Etiqueta: TODOPODEROSO

  • ¿QUIÉN ES COMO TÚ, OH JEHOVÁ? (ÉXODO 15:11)

    La perfección de la naturaleza divina obliga a esa pregunta, por sus bendiciones y bondades, por la obra de sus manos. Ciertamente, los cielos cuentan la gloria de Dios, así como el firmamento anuncia la obra de sus manos. Hablamos de la excelencia del poder de Dios, demostrado en la salvación de su gente; esa redención que se propuso alcanzar por medio del Hijo, en un sacrificio perfecto anunciado desde antes a través de los altares donde se esparcía la sangre de animales. Ahora, venido el tiempo, un sacrificio perfecto nos convenía, bajo el mismo Cordero como Sumo Sacerdote.

    Al mismo tiempo, ese poder divino se manifiesta en la ruina de sus enemigos. Son los mismos enemigos de su pueblo escogido, de forma que podemos decir que la maldición de Jehová también resulta perfecta. La bendición se dice perfectísima, pero el castigo ejemplar sobre los impíos constituye un motivo de alabanza. Los paganos llaman dioses a lo que ellos conciben como divinidad, pero cada uno de ellos es magnificado por supuestos atributos; las Escrituras hablan de la vanidad de los ídolos, los cuales tienen pies pero no caminan, ojos que no ven y manos que no palpan. Semejantes a esos dioses son los que los hacen y los que los adoran.

    La pregunta en el Éxodo continúa: ¿Quién como tú, magnífico en santidad? Dios es un hacedor de prodigios pero terrible en sus hazañas maravillosas. Por su voluntad la tierra se abre y traga a los enemigos, por su misericordia su pueblo es conducido en medio del peligro para ser guiado a la santa morada del Altísimo. El enemigo se acobardará, lo acogerá el temblor y espanto, será enmudecido como la piedra que ni oye ni habla. El Faraón entró cabalgando con sus carros y su gente de a caballo en el mar, pero Jehová hizo volver las aguas marinas sobre ellos; recordemos que los hijos de Israel pasaron en seco por medio del mar.

    Bendecimos al Señor por las excelencias que le acompañan como parte de su naturaleza, pero también por las bendiciones que recibimos a diario. Se ha prometido gloria y felicidad a quienes buscan la inmortalidad que ofrece su redención. Las plagas sobre Egipto fueron terribles, así como la destrucción del Faraón y sus huestes, una noticia terrible del Mar Rojo (Salmos 106: 22). Esto puede ser visto como una materia de alabanza para Israel, pero como un gran terror de temer para sus enemigos. Jesús abolió el pecado y destruyó al que tenía el poder sobre la muerte, por lo cual ahora exclamamos junto a Pablo: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Corintios 15: 55-57). El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Dios nos ha dado la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

    Dios lo ha prometido: De la mano del Seol nos redimirá y nos librará de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol; la compasión será escondida de mi vista (Oseas 13:14). Esto aconteció en tiempos del Mesías por medio de su sacrificio y por su trabajo alcanzado: llevó cautiva la cautividad (Efesios 4:8), habiendo resucitado y vencido la muerte, el postrer enemigo. La justicia de Cristo trajo paz para su pueblo, vida para sus ungidos, eternidad para volver hacia la casa del Padre. La cautividad espiritual tiene múltiples aristas, una de ellas pudiera bien ser la influencia de Satanás sobre la mente de muchas personas. Sepamos que Jesús lo venció en la cruz, que exhibió públicamente el error satánico, de manera que no caigamos más en su acecho teniendo por cierto lo que apenas pudiera ser una sugestión mental.

    En Colosenses 2:15 se nos dice que Jesucristo despojó a los poderes y principados, exhibiéndolos en forma pública, en un abierto triunfo en la cruz. Así que nadie nos juzgue en comida o en bebida, en cuanto a días de fiesta o días de reposo, todo lo cual no es más sino sombra de lo que había de venir. Tenemos que asirnos de la Cabeza (que es Cristo) como el cuerpo sujeto a ella, ya que hemos muerto a los rudimentos del mundo. El duro trato del cuerpo puede tener buena reputación en los que viven austeramente, pero carece de valor alguno contra los apetitos de la carne (Colosenses 2:23).

    La gente se acostumbra a los ritos y a las ceremonias de cada domingo, como si eso matara los apetitos de la carne. Hemos muerto a los rudimentos del mundo, pasando ahora a un estado de regeneración total. Pensemos siempre en la maravilla que Dios ha hecho en favor de todo su pueblo, de manera que podamos decir con Moisés: ¿Quién como tú, oh Jehová? Hemos sido liberados de Egipto, la metáfora del mundo, del sitio de esclavitud, del azote de Satanás y sus demonios. ¿Por qué hemos de extrañar los pepinos, las sandías, el resto de comidas que allí se dan a diario? El viejo pueblo de Israel quería regresar al sitio de sufrimiento porque anhelaba el olor de las cebollas y de los guisos, siempre quejumbroso ante Moisés y Aarón. Tenemos la Escritura para nuestro beneficio, para que aprovechemos la experiencia de los más fuertes que vencieron en el tránsito por el desierto, de los valerosos que entraron con Josué a la tierra prometida.

    Si Dios nos ha señalado como su pueblo, digámosle Dios nuestro; ¿quién en los cielos se igualará a Jehová? Dios temible en la gran congregación de los Santos, y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él (Salmos 89:7). Multitudes de personas desfilan con sus ídolos, lo cargan porque ellos no pueden caminar, pero dicen que les conceden favores. Satanás y sus demonios están detrás de los ídolos que sostienen los paganos, eso dice la Biblia. La tierra sigue llena de idolatría, la gente que conoce algo del evangelio se postra ante el argumento de cantidad, bajo el pensamiento de que tanta gente no puede estar tan equivocada.

    Sin embargo, sobre millones cayó el diluvio y se los llevó a todos hacia la fosa, siendo pocos los escogidos. Siempre ha sido igual, seremos la manada pequeña, los escasos escogidos, porque el Padre así lo ha querido desde el principio. A Jacob amó pero odió a Esaú, aún antes de que hiciesen bien o mal (Romanos 9): ¿quién juzgará a Dios? Hemos de adorar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, ordenan las Escrituras. Existe una infinita separación entre Dios y sus criaturas, algo tan grande que no podemos rellenar. Pero glorificamos su nombre porque Jesucristo nos amistó con el Padre y Él nos ha llamado hijos, herederos de su gracia y de sus dones, por cuya razón volvemos a santificar su nombre.

    Los idólatras se hicieron zanjas en sus cuerpos en el intento de que Baal respondiera, pero no fueron atendidos por esa ficción demoníaca. Nosotros tenemos al Dios que creemos hizo los cielos y la tierra, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien ha enviado a su Espíritu para que viva en cada corazón que ha creído y recibido al Señor. Por igual, sabemos que sin la operación de ese Espíritu nadie puede nacer de nuevo; ese nuevo nacimiento viene por voluntad exclusiva del Señor, así que ésta es la mejor obra que hayamos recibido como seres humanos. Somos partícipes del segundo Adán.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • SOBERANIA

    La doctrina de la soberanía de Dios va ligada al cumplimiento de sus promesas. Hay alrededor de 8.000 promesas en la Biblia, pero ninguna de ellas sería cumplida si no fuese Dios soberano sobre toda cosa creada. Por esa razón las Escrituras nos mencionan otra enseñanza, la de la predestinación. Hemos sido predestinados por el puro afecto de su voluntad, para alabanza de su gloria, habiéndonos escogido en Cristo antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4, 11). Nos predestinó en amor, dice el verso 5, no en odio; esto resulta muy importante porque nos hace entender que Dios no odia bajo ningún respecto a su pueblo. Al que ama castiga, y azota a todo al que tiene por hijo.

    Esaú se describe como el modelo de los odiados por Dios; una figura similar a la del Faraón de Egipto, levantado para exhibir la furia del poder de Dios contra el pecado. Por igual, el hijo de perdición viene como imagen de un individuo odiado, como es el caso de Judas, apodado el Iscariote. Todos aquellos que fueron ordenados para tropezar en la roca que es Cristo son individuos no amados. Esto contrasta con el hecho del amor divino hacia sus elegidos (1 Pedro 2:8 versus 1 Pedro 2:4,5). Ovejas y cabras, dos figuras que no pueden intercambiarse; al igual que la ilustración de los árboles, uno bueno y otro malo; el árbol bueno da fruto bueno, pero el árbol malo no puede darlo, sino el que es malo. La traición cumplida por Judas iba conforme a lo que estaba en las Escrituras, por lo cual debía cumplirse. Sin embargo, en ningún momento se ve a Jesucristo mitigando la responsabilidad del hijo de perdición. La predestinación no niega la responsabilidad de cada quien, al igual que la reprobación tampoco exonera de culpa.

    Nuestra responsabilidad deriva del hecho de que somos seres dependientes. Nadie puede reclamar independencia del Creador, como si hubiese surgido de sí mismo, ajeno a la voluntad divina. Por lo tanto, nadie tiene libre albedrío, lo cual hace suponer que por la carencia de libertad e independencia en nuestra relación con el Creador le debemos un juicio de rendición de cuentas. Dios todo lo determinó desde antes, desde la eternidad. Lo que Él determinó se fundamentó en su propia voluntad, no en lo que las criaturas irían a hacer. El hecho de que Dios sea soberano implica por fuerza que todas sus promesas se cumplen, como un sí y un amén. Cristo se nos presenta como el principio y el fin, como la motivación de la creación y como la meta de lo creado. Por él subsisten todas las cosas, para él fueron hechas y él recibe la gloria de todo cuanto acontece. Aún el malo fue hecho para el día malo, así que no surgió por casualidad ni en forma independiente de Dios (Proverbios 16:4).

    El Evangelio es considerado como la buena noticia, pero resulta buena para todo aquel que ha sido escogido para salvación desde la eternidad. Para el mundo por el cual Cristo no rogó (Juan 17:9), el Evangelio aparece como una muy mala noticia. Por esa razón el mundo nos odia, porque el mundo ama lo suyo y nosotros no somos del mundo. Ese es el testimonio de Dios a través de las Escrituras, como bien se desprende de numerosos textos, en especial el Capítulo 6 del evangelio de Juan. Ninguno puede ir a Cristo si el Padre no lo lleva. Nadie va al Padre sino por el Hijo. Solamente los que hemos sido enseñados por el Padre, habiendo aprendido, somos enviados al Hijo (Juan 6:44-45).

    Jehová ha anunciado por medio del profeta Isaías: He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas; antes de que salgan a luz, yo os las haré notorias (Isaías 42:9). Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (Isaías 46:9-10). La Biblia nos dice que creen los que están ordenados para vida eterna, que Dios nos ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de nuestra habitación.

    Añade la Escritura que fuimos conocidos (amados), por lo tanto predestinados, para ser conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29). El Señor nos escogió desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Fuimos rescatados con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero destinado desde antes de la fundación del mundo, manifestado en la época apostólica por amor a nosotros (1 Pedro 1:20).

    Jesucristo fue entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, matado por manos de inicuos en la crucifixión (Hechos 2:23). Es decir, el crimen más horrendo de la historia fue una actividad del consejo divino, ordenado para beneficio del pueblo escogido. Muchos de los pecados cometidos contra el Hijo de Dios fueron profetizados, escritos con anticipación, como una muestra del poder del Dios soberano. Si Dios no tuviera poder suficiente, la humanidad hubiese cambiado la historia para que la profecía hubiese quedado inconclusa.

    El principio de la soberanía absoluta de Dios pasa por indispensable en los atributos del Altísimo. Él hace como quiere, todo lo que quiso ha hecho; Adán tenía que pecar por cuanto el Cordero estuvo destinado desde antes de que Adán fuese creado. No iba a quedar Dios con un fracaso, como si Adán hubiese podido no pecar; por esa razón hemos de escudriñar las Escrituras para comprender bien el sentido de la soberanía divina. Al mirar en sus líneas entenderemos aquello que de inmediato no captamos, pero siempre hemos de hacerlo con la humildad que caracteriza a quien ha sido salvado de pura gracia. No por obras, como también dice la Escritura, para que ninguno se gloríe; la redención se debe a que hubo un Elector, alguien que nos amó eternamente y dio a su Hijo en rescate por muchos (es decir, por todo su pueblo: Mateo 1:21).

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • NO HAY OTRO DIOS

    No hay otro Dios que mate y vivifique, que hiera y sane; no existe alguien que nos libre de la mano de ese gran Dios revelado en las Escrituras (Deuteronomio 32:39). Él da riquezas, hunde a quienquiera, levanta al que está en el pozo cenagoso, al pobre del polvo, hace que el necesitado se siente junto a los nobles (1 Samuel 2:6-8). Cuando Jehová rompe no hay quien reconstruya, cuando cierra una puerta no existe alguien capaz de abrirla. El engañador y el engañado son de Él (Job 12: 16). En resumen, el Dios de la Biblia es absolutamente soberano.

    Job nos llegó a afirmar que los ladrones prosperan y provocan a Dios porque viven seguros, pero en sus manos Él ha puesto cuanto tienen (Job 12: 6). En las manos de Jehová está el alma de todo viviente, el hálito de todo el género humano. Ciertamente, si Jehová derriba no hay quien edifique (encerrará al hombre y no existirá quien le abra). Los tiranos tienen una cadena puesta por Dios en sus lomos, también Jehová quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra. Por lo tanto, deducimos que Dios no se queja por la manera en que el mundo anda, ya que con paciencia ha soportado a los réprobos en cuanto a fe (Romanos 9:22). Así que todo lo que quiso ha hecho Dios, el que está en los cielos, sin que exista quien detenga su mano (Salmos 115:3). A los que lo conocemos por las Escrituras, nos queda la humillación ante su presencia. Aquello que nosotros llamamos suerte, de Jehová depende (Proverbios 16:33); incluso al malo hizo Dios para el día malo (Proverbios 16:4).

    Un profeta se pregunta: ¿No sabéis? ¿No habéis oído? ¿Nunca os lo han dicho desde el principio? ¿No habéis sido enseñados desde que la tierra se fundó? (Isaías 40:21). Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como tienda para morar. Él convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra hace como cosa vana. ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? Dice el Santo (Isaías 40:25).

    El hombre caído asemejó a Dios con las criaturas, todas corruptibles: el hombre, las aves, los cuadrúpedos y los reptiles (Romanos 1:23). Por esa razón Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador. Dios los entregó por eso a pasiones vergonzosas (Romanos 1:24-31).

    No hay otro como Jehová, el que forma la luz y crea las tinieblas, el que hace la paz y crea el mal, Él es el que hace estas cosas (Isaías 45:5-7). ¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno? (Lamentaciones 3:37-38). Las Escrituras nos colocan frente a un Dios que controla a toda su creación, un Dios Todopoderoso, capaz de hacer que todas sus promesas se cumplan sin vacilación. Ese Dios también habló en parábolas para que los que oyeran no entendieran, sino solamente aquellos a quienes les fue dado el oído para comprender (Mateo 13:10-15).

    El Hijo de Dios da vida a todos los que el Padre quiere (Juan 5:21), solamente a los que el Padre le envía (Juan 6:37, 44 y 65). Se hace imperioso que sea el Padre quien enseñe a los escogidos para que puedan aprender e ir al Hijo (Juan 6:45). El libro de los Hechos de los Apóstoles señala que creyeron aquellos que habían sido ordenados para vida eterna (Hechos 13:48). Estos son los mismos que fueron bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, escogidos en él antes de la fundación del mundo, para ser santos y sin mancha delante de él, habiendo sido predestinados en amor según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:3-5).

    Por esa razón también se ha escrito que tuvimos herencia (suerte), habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, para alabanza de su gloria (Efesios 1:11-12). Para nosotros corresponde lo más precioso, pero para los desobedientes, Cristo es la piedra que los edificadores rechazaron. Éste llegó a ser la Piedra Angular, la roca de caída y tropiezo, roca de ofensa para los que tienen traspiés, por lo cual son desobedientes a la Palabra, para lo cual también fueron destinados (1 Pedro 2:7-8).

    El testimonio bíblico abunda en esta doctrina expresada, la del Dios que es absolutamente soberano en cualquier materia. El Señor amó a Jacob pero odió a Esaú, antes de que hiciesen bien o mal, antes de fijarse en sus obras. Precisamente, la redención no es por obras, para que nadie se gloríe, sino para que la gracia y el llamado sean por el que llama, por el Elector. Entonces, no fue que Dios mirara en los corredores del tiempo para ver quién iba a ser salvo, ya que no había justo ni aún uno, ni quien buscara al verdadero Dios. Todos habíamos muerto en delitos y pecados, pero Dios tuvo misericordia de quien quiso tener misericordia (Romanos 9).

    El ser humano carece de libre albedrío, por cuya razón es responsable, ya que Dios es soberano. Si el hombre fuese libre de Dios, no sería responsable de nada, pero precisamente porque no tiene libertad le aguarda un juicio de rendición de cuentas. Tampoco puede el hombre resistir el llamado eficaz del Espíritu Santo, ni extraviarse más cuando ha sido regenerado (Juan 10:1-5). El poder de Dios es absoluto, por lo tanto su Espíritu regenera en forma absoluta a todo aquel que ha sido indicado por el Padre para creer en Jesucristo. Jamás Dios puede ser frustrado en algún cometido que tenga, así que el Espíritu regenera a quien quiere regenerar. No regeneró a Judas Iscariote, a pesar de que anduvo con Jesús varios años; no regeneró al Faraón de Egipto, porque no lo quiso redimir.

    La Escritura habla de los que resisten al Espíritu, pero eso lo refiere al autor de la Palabra. Hay quienes se oponen y resisten a esta palabra, como resistiendo al Espíritu; lo mismo hizo el Faraón de Egipto, quien se opuso al mandato externo de Dios por medio de Moisés. Pero si escudriñamos la Escritura descubriremos que Jehová le había indicado esto mismo a Moisés, que iba a endurecer el corazón del Faraón para glorificarse en él en toda la tierra, para manifestar su poder y su ira contra su terquedad y maldad. No podemos decir que el Faraón resistió al Espíritu de Dios por cuenta propia, sino que fue destinado para tal fin.

    Al mismo tiempo, aprendemos de la Biblia que los mandatos generales de Dios están hechos para que el ser humano los desobedezca en gran parte. Para eso apareció la ley, para que abundara el pecado; allí donde dice no codiciarás, se aumenta la codicia. Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia para los elegidos, por lo cual la ley resultó en un Ayo que lleva a Cristo. Prueba de la desobediencia del hombre, en general, se da en la relación con los Diez Mandamientos. Pero eso no significa que Dios está frustrado o que el Espíritu resultó impotente; al contrario, la Escritura muestra con creces que Jehová ha designado al malo para el día malo. Con todo, el malo Judas Iscariote recibió un ay del Señor, por el castigo que le vendría. Queda entendido que la oposición de Judas al Espíritu fue por mandato del mismo Espíritu, para que la Escritura se cumpliese.

    ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues, ¿quién puede resistirse a su voluntad? ¿Será injusto Dios? La Escritura responde a esas interrogantes diciéndonos que Dios no es injusto en ninguna manera, sino que el hombre es una olla de barro en manos del alfarero.

    La profecía ha dicho: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón. Acercaos a Jehová, en tanto que está cercano. Hoy es el día aceptable, el tiempo de salvación; aquel que ha sido llamado para ir a Cristo no endurezca su corazón sino apresúrese con paso firme para buscar misericordia, ya que que si Dios tiene piedad, usted será el beneficiario de ella. No hay otro Dios en quien podamos ser salvos, las profecías bíblicas se cumplen en forma perfecta, pero los incrédulos añaden duda para que los que hayan de tropezar en la roca caigan despedazados. Arrepentíos y creed en el Evangelio.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • EL DIOS QUE DEJA HUELLA EN EL MAR (SALMO 77:19)

    Un predicador dijo una vez que había dos inseparables gemelos: la predestinación y la providencia. Esos son gemelos de la gracia admirable del Omnipotente Dios, el que nos predestinó según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria. Por lo tanto, fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Para gobernar todas las cosas según el designio de su voluntad, se necesita tener todo el poder absoluto y ejercer el control de cada partícula del universo. Semejante Dios puede espantar a cualquiera, pero puede consolar a los que son suyos.

    Cuando nos referimos a la predestinación, hablamos de un acto soberano, eterno e inmutable, de acuerdo al propósito del Dios de la creación, quien ordenó todo cuanto sucede. Esto lo hizo según su propia voluntad y placer, para lo cual provee cada elemento necesario, en cada circunstancia posible y probable que vaya a utilizar. Acá ya empezamos a mirar la providencia divina, como el complemento forzoso para que se cumpla todo cuanto Dios ha querido. De esta manera, miramos a Dios en el tiempo, en la ejecución de lo que se propuso desde la eternidad.

    Vemos que el fin propuesto tiene una ejecución perfecta: el fin puede ser llamado predestinación, pero sus medios o ejecución pueden ser mencionados como su providencia, el uso de los mecanismos necesarios para lograr lo propuesto. Absalón tenía que seguir el consejo de Ahitofel, que era mejor que el de Husai, pero Jehová había ordenado lo contrario: que Absalón siguiera lo recomendado por Husai y desechara el mejor consejo de Ahitofel (2 Samuel 17:14). Esto lo hace el Señor porque Él controla aún los pensamientos del rey, a todo lo que quiere lo inclina. Él frustra el consejo de las naciones, coloca en los gobernantes y moradores de la tierra el dar el poder y dominio a la bestia (Apocalipsis 17:17).

    De acuerdo a la Escritura, nada en este mundo sucede por casualidad. Lo que llamamos azar lo es desde nuestra perspectiva, puesto que no dominamos todas las variables de lo que podría acontecer. Para Dios no hay azar, pero la Biblia habla desde nuestra perspectiva cuando nos dice que aún la suerte se echa en el regazo, pero de Jehová es su decisión. La decisión de algo no depende de ángeles o demonios, de ninguna persona, sino de Jehová que dirige el mundo hacia su final. Anunció caos para el tiempo del fin, y eso es lo que estamos viendo. Anunció un asesinato cruel para su Hijo, y eso nos lo narra la Biblia.

    La gloria del nombre de Dios, sumado al bien de los elegidos, se alcanzan por los medios providenciales del Todopoderoso. Lo dijo Pablo en forma enfática: a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien; esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28). Hay bienes temporales y bienes espirituales, así como los bienes eternos. Nosotros buscamos más los temporales, conforme a nuestras necesidades que son dadas a conocer por medio de las oraciones al Señor. Aunque él ya conoce lo que necesitamos, se agrada en escucharnos y nosotros nos aliviamos en hablar con Él. La bendición de Jehová es la que añade riqueza sin tristeza (Proverbios 10:22).

    Los bienes espirituales lo son para el alma, el vivo ejercicio de la gracia en nosotros. Tenemos fe, confianza, salvación eterna, la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Poseemos la garantía de la redención final, el fruto del Espíritu, la mente de Cristo, la unción del Santo. Los bienes eternos están relacionados con los espirituales y también con los temporales, en cuanto ellos nos conducen a la meta final: a conocer al Padre como único Dios verdadero y a Jesucristo el enviado (Juan 17:3). Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman (1 Corintios 2:9). Pablo subió al paraíso y oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar (2 Corintios 2:12); esas son algunas de los bienes eternos que nos aguardan.

    Recordemos siempre que cuando somos conducidos a la realización de una actividad determinada, un trabajo específico, una aventura en el campo o en las ciudades turísticas, un estudio de esfuerzo, un aprendizaje complicado, etc., cualquier cosa que hagamos ha sido ya ordenada. Pero también han sido ordenadas las circunstancias que rodean esas acciones a realizar. Por ejemplo, si usted tiene que dictar una conferencia ante un auditorio determinado, sepa que los que lo van a oír también han sido ordenados para oírlo. Eso nos da confianza en el Padre amado que conduce a sus hijos de triunfo en triunfo, pero que aún en las caídas nos sostiene con su mano firme y con su actitud de amor.

    Al nosotros saber que nada ocurre que no cumpla el propósito propuesto en la eternidad, que nada acontece sin que la soberanía de Dios provea sus medios, estemos seguros día a día, confiados en que donde estamos ha sido el deseo del Señor que estemos. Claro está, anhelamos cambiar de domicilio, solicitar otro trabajo, buscar otra diversión, pero todos esos deseos también son colocados por Aquél que provee para su realización. En suma, lo que Dios predestinó en el pasado y cumple su ejecución con su providencia, siempre resulta para el bien de sus elegidos y para la gloria de su nombre.

    ¿No ha hecho Jehová todas las cosas para sí mismo? ¿No hizo al malo para el día malo? (Proverbios 16:4). La ira del hombre te alabará, Dios reprimirá el resto de las iras (Salmo 76:10); Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que dijo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (Isaías 46:9-10). Por supuesto que existe una gran profundidad de las riquezas y de la sabiduría de Dios, que sus juicios son insondables, que sus caminos nos resultan inescrutables. ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén (Romanos 11: 33-36).

    Estos textos mencionados, lo que se dijo antes, todo ello conduce al hecho de que todo trabaja para el beneficio de los escogidos de Dios. Si le amamos a él fue porque él nos amó primero; nadie le dio a él primero como para esperar recompensa. La soberanía de Dios hace todo posible, como para que vivamos repletos de gozo. El propósito de Dios es que todo trabaje o concurra para beneficio de sus hijos; eso lo sabemos por su palabra. En síntesis, hemos de vivir confiados, repletos de alegría, siempre de victoria en victoria porque somos más que vencedores. ¿Quién nos acusará o quién nos condenará? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

    Esta reflexión sobre lo acá mencionado podría resumirse como una deliciosa persuasión de la benevolencia del Señor para con nosotros. Lo sabemos por la palabra de Dios, que no miente. Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad (Salmo 84:11). La Biblia nos dice que: el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente (Salmo 91:1). Yacemos en el corazón de Dios, en su seno, como si fuésemos la niña de sus ojos. Por esa razón también se dijo que el que hiciere daño a uno de los pequeños del Señor le vendría calamidad segura. Como Dios es amor, si vivimos en su seno amamos no solo a Dios sino a nuestros hermanos.

    Vivir bajo la sombra de sus alas, es reposar bajo el que puede hacer todo posible. Por eso se llama Jehová, el que es, el que hace todas las cosas posibles. ¿Habrá algo que sea difícil para Él? Por Jesucristo somos preservados de la ira de Dios, del calor enfurecido de su ley, así como de la ferocidad de los que nos persiguen sin causa. En esa roca que es Cristo vivimos protegidos de las inclemencias del temporal del mundo, del principado de este mundo, de sus tinieblas y de las maquinaciones de Satanás.

    Seremos librados del lazo del cazador (recordemos a Nimrod, cazador ante Jehová, gobernante de Babilonia, donde se construyó la Torre de Babel). Estaremos protegidos con su verdad, para que no temamos al terror nocturno, ni a ninguna flecha que venga a la ventura. Veremos la recompensa de los impíos, miraremos su lugar y ya no estarán. Ellos fueron consumidos de repente, cayeron y caerán en sus propios lazos. Ninguna arma forjada contra nosotros prosperará y condenaremos toda lengua que se levante en juicio contra nosotros. Todo esto acontece porque hemos puesto a Jehová como nuestra esperanza, al Altísimo por nuestra habitación. Como Elías deberíamos decir: Vive Jehová, en cuya presencia estoy.

    Ese Dios que ha dejado su huella en el mar resulta una maravilla para sus hijos. De día y de noche nos conduce, envía a sus ángeles para que nos guarden, para no tropezar con las piedras del camino. La poesía de los Salmos posee abundantes metáforas de lo que le acontece a cada hijo del Señor, a cada miembro de su iglesia, de su asamblea de justos, los cuales fuimos justificados por medio de la fe de Jesucristo.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    destino.blogcindario.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • EL DIOS QUE DEJA HUELLA EN EL MAR (SALMO 77:19)

    Un predicador dijo una vez que había dos inseparables gemelos: la predestinación y la providencia. Esos son gemelos de la gracia admirable del Omnipotente Dios, el que nos predestinó según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, los que fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Para gobernar todas las cosas según el designio de su voluntad, se necesita tener todo el poder absoluto y ejercer el control de cada partícula del universo. Semejante Dios puede espantar a cualquiera, pero puede consolar a los que son suyos.

    Cuando nos referimos a la predestinación, hablamos de un acto soberano, eterno e inmutable, de acuerdo al propósito del Dios de la creación, quien ordenó todo cuanto sucede. Esto lo hizo según su propia voluntad y placer, para lo cual provee cada elemento necesario, en cada circunstancia posible y probable que vaya a utilizar. Acá ya empezamos a mirar la providencia divina, como el complemento forzoso para que se cumpla todo cuanto Dios ha querido. De esta manera, miramos a Dios en el tiempo, en la ejecución de lo que se propuso desde la eternidad.

    Vemos que el fin propuesto tiene una ejecución perfecta: el fin puede ser llamado predestinación, pero sus medios o ejecución pueden ser mencionados como su providencia, el uso de los mecanismos necesarios para lograr lo propuesto. Absalón tenía que seguir el consejo de Ahitofel, que era mejor que el de Husai, pero Jehová había ordenado lo contrario: que Absalón siguiera lo recomendado por Husai y desechara el mejor consejo de Ahitofel (2 Samuel 17:14). Esto lo hace el Señor porque Él controla aún los pensamientos del rey, a todo lo que quiere lo inclina. Él frustra el consejo de las naciones, coloca en los gobernantes y moradores de la tierra el dar el poder y dominio a la bestia (Apocalipsis 17:17).

    De acuerdo a la Escritura, nada en este mundo sucede por casualidad. Lo que llamamos azar lo es desde nuestra perspectiva, puesto que no dominamos todas las variables de lo que podría acontecer. Para Dios no hay azar, pero la Biblia habla desde nuestra perspectiva cuando nos dice que aún la suerte se echa en el regazo, pero de Jehová es su decisión. La decisión de algo no depende de ángeles o demonios, de ninguna persona, sino de Jehová que dirige el mundo hacia su final. Anunció caos para el tiempo del fin, y eso es lo que estamos viendo. Anunció un asesinato cruel para su Hijo, y eso nos lo narra la Biblia.

    La gloria del nombre de Dios, sumado al bien de los elegidos, se alcanzan por los medios providenciales del Todopoderoso. Lo dijo Pablo en forma enfática: a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien; esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28). Hay bienes temporales y bienes espirituales, así como los bienes eternos. Nosotros buscamos más los temporales, conforme a nuestras necesidades que son dadas a conocer por medio de las oraciones al Señor. Aunque él ya conoce lo que necesitamos, se agrada en escucharnos y nosotros nos aliviamos en hablar con Él. La bendición de Jehová es la que añade riqueza sin tristeza (Proverbios 10:22).

    Los bienes espirituales lo son para el alma, el vivo ejercicio de la gracia en nosotros. Tenemos fe, confianza, salvación eterna, la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Poseemos la garantía de la redención final, el fruto del Espíritu, la mente de Cristo, la unción del Santo. Los bienes eternos están relacionados con los espirituales y también con los temporales, en cuanto ellos nos conducen a la meta final: a conocer al Padre como único Dios verdadero y a Jesucristo el enviado (Juan 17:3). Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman (1 Corintios 2:9). Pablo subió al paraíso y oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar (2 Corintios 2:12); esas son algunos de los bienes eternos que nos aguardan.

    Recordemos siempre que cuando somos conducidos a la realización de una actividad determinada, un trabajo específico, una aventura en el campo o en las ciudades turísticas, un estudio de esfuerzo, un aprendizaje complicado, etc., cualquier cosa que hagamos ha sido ya ordenada. Pero también han sido ordenadas las circunstancias que rodean esas acciones a realizar. Por ejemplo, si usted tiene que dictar una conferencia ante un auditorio determinado, sepa que los que lo van a oír también han sido ordenados para oírlo. Eso nos da confianza en el Padre amado que conduce a sus hijos de triunfo en triunfo, pero que aún en las caídas nos sostiene con su mano firme y con su actitud de amor.

    Al nosotros saber que nada ocurre que no cumpla el propósito propuesto en la eternidad, que nada acontece sin que la soberanía de Dios provea sus medios, estemos seguros día a día, confiados en que donde estamos ha sido el deseo del Señor que estemos. Claro está, anhelamos cambiar de domicilio, solicitar otro trabajo, buscar otra diversión, pero todos esos deseos también son colocados por Aquél que provee para su realización. En suma, lo que Dios predestinó en el pasado y cumple su ejecución con su providencia, siempre resulta para el bien de sus elegidos y para la gloria de su nombre.

    ¿No ha hecho Jehová todas las cosas para sí mismo? ¿No hizo al malo para el día malo? (Proverbios 16:4). La ira del hombre te alabará, Dios reprimirá el resto de las iras (Salmo 76:10); Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que dijo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (Isaías 46:9-10). Por supuesto que existe una gran profundidad de las riquezas y de la sabiduría de Dios, que sus juicios son insondables, que sus caminos nos resultan inescrutables. ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén (Romanos 11: 33-36).

    Estos textos mencionados, lo que se dijo antes, todo ello conduce al hecho de que todo trabaja para el beneficio de los escogidos de Dios. Si le amamos a él fue porque él nos amó primero; nadie le dio a él primero como para esperar recompensa. La soberanía de Dios hace todo posible, como para que vivamos repletos de gozo. El propósito de Dios es que todo trabaje o concurra para beneficio de sus hijos; eso lo sabemos por su palabra. En síntesis, hemos de vivir confiados, repletos de alegría, siempre de victoria en victoria porque somos más que vencedores. ¿Quién nos acusará o quién nos condenará? ¿Quién nos separará del amor de Cristo?

    Esta reflexión sobre lo acá mencionado podría resumirse como una deliciosa persuasión de la benevolencia del Señor para con nosotros. Lo sabemos por la palabra de Dios, que no miente. Sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad (Salmo 84:11). La Biblia nos dice que: el que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente (Salmo 91:1). Yacemos en el corazón de Dios, en su seno, como si fuésemos la niña de sus ojos. Por esa razón también se dijo que el que hiciere daño a uno de los pequeños del Señor le vendría calamidad segura. Como Dios es amor, si vivimos en su seno amamos no solo a Dios sino a nuestros hermanos.

    Vivir bajo la sombra de sus alas, es reposar bajo el que puede hacer todo posible. Por eso se llama Jehová, el que es, el que hace todas las cosas posibles. ¿Habrá algo que sea difícil para Él? Por Jesucristo somos preservados de la ira de Dios, del calor enfurecido de su ley, así como de la ferocidad de los que nos persiguen sin causa. En esa roca que es Cristo vivimos protegidos de las inclemencias del temporal del mundo, del principado de este mundo, de sus tinieblas y de las maquinaciones de Satanás.

    Seremos librados del lazo del cazador (recordemos a Nimrod, cazador ante Jehová, gobernante de Babilonia, donde se construyó la Torre de Babel). Estaremos protegidos con su verdad, para que no temamos al terror nocturno, ni a ninguna flecha que venga a la ventura. Veremos la recompensa de los impíos, miraremos su lugar y ya no estarán. Ellos fueron consumidos de repente, cayeron y caerán en sus propios lazos. Ninguna arma forjada contra nosotros prosperará y condenaremos toda lengua que se levante en juicio contra nosotros. Todo esto acontece porque hemos puesto a Jehová como nuestra esperanza, al Altísimo por nuestra habitación. Como Elías deberíamos decir: Vive Jehová, en cuya presencia estoy.

    Ese Dios que ha dejado su huella en el mar resulta una maravilla para sus hijos. De día y de noche nos conduce, envía a sus ángeles para que nos guarden, para no tropezar con las piedras del camino. La poesía de los Salmos posee abundantes metáforas de lo que le acontece a cada hijo del Señor, a cada miembro de su iglesia, de su asamblea de justos, los cuales fuimos justificados por medio de la fe de Jesucristo.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    destino.blogcindario.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • HABILIDAD DE DIOS

    Jehová ama y guarda lo prometido a su pueblo, con poder sacó a Israel de la esclavitud en Egipto, del azote del Faraón. Dios es fiel para guardar el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, pero dará el pago a los que le aborrecen, destruyéndolos. No se demora Jehová con el que le odia, en persona le dará el pago (Deuteronomio 7:8-10). Agrega la Escritura que no faltó de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel, sino que todo se cumplió (Josué 21:45).

    Dios tiene habilidad suficiente para cumplir todas sus promesas, tanto las hechas a sus escogidos como las prometidas a los réprobos en cuanto a fe. A éstos llama sus enemigos, a quienes odia desde antes de la fundación del mundo. Éstos serán como espinos arrancados, los cuales nadie toma con la mano.

    Para el creyente existe un trato diferente de parte del Señor. Será bienaventurado y protegido por siempre, aunque sea castigado por sus desobediencias, azotado en virtud del amor del Padre que corrige. El creyente recibirá azotes por sus iniquidades (Salmo 89:32).

    El Dios soberano hace todo posible, Jehová es su nombre, el mismo que separó las aguas del mar para que su pueblo caminase en medio, el que lo cerró cuando sus enemigos entraron en persecución. Es el mismo Dios que guió por 40 años una travesía pedagógica para que se escribiera su gloria en cuanto hacía. El que hizo caer maná del cielo, el que destruía al enemigo de su nación escogida, de donde vendría la Simiente que es Cristo.

    Hablamos del Dios de la Biblia, no de los dioses que la gente se inventa. Si Dios se determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó e hizo (Job 23:13). Pensemos que es el Dios de la providencia, lo cual quiere decir que provee para cada ocasión. Por ejemplo, proveyó para que el Faraón fuese un rey, un mandatario de acuerdo a las costumbres de su pueblo. Lo dotó de poder, de tradiciones, con un entendimiento entenebrecido para que no comprendiera quién era el verdadero Dios. Todo esto cuenta como providencia.

    Lo mismo aconteció con Judas Iscariote, creado como diablo, como hijo de destrucción para que la Escritura se cumpliese. Judas no pudo morir cuando era un niño, porque tenía una misión que aún no conocía. Judas estudió a los pies de Jesucristo, tuvo que formar parte de los doce apóstoles para poder ejercer su rol de traidor. Así que no murió ahogado en un río o en medio de una tormenta marina, no se lo tragó un tiburón, ni fue asesinado por el movimiento zelote. Jehová proveyó para sus necesidades con la finalidad de que cumpliera el fin para el que había sido creado. Los medios seguidos por el Iscariote fueron igualmente medios escogidos por Dios, en tanto es el Dios de la providencia. El que hace el fin hace también los medios para ese fin.

    De esa forma, el Faraón glorificó a Jehová al recibir la ira por el pecado, por el endurecimiento de corazón al que había sido sometido por el mismo Jehová. Y Judas también padeció por sus pecados, todos los cuales fueron anunciados por los profetas de Dios, como para indicarnos quién es el soberano absoluto. En ese diablo también Jehová llevó la gloria de su soberanía, de su justicia, como el Dios que profetiza lo que habrá de acontecer.

    El Dios de la Biblia está en control de todas las cosas. Él creó todas las cosas y las ha ordenado, incluso cualquier átomo del universo continúa bajo la supervisión del que hace todas las cosas para su propia gloria. La Biblia dice algo que debe conducirnos a reflexión: Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3). El Dios satisfecho no se siente frustrado un instante, nada se le opone, porque aún los malos que hablan en su contra y hacen maldades, todos ellos fueron creados para el día malo (Proverbios 16:4).

    La habilidad de Dios se muestra porque crea la luz y hace las tinieblas, hace la paz y crea la adversidad; tiene al corazón del gobernante en sus manos, a todo lo que quiere lo inclina; la suerte misma puede ser lanzada en los dados o por cualquier otro medio, pero Jehová decide su destino. Sin la idea del Dios soberano no puede haber un Evangelio seguro, no podría existir la certeza del cumplimiento de lo que Dios ha prometido hacer.

    Jehová el grande, el Señor de todo cuanto existe, anuncia cosas antes de que salgan a la luz, y las hace notorias (Isaías 42:9). Jesucristo iba conforme a lo que había sido determinado, pero dio un ay contra el que lo entregaría (contra Judas, el hijo de perdición, el que iba conforme a las Escrituras). Vemos absoluta predestinación en esta declaratoria de Jesús. Pedro, en su primer discurso, habló del Señor diciéndonos que había sido entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendido y matado por manos de inicuos, crucificándole (Hechos 2:23). Más adelante, en el libro de los Hechos, capítulo 4, versos 27 y 28, nos resume la soberanía de Dios en la crucifixión del Hijo. Los gentiles, el pueblo de Israel, junto a Herodes y Poncio Pilato, se unieron para hacer cuanto la mano y el consejo de Dios habían antes determinado que sucediera.

    El peor evento en la historia, la crucifixión del siervo justo, del Hijo de Dios, el que no había cometido pecado, fue planificado, anunciado a los profetas y ejecutado en el tiempo previsto, de acuerdo a los designios específicos de Dios mismo. ¿Habrá algo que sea difícil para Él? ¿No es Jehová Dios de toda carne? De Él es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan. Lo más hermoso es que nada falta a los que le temen.

    César Paredes

    retor7@yahoo.com

    destino.blogcindario.com

    absolutasoberaniadedios.org

  • EL TODOPODEROSO (παντοκράτωρ)

    Jehová, El Shaddai, el que gobierna con mano dura, el que destruye y aflige. Por igual puede entenderse que puede hacer cualquier cosa, como el Jehová que hace todo posible. Un relato en el libro de Rut nos prueba lo dicho acá, donde se dice que Noemí no quiso que la llamaran por su nombre, que significa dulce, sino que ahora le dijeran Mara, lo cual posee el significado de amargo. La razón que dio fue la siguiente: Porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso (Shaddai) (Rut 1:20). Es el mismo Dios del Nuevo Testamento, el que en lengua griega se nombra como el Pantokrátor (παντοκράτωρ).

    Por igual el Todopoderoso bendice y nos fructifica, nos hace felices cuando nos corrige y castiga. Grande en justicia y poder, el que proyecta su sombra desde sus espacios secretos para que descansemos en su protección (Salmo 91:1). Ese Todopoderoso Dios funge como nuestro Padre y nosotros somos para Él hijos e hijas (2 Corintios 6:18). Se denomina a Sí mismo como el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todas las cosas.

    Si declaró que hizo el universo en seis días, hemos de creerlo porque no miente. Su poder le permite hacer como quiera, desde elegir a alguien para redimirlo hasta reprobar a Esaú sin mirar en sus obras. ¿Quién puede resistirse a su voluntad? Si dijo algo de seguro lo hará. Ah, pero nada falta a los que le temen, no tendremos falta de ningún bien. Si habló del infierno de eterna condenación, hemos de creerle porque cumple lo que dice. De nada le vale al hombre ganar el mundo y perder su alma, mejor sería entrar renco en el reino de los cielos que con dos pies rectos ser lanzado al lago de fuego.

    Su infinito poder nos conduce a entender que aún los pensamientos de las personas malvadas son controlados por el Todopoderoso. Si ustedes miran Deuteronomio 2:30 se darán cuenta de lo que aconteció en la vida de un poderoso rey de Hesbón, a quien Jehová le endureció su espíritu, haciendo obstinado su corazón, de manera que fuese entregado en manos de los israelitas para ajusticiarlo. La Biblia quiere enseñarnos no solamente que Dios todo lo puede, sino que aún los eventos en los que vemos adversidades son planificados por Él. Siempre habrá dos perspectivas, la de nuestros enemigos como actores voluntarios para buscar causarnos pesar y la del Señor que todo lo puede, el cual envía la calamidad para fortalecernos y glorificarse.

    El corazón del rey está en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1). La capacidad de acción del Todopoderoso hace posible cumplir todas sus promesas. Si Él estuviera limitado en algunos aspectos de su existir, podría fallar en lo que se haya propuesto. Pero aún al malo creó Dios para el día malo (Proverbios 16:4), lo cual sugiere que debemos reconocer que Jehová todo lo cubre. En Él vivimos, nos movemos y somos, con la fortuna de haber sido declarados sus hijos, por lo tanto herederos de su trono. La soberanía del Señor conviene examinarla, para comprender que no tiene límite alguno, para poder refugiarnos en sus parámetros (todas las cosas nos ayudan a bien…Romanos 8:28).

    Esa capacidad de hacer cuanto quiere le ha permitido declarar el final desde el principio (Isaías 46:10). De allí que haya dicho que su consejo permanecerá y hará lo que quiere. Dios sometió el mundo a vanidad, pero nos dio esperanza en Cristo a los que conformamos su pueblo elegido. No quiso hacerlo con cada uno de los seres humanos, pero escogió lo necio del mundo, lo que no es para deshacer a lo que es (o que cree serlo). A Pablo le dijo que su poder se perfeccionaba en la debilidad del apóstol, lo que nos enseña a conocer nuestros límites que Él también impuso para maravillarnos de su majestuoso poder.

    La ceremonia de la Pascua instaurada en el pueblo de Israel, conmemora la liberación de la esclavitud en Egipto. Faraón fue endurecido por Jehová, como se lo prometió a Moisés. Faraón no pudo liberar a Israel antes de tiempo, antes de Jehová manifestar su gloria por medio de las plagas enviadas. Si el Faraón hubiese actuado de buena fe, de seguro Israel no hubiese mirado a Jehová como el Todopoderoso que se impuso sobre aquel tirano. Todo tiene su tiempo porque Dios busca su gloria, para que no desesperemos cuando nos parece tarde su llegada.

    Esa pascua señalaba a Jesucristo porque por medio de su sangre derramada en la cruz se limpiaron todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21). Por esa razón Jesucristo ha sido declarado nuestra pascua (1 Corintios 5:7), porque Dios pasó por alto en virtud de su sacrificio todos los pecados de aquellos por quienes rogó la noche antes de morir (Juan 17). El soberano Señor, que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay, es el mismo que ordenó que se reunieran jefes de la tierra y mucha gente contra su Hijo Jesús, para hacer cuando su mano y consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4:27-28).

    Aún Judas Iscariote, el traidor, había sido ordenado como el hijo de perdición sobre quien Jesús lanzó un ay. Dios ha formado vasos de ira (los réprobos en cuanto a fe) y vasos de misericordia (los elegidos para vida eterna).

    Fijémonos por un momento en unos textos de Apocalipsis. En el capítulo 17 verso 17 podemos constatar que existe gente a quienes Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Entregarle el reino a la bestia (anticristo) debe ser algo terrible, pero Dios hace que la gente se ponga de acuerdo (en forma natural) y cumpla todo el propósito planeado desde antes de la fundación del mundo. Esa gente forma parte de los vasos de ira preparados para ira y destrucción eterna, para ir al lago de fuego que no se apaga y donde el gusano de ellos no muere. Allí será el lloro y el crujir de dientes. Eso lo ha hecho Dios en su soberanía y voluntad inquebrantable.

    En Apocalipsis 13:8 se describe la adoración a la bestia por parte de aquellos moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero desde el principio del mundo. Es decir, Dios no escribió sus nombres en el libro de la vida sino en el de la muerte eterna. Asimismo hizo con Esaú, a quien odió desde antes de ser concebido, antes de que hiciese bien o mal (Romanos 9:11). Si quiere otro texto acá va Apocalipsis 17:8, referido a la misma idea: Habla de la bestia que está para subir del abismo e ir a perdición, ante la que los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida, se asombrarán viendo a la bestia que era y no es, y será.

    Tal vez alguno todavía ose pensar que Dios previó mirando en los corazones de los hombres y de allí eligió a los más sensatos (o menos insensatos). Eso lo haría un Dios que no fuese omnisciente y que tenga que averiguar el futuro en los corazones humanos. Tal divinidad sería un Dios impreciso porque la volubilidad humana de seguro haría fracasar su esfuerzo profético. Pero la Biblia todavía apunta al respecto, para dejar en claro la voluntad del Creador: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (al verdadero Dios), no hay quien haga lo bueno. Todos se desviaron, cada cual se apartó por su camino, han muerto en sus delitos y pecados. ¿Cómo puede Dios encontrar sanidad en un espíritu muero y en un corazón acostumbrado a hacer el mal? De seguro no encontró quien lo siguiera, como para que nadie se jactara y pensara que fue su obra la que lo hizo ser más astuto que el que se condena.

    Dios hizo la salvación de pura gracia, no por obras para que nadie se gloríe. La salvación, la gracia y la fe son un regalo de Dios (Efesios 2:8), de manera que la gloria que el Padre le da al Hijo dependa de Él y no de nosotros. Esa es la doctrina de Jesucristo, la misma que el Padre le dio, por lo cual aseguró que nadie puede venir a él si el Padre no lo trajere para resucitarlo en el día final, y para no echarlo fuera. Citó el Señor una profecía antigua: Serán enseñados por Dios y, habiendo aprendido, vendrán a mí (Juan 6:45). Los que enseñan otro evangelio son declarados malditos, fuera de la bendición del Altísimo. Ese otro evangelio resulta más atractivo par los oídos de la muchedumbre, por cuya razón se predica continuamente desde múltiples púlpitos eclesiásticos. Esa doctrina espuria no pertenece a Jesucristo, sino a la serpiente antigua, la que también fue preparada para destrucción de muchos.

    Salid de Babilonia, pueblo mío (Apocalipsis 18:4).

    César Paredes

    absolutasoberaniadedios.org

    cesarparedes@absolutasoberaniadedios.org