Cuando Dios llama de manera eficaz a uno de sus elegidos para vida eterna, no lo hace a expensas de su justicia o de la ignorancia del evangelio. De su justicia por cuanto ya Cristo pagó por esos pecados de su pueblo (sus elegidos, los hijos que Dios le dio, el fruto de su aflicción, su linaje), de la ignorancia porque por el conocimiento del siervo justo éste justificará a muchos. Ocúpate de la doctrina, le aconsejó Pablo a Timoteo, en tanto Jesús expresaba que venía a enseñar la doctrina de su Padre. ¿De dónde ha salido esa farsa acerca de que es más importante el corazón que el intelecto?
Si Jesucristo fue descrito como el Logos (Juan 1:1), se sobreentiende que sus planteamientos fueron lógicos y que si, en consecuencia, tenemos la mente de Cristo, deberíamos pensar como él. El que una persona no sepa leer ni escribir no implica que no sepa razonar. El silogismo viene a ser una forma natural de razonamiento, de manera que no vale huir de la razón. Juan habla de los transgresores de la doctrina, los que no permanecen en la enseñanza de Cristo. Los acusa como los que no tienen a Dios y tampoco al Hijo. ¿Tendrán al Espíritu Santo? Desde luego que no, por cuanto no son de Cristo.
Pero el apóstol agrega que el que reciba en su casa a cualquiera que no traiga la doctrina de Cristo se hace partícipe de sus plagas. Por supuesto, habla de aquellos que llamándose creyentes le dicen bienvenido a cualquier transgresor de la doctrina del Señor. Decir bienvenido a alguien significa participar con esa persona como si fuese un hermano en Cristo (2 Juan 1:9-10). Pero existen muchos religiosos que no desean quedarse solos en el mundo, de manera que se hacen acompañar por cuanto hombre de religión anuncia que es cristiano. En realidad, son más ecuménicos de lo que aparentan ser.
Participar de sus malas obras implica recibir al príncipe de las potestades del aire, ya que la Escritura no da espacio para un término medio. O se es de Dios o se es de Satanás, o se comulga con la doctrina de Cristo o se participa de la doctrina de Satanás. Tanto se dice esto que Pablo habla abiertamente contra los ídolos. No tiene piedad alguna para aquellos que confeccionan ídolos, él sostiene que cualquier sacrifico que se le haga a un ídolo significa que se sacrifica a los demonios. Así de simple, no dejó el apóstol lugar para un ídolo vacío de significación, como si fuese una inocente obra de arte cualquiera.
El que pervierte la doctrina de Cristo, o que la transforma negando alguno de sus puntos, no tiene comunión con el Padre Eterno sino con el padre de la mentira, llamado diablo o Satanás. Aquellos que niegan el infierno donde el fuego no se extingue ni el gusano muere, niegan parte de la doctrina de Cristo; los que niegan que Jesús murió en exclusiva por su pueblo, de acuerdo a las Escrituras (Mateo 1:21), desdicen de la doctrina de Cristo y se aferran a la enseñanza del diablo. Los que por igual niegan que Jesús es el único Mediador entre Dios y los hombres, asumen la mentira del diablo cuando sugiere que existen otros mediadores llamados santos o María su madre. Los que dudan de la encarnación de Dios, como los gnósticos que sostienen que un espíritu puro no puede habitar un cuerpo mortal, se sujetan a la doctrina del pozo del abismo. Los que dudan en cuanto a la resurrección de Jesús el Cristo también secundan la mentira del diablo, de manera que se convierten en transgresores de la doctrina del Señor.
Muchas y variadas son la formas de transgredir las enseñanzas del Señor. Quizás la más común y considerada por los mentirosos como la menos nociva, o la más engañadora, sea la que sugiere el amor universal del Padre por todos los seres humanos. Ese amor enorme porque proviene de un Ser Eterno tiene que cubrir lo suficiente a cada criatura humana, para hacer más justo al Dios que condena. No sería justo Dios si condenara a Esaú sin basarse en las malas obras del gemelo de Jacob. Por igual sostienen que aunque Jacob no merecía redención alguna, se la ganó en su lucha con Jehová a quien no dejaba hasta que no lo bendijera, que su deseo por comprar la primogenitura agradó a Dios de tal manera que lo eligió para vida eterna.
Estos transgresores exponen con una lógica retorcida, pero falazmente convincente, que Dios miró en los corredores del tiempo y vio a un grupo de gente que le deseaba. De esa manera los eligió para salvación eterna; esta doctrina sigue siendo satánica, por cuanto niega lo que Dios vio al mirar a la tierra: una humanidad muerta en delitos y pecados, que no lo buscaba a Él, apartada cada cual por su camino y sin justicia alguna.
Al mismo tiempo se sugiere en esa doctrina falsa que Dios vio lo que acontecería y se lo dictó a sus profetas. En ese contexto, aquello que afirma ser su palabra no sería más que un plagio hecho a partir de lo que vio en los corazones humanos; como si hubiese visto por igual que en cierto momento de la historia algunas personas desearan un Mesías y por esa razón se le ocurrió enviarles al Cristo. Ya lo hemos dicho en otras oportunidades, semejante Dios ha corrido con mucha suerte: 1) porque la humanidad tan voluble se mantuvo firme en sus deseos y planes; 2) porque pudo llevar a cabo su propósito surgido del corazón humano.
Transgredir la doctrina de Cristo implica también negar el propósito eterno de Dios de tener al Cordero ordenado desde antes de la fundación del mundo (1 Pedro 1:20), antes de que Adán pecara pero no por si acaso pecara sino porque Adán tenía que pecar. Se transgrede la doctrina de Cristo, cuando se presume que alguien puede acusar eficazmente a los elegidos de Dios, cuando ellos están guardados en las manos del Padre y del Hijo. Se transgrede cuando se duda del poder de esas manos y se asume que el hombre puede escaparse como si fuese un grillo que salta de esa custodia hacia el peligro de un animal feroz.
Se transgrede cuando se afirma que ni un Buda puede dañar a nadie, ya que el ídolo es nada (lo cual es una verdad a medias, porque aún siendo nada representa al demonio). Se transgrede cuando se afirma que Cristo no perdona pecados, sino solamente el Padre (negando a 1 Juan 1:1-9). Las formas de transgredir la doctrina de Cristo es muy extensa, cada creyente puede examinar esos caminos largos por donde la impiedad suele invitar. Pero lo importante de este análisis será el que nos aferremos como Timoteo hizo de acuerdo al consejo de Pablo.
De nuevo, por el conocimiento del siervo justo éste justificará a muchos. No hay justificación sin evangelio, no existe evangelio sin comprensión, Jesús no puede ser un vocablo vacío o una palabra mágica para redimir almas. Jesús significa Jehová salva, pero ese nombre fue dado en alusión a que salvaría a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Nos toca creer, pero una vez habiendo creído el Señor nos hará entender de inmediato sus enseñanzas. Él no ama la ignorancia porque no quiere que perezcamos.
César Paredes
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