EL TODOPODEROSO (παντοκράτωρ)

Jehová, El Shaddai, el que gobierna con mano dura, el que destruye y aflige. Por igual puede entenderse que puede hacer cualquier cosa, como el Jehová que hace todo posible. Un relato en el libro de Rut nos prueba lo dicho acá, donde se dice que Noemí no quiso que la llamaran por su nombre, que significa dulce, sino que ahora le dijeran Mara, lo cual posee el significado de amargo. La razón que dio fue la siguiente: Porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso (Shaddai) (Rut 1:20). Es el mismo Dios del Nuevo Testamento, el que en lengua griega se nombra como el Pantokrátor (παντοκράτωρ).

Por igual el Todopoderoso bendice y nos fructifica, nos hace felices cuando nos corrige y castiga. Grande en justicia y poder, el que proyecta su sombra desde sus espacios secretos para que descansemos en su protección (Salmo 91:1). Ese Todopoderoso Dios funge como nuestro Padre y nosotros somos para Él hijos e hijas (2 Corintios 6:18). Se denomina a Sí mismo como el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todas las cosas.

Si declaró que hizo el universo en seis días, hemos de creerlo porque no miente. Su poder le permite hacer como quiera, desde elegir a alguien para redimirlo hasta reprobar a Esaú sin mirar en sus obras. ¿Quién puede resistirse a su voluntad? Si dijo algo de seguro lo hará. Ah, pero nada falta a los que le temen, no tendremos falta de ningún bien. Si habló del infierno de eterna condenación, hemos de creerle porque cumple lo que dice. De nada le vale al hombre ganar el mundo y perder su alma, mejor sería entrar renco en el reino de los cielos que con dos pies rectos ser lanzado al lago de fuego.

Su infinito poder nos conduce a entender que aún los pensamientos de las personas malvadas son controlados por el Todopoderoso. Si ustedes miran Deuteronomio 2:30 se darán cuenta de lo que aconteció en la vida de un poderoso rey de Hesbón, a quien Jehová le endureció su espíritu, haciendo obstinado su corazón, de manera que fuese entregado en manos de los israelitas para ajusticiarlo. La Biblia quiere enseñarnos no solamente que Dios todo lo puede, sino que aún los eventos en los que vemos adversidades son planificados por Él. Siempre habrá dos perspectivas, la de nuestros enemigos como actores voluntarios para buscar causarnos pesar y la del Señor que todo lo puede, el cual envía la calamidad para fortalecernos y glorificarse.

El corazón del rey está en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (Proverbios 21:1). La capacidad de acción del Todopoderoso hace posible cumplir todas sus promesas. Si Él estuviera limitado en algunos aspectos de su existir, podría fallar en lo que se haya propuesto. Pero aún al malo creó Dios para el día malo (Proverbios 16:4), lo cual sugiere que debemos reconocer que Jehová todo lo cubre. En Él vivimos, nos movemos y somos, con la fortuna de haber sido declarados sus hijos, por lo tanto herederos de su trono. La soberanía del Señor conviene examinarla, para comprender que no tiene límite alguno, para poder refugiarnos en sus parámetros (todas las cosas nos ayudan a bien…Romanos 8:28).

Esa capacidad de hacer cuanto quiere le ha permitido declarar el final desde el principio (Isaías 46:10). De allí que haya dicho que su consejo permanecerá y hará lo que quiere. Dios sometió el mundo a vanidad, pero nos dio esperanza en Cristo a los que conformamos su pueblo elegido. No quiso hacerlo con cada uno de los seres humanos, pero escogió lo necio del mundo, lo que no es para deshacer a lo que es (o que cree serlo). A Pablo le dijo que su poder se perfeccionaba en la debilidad del apóstol, lo que nos enseña a conocer nuestros límites que Él también impuso para maravillarnos de su majestuoso poder.

La ceremonia de la Pascua instaurada en el pueblo de Israel, conmemora la liberación de la esclavitud en Egipto. Faraón fue endurecido por Jehová, como se lo prometió a Moisés. Faraón no pudo liberar a Israel antes de tiempo, antes de Jehová manifestar su gloria por medio de las plagas enviadas. Si el Faraón hubiese actuado de buena fe, de seguro Israel no hubiese mirado a Jehová como el Todopoderoso que se impuso sobre aquel tirano. Todo tiene su tiempo porque Dios busca su gloria, para que no desesperemos cuando nos parece tarde su llegada.

Esa pascua señalaba a Jesucristo porque por medio de su sangre derramada en la cruz se limpiaron todos los pecados de su pueblo (Mateo 1:21). Por esa razón Jesucristo ha sido declarado nuestra pascua (1 Corintios 5:7), porque Dios pasó por alto en virtud de su sacrificio todos los pecados de aquellos por quienes rogó la noche antes de morir (Juan 17). El soberano Señor, que hizo los cielos y la tierra, el mar y todo lo que hay, es el mismo que ordenó que se reunieran jefes de la tierra y mucha gente contra su Hijo Jesús, para hacer cuando su mano y consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4:27-28).

Aún Judas Iscariote, el traidor, había sido ordenado como el hijo de perdición sobre quien Jesús lanzó un ay. Dios ha formado vasos de ira (los réprobos en cuanto a fe) y vasos de misericordia (los elegidos para vida eterna).

Fijémonos por un momento en unos textos de Apocalipsis. En el capítulo 17 verso 17 podemos constatar que existe gente a quienes Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. Entregarle el reino a la bestia (anticristo) debe ser algo terrible, pero Dios hace que la gente se ponga de acuerdo (en forma natural) y cumpla todo el propósito planeado desde antes de la fundación del mundo. Esa gente forma parte de los vasos de ira preparados para ira y destrucción eterna, para ir al lago de fuego que no se apaga y donde el gusano de ellos no muere. Allí será el lloro y el crujir de dientes. Eso lo ha hecho Dios en su soberanía y voluntad inquebrantable.

En Apocalipsis 13:8 se describe la adoración a la bestia por parte de aquellos moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero desde el principio del mundo. Es decir, Dios no escribió sus nombres en el libro de la vida sino en el de la muerte eterna. Asimismo hizo con Esaú, a quien odió desde antes de ser concebido, antes de que hiciese bien o mal (Romanos 9:11). Si quiere otro texto acá va Apocalipsis 17:8, referido a la misma idea: Habla de la bestia que está para subir del abismo e ir a perdición, ante la que los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida, se asombrarán viendo a la bestia que era y no es, y será.

Tal vez alguno todavía ose pensar que Dios previó mirando en los corazones de los hombres y de allí eligió a los más sensatos (o menos insensatos). Eso lo haría un Dios que no fuese omnisciente y que tenga que averiguar el futuro en los corazones humanos. Tal divinidad sería un Dios impreciso porque la volubilidad humana de seguro haría fracasar su esfuerzo profético. Pero la Biblia todavía apunta al respecto, para dejar en claro la voluntad del Creador: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (al verdadero Dios), no hay quien haga lo bueno. Todos se desviaron, cada cual se apartó por su camino, han muerto en sus delitos y pecados. ¿Cómo puede Dios encontrar sanidad en un espíritu muero y en un corazón acostumbrado a hacer el mal? De seguro no encontró quien lo siguiera, como para que nadie se jactara y pensara que fue su obra la que lo hizo ser más astuto que el que se condena.

Dios hizo la salvación de pura gracia, no por obras para que nadie se gloríe. La salvación, la gracia y la fe son un regalo de Dios (Efesios 2:8), de manera que la gloria que el Padre le da al Hijo dependa de Él y no de nosotros. Esa es la doctrina de Jesucristo, la misma que el Padre le dio, por lo cual aseguró que nadie puede venir a él si el Padre no lo trajere para resucitarlo en el día final, y para no echarlo fuera. Citó el Señor una profecía antigua: Serán enseñados por Dios y, habiendo aprendido, vendrán a mí (Juan 6:45). Los que enseñan otro evangelio son declarados malditos, fuera de la bendición del Altísimo. Ese otro evangelio resulta más atractivo par los oídos de la muchedumbre, por cuya razón se predica continuamente desde múltiples púlpitos eclesiásticos. Esa doctrina espuria no pertenece a Jesucristo, sino a la serpiente antigua, la que también fue preparada para destrucción de muchos.

Salid de Babilonia, pueblo mío (Apocalipsis 18:4).

César Paredes

absolutasoberaniadedios.org

cesarparedes@absolutasoberaniadedios.org

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