LECHE ESPIRITUAL, ROCA DE TROPIEZO

Jesús puede ser nuestro alimento, como la leche espiritual semejante que bebe el recién nacido de los senos de su madre. Muchos religiosos se intoxican con una leche adulterada, para lo cual Jesucristo vino a ser la roca de tropiezo. A veces, los que edifican iglesias olvidan la piedra del ángulo, ignorando el debido cuidado a la fundación. De la misma manera el religioso no quiere ocuparse de la doctrina de Cristo, sino del Cristo que se ama con el corazón, como si existiera divorcio entre el intelecto y el mensaje del Señor. Al ignorar la justicia de Dios, muchos colocan la suya propia: yo hice, yo decidí, yo decreto y un etcétera de disparates que demuestran que no han nacido de nuevo.

El árbol bueno no dará jamás un fruto malo, sino que el fruto bueno será su señal. Asimismo todo aquel que ha nacido del Espíritu hablará la doctrina que posee en su corazón, como la buena savia del árbol bueno. La Biblia nos ha señalado como buen olor de Dios por causa de Cristo, en aquellos que han sido rescatados de las tinieblas a la luz, así como en los perdidos. Pero en los que se salvan somos olor de vida para vida, mas en los que se pierden olor de muerte para muerte. Sin embargo, la Escritura señala que en ambos casos somos buen olor.

Piedra de tropiezo y roca de caída viene a ser el Señor para la casa de Israel, para el mundo en general. Una trampa donde caen muchos, por su hábito religioso al que se aferran divorciándose de su doctrina (Isaías 8:13-18). Cuando Simeón recibió al niño en sus brazos lo declaró su Maestro, declaró que había visto la Salvación preparada para las gentes. Esa era la luz dada como revelación para las naciones, la gloria del pueblo de Israel. Dijo también que ese niño había venido al mundo para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y por una señal en contra, una espada con la cual se herirían las almas hasta escrutar sus corazones y pensamientos (Lucas 2:25-35).

La preciosa piedra fundacional ha sido colocada para que los que creamos en él no seamos jamás avergonzados. Pero los desobedientes que rechazan esa piedra de fundación la tendrán como roca de tropiezo, de ofensa, y continuarán en desobediencia a la palabra, para la cual fueron ordenados (1 Pedro 2:8). Los que se ufanan de su religión pero desprecian la doctrina del Señor tienen una espada sobre sus cabezas, si no les es dado arrepentimiento para perdón de pecados serán consumidos en su espíritu.

El mundo todo está bajo el maligno, pero la iglesia es de Cristo. Somos la luz en medio de un universo de tinieblas, sal de la tierra, pero si nuestra doctrina se desvanece desaparece la salinidad y la lumbrera. Ocupaos de la doctrina, le dice Pablo a Timoteo, porque haciendo eso ayudaría a salvar a muchos. La doctrina de Cristo está en las Escrituras, pero muchos la desprecian porque asumirla implicaría deambular como Elías en la soledad del arroyo. La gente canta que no le importa de dónde viene el otro si está tan solo detrás del Calvario, pero eso es una expresión genérica que no salva. Maldito será aquel que trae una doctrina diferente a la enseñada por los apóstoles, sin que importe que diga que está detrás del Calvario.

Jesús no puede ser una palabra vacía que cada quien llene a su antojo. Hay gente que se apega a ese nombre pero detesta el Antiguo Testamento, como si no fuese un anuncio de lo que vendría como Nuevo. Otros se dan al novedoso estilo mesiánico, como si pronunciar palabras en hebreo les diese más cercanía con el Todopoderoso. Se olvidan de que la lengua hebrea viene de los semitas, es lengua pagana como todas las lenguas del mundo. Dios usó a Abraham y lo llamó de la idolatría, no lo buscó porque viera en él una línea de pureza espiritual. Abraham fue llamado junto con su lengua, del foso del pecado, del mundo en que habitaba: su tierra y su parentela. A partir de allí Dios se manifestó públicamente a través de una nación nacida de los lomos del patriarca. Esa nación fue conocida como el pueblo del libro, al igual que nosotros los que leemos las Escrituras.

Pero sabido es que no bastaba con leer la Torá, como tampoco basta con leer toda la Biblia. Hay que comprenderla y ponerla por obra, sin que seamos oidores olvidadizos. Por la soberbia de corazón vino la caída de Israel, a quien le ha acontecido endurecimiento en parte. Nosotros fuimos injertados en ese Israel que dio paso a los gentiles (al resto del mundo) pero siempre seremos salvos por gracia, como todos los salvados, incluidos los del Antiguo Testamento. Ellos daban al sacerdote la ofrenda para el sacrificio, pero como sombra de lo que habría de venir. Si el Mesías Cordero no estaba presente en la intención del oferente, al ofrendar en memoria de su futura labor, el oficio sacerdotal hubiese sido en vano.

El llamado general del evangelio dice que hemos de reconciliarnos con Dios, hemos de creer la buena noticia y de arrepentirnos: cambiar nuestra mentalidad (metanoia). Sabemos que Dios es Todopoderoso y soberano, que la criatura debe un juicio de rendición de cuentas y ha de humillarse porque por sí misma no puede encontrar gracia. El arrepentimiento para perdón de pecados nos permite la debida humildad ante el Hacedor de todo. Cristo derramó su sangre por los pecados de su pueblo (Mateo 1:21), rogó por los que el Padre le había dado y le seguiría dando (Juan 17:20), pero no murió por los cabritos (Mateo 25:33) ni por el mundo por el cual no rogó (Juan 17:9).

En realidad, Jesús murió como el buen pastor que dio su vida por las ovejas (Juan 10:11). La condición de ser oveja la da el Padre desde la eternidad (Juan 10:26), por esa razón predicamos el evangelio para que las ovejas puedan seguir a Jesús como pastor. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera…Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre (Juan 6:37, 44, 65).

César Paredes

absolutasoberaniadedios.org

cesarparedes@absolutasoberaniadedios.org

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