evangelio, por medio de los falsos maestros disfrazados como mensajeros de luz. La apariencia de piedad que muestran se les viene abajo cuando hablan de su corazón, ya que los dichos de sus bocas denuncian la abundante herejía que mueve sus corazones.

    La palabra mundo tiene diversas acepciones en las Escrituras, por lo que debe ser tenido en cuenta su contexto de aparición. En Juan 3.16 Jesús le dice a Nicodemo que el Padre amó de tal manera al mundo que lo envió a él como Hijo para salvar a los creyentes. En Juan 17:9 el Hijo ora al Padre y le dice explícitamente que él no ruega por el mundo. Entonces, si la palabra mundo significara lo mismo siempre, veríamos al Hijo en contradicción con el Padre, ya que no quiso rogar por el mundo amado por el Padre. Eso no es verdad, así que urge tener en cuenta el contexto de aparición de los vocablos. Cuando se dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2 Corintios 5:19), se entiende que Dios estaba estableciendo la paz para con su pueblo. De esta manera Dios llevaba a cabo su plan eterno, de darle herencia a su Hijo como Redentor, no tomándonos en cuenta nuestros pecados ya perdonados en la cruz. ¿Por qué? Porque en el Calvario hubo satisfacción en la justicia de Cristo, o en Cristo como justicia de Dios. No se refiere a cada individuo del mundo, ya que multitudes mueren en enemistad con Él, no todos se interesan en las bendiciones del perdón de pecados, sino que solamente se tiene en cuenta el mundo amado por el Padre (Juan 3:16).

    Los elegidos de Dios, escogidos en Cristo, tienen todos sus pecados imputados a Cristo como Cordero sin mancha. Ese pueblo incluye tanto a judíos como a gentiles, cuyos pecados fueron propiciados por Cristo, para que no fuesen ellos mirados en su estado natural sino en el judicial. Un acto judicial aconteció en el Calvario, habiendo el pueblo de Dios recibido la justificación por el intercambio de sus pecados hacia Cristo, cuando el acta de los decretos, que nos era contraria, fue anulada y clavada en la cruz del Señor (Colosenses 2:14). Sabemos que el acta de los decretos que le era contraria a Judas Iscariote no fue clavada en la cruz, ni el acta de ninguno de los otros réprobos en cuanto a fe, los cuales fueron destinados a tropezar en la roca que es Cristo. Ese mundo enemigo de Dios no fue reconciliado, sino solamente el mundo amado por el Padre.

    Cristo consumó su trabajo en la cruz, por lo tanto reconcilió a todo su pueblo con el Padre. Nos toca predicar este evangelio para que los escogidos escuchen la buena noticia; para los réprobos este mensaje añade mayor condenación. Esa satisfacción de Cristo significa que no reconcilió a todo el mundo, sin excepción, porque eso no se lo propuso. Si se hubiera propuesto ese objetivo lo habría logrado y todos serían salvos. Pero hay gente en el infierno, lo cual quiere decir que no fue reconciliada con Dios, que no fue incluida en el trabajo de Cristo en la cruz. Hay gente en el infierno que continúa bajo la ira de Dios, que no está en paz con el Señor. Estos han rogado a un dios que no puede salvar, a un falso Jesús que fue prometido como redentor por los falsos maestros, los cuales son siervos de Satanás. La sangre de ese Cristo no causa ningún efecto de apaciguamiento de la ira de Dios, pero no porque la sangre del verdadero Cristo no valga, o haya sido aminorada en su valor esencial, sino porque se trata de una sangre ajena, la de un impostor.

    El diablo fue declarado homicida desde el principio, porque mató millones de almas desde que introdujo el pecado en la tierra. El alma que pecare, esa morirá; por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios. En Adán todos mueren, urge la gracia de Cristo, su sangre limpiadora, su trabajo concluido. El que es creyente ha sido salvado, el que sigue siendo incrédulo, ya ha sido condenado. ¿Puede usted creer en el evangelio puro y simple?

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

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