Dios promete cosas y luego las da, Él posee la capacidad de hacer aquello que ha dicho que hará. Su poder sin límites no está sujeto a permiso humano, de manera que todo cuanto quiere hace. Esto conduce a muchas mentes a pensar que aunque puede cortar el mal de la tierra no desea hacerlo; pero es verdad que gobierna aún en medio de la impiedad humana. Hizo al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Él ha dicho que ante Él se doblará toda rodilla (Isaías 45:23).
Hay muchas personas que doblarán la rodilla en el día del juicio final, pero se manifiestan duras en este tiempo para inclinarse ante el Todopoderoso. Su rebeldía les asegura que Dios no existe, de lo contrario los castigaría en este momento. Pero no se han puesto a pensar que si Dios hizo al malo en realidad ellos han podido haber sido hechos para el día malo. Dios coloca en la mente de las personas el adorar a la bestia, para darle su loor y gobierno, de manera que se cumplan sus palabras (Apocalipsis 17:17). Sus profecías y promesas no tendrían sentido si no tuviese el poder y la oportunidad de cumplir lo que ha dicho.
A esa capacidad divina de cumplir sus promesas se ha denominado soberanía. Dios controla todas las cosas, todas las circunstancias, todas las personas, todos los ángeles buenos y malos. El hombre sigue siendo responsable de sus actos, más allá de que no sea libre soberanamente. ¿Quién desea altercar con el Creador de todo cuanto existe? Aún la suerte se echa en el regazo, pero de Jehová es la decisión de ella (Proverbios 16:33). Los que creen el evangelio de Cristo deben asumir que Dios es soberano absoluto, de lo contrario quedaría en suspenso cualquier cosa que haya prometido al respecto.
El trabajo de Jesús en la cruz se consumó, de forma que no quedó nada más que agregar. Jesús vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). ¿Quiénes conforman el conglomerado de su pueblo? Todos los que el Padre le dio y le seguirá dando por medio de la palabra de aquellos apóstoles, todos aquellos que Jehová llamó en el período del Antiguo Testamento. Todas esas personas que son salvas lo son por la gracia divina, no por obra humana. La ley no salvó a nadie, más bien se introdujo para que abundara el pecado. Sin ley no podría haber reconocimiento del pecado, pero Pablo aseguró que la ley de Dios está escrita en los corazones humanos, de manera que la humanidad entera queda inexcusable (Carta a los Romanos).
Dios le concedió un pueblo a su Hijo, (los hijos que Dios me dio: Hebreos 2:13), habiéndolos escogido desde antes de la fundación del mundo. Dios no escoge a nadie porque le vea méritos propios, ni persistencia ni voluntad; nos escogió desde la eternidad por el puro afecto de su voluntad. Si la predestinación hubiese estado adscrita a la voluntad humana, habría que reescribirla muy a menudo porque el corazón del hombre es cambiante. Dios ordena a unos para salvación (Hechos 13:48) y a otros para reprobación (Romanos 9:11-13). He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas, antes que salgan a la luz, yo os las haré notorias (Isaías 42:9). De la bestia dice la Biblia: Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo (Apocalipsis 13:8; véase Apocalipsis 17:8).
El Dios que promete y cumple viene como Providencia, todas las cosas ha ordenado para el beneficio de sus elegidos. A los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien; esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28). Esta aseveración del Espíritu, por medio del apóstol Pablo, viene como una promesa. Todo nos ayuda a bien, aún aquello que nos parece turbio; nuestra fe da para eso y para mucho más, porque ella viene en suficiente medida de acuerdo a su dador. Los escritos del Antiguo Testamento parecen historias amenas y fantásticas, pero traen teología para el alma del creyente. Unos gemelos que luchaban en el vientre de su madre, mostraban la voluntad eterna de Dios en la elección y reprobación. Abraham envía a uno de sus siervos a encontrar esposa para su hijo Isaac. El criado obedeció cada instrucción por medio de la cual se vio la providencia del Señor (Génesis 23 y 24).
El poder de Satanás exhibe nuestra debilidad, la descubre, por lo que nos ayuda a bien. De esa manera, conscientes más de que dependemos del Señor, acudimos al que provee con eficacia. No cae a tierra ni un pájaro sin que el Padre Celestial lo ordene, incluso los cabellos de nuestras cabezas están contados. El que cree tiene todo como posible, dentro de la sensatez que el Espíritu nos trae. El Dios de orden hace ordenadamente todas las cosas, como se muestra en la narrativa de la Creación.
Amar a Dios no se presupone una actividad natural en el hombre caído; en cambio, cuando Dios nos ha amado le amamos a Él en consecuencia. Por esa razón todas las cosas concurren, operan para bien nuestro. Claro está, el que ha sido beneficiado con la gracia divina tiene todo lo demás por añadidura.
La historia del profeta Elías muestra en forma abundante al Dios que provee. Mientras oraba por lluvia su siervo se asomaba hacia el mar, pero el profeta seguía orando; a la séptima vez el criado exclamó que había visto una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre. Eso fue suficiente para advertirle al rey Acab acerca del aguacero que se avecinaba (1 Reyes 18:42-44). Vemos al Dios de la providencia, el que controla los elementos de la naturaleza que creó. Dios es el Señor de toda carne, nada hay difícil para Él.
Poder proveer para las necesidades de todos sus hijos implica tener poder absoluto en toda su creación y dominio. El que predestina el fin hace igual con los medios para alcanzar dicho fin. Con esto dicho podemos confiar plenamente en que llegaremos adonde Dios ha marcado que lleguemos. De allí que cada hijo suyo puede orar que se haga la voluntad de Dios, ya que eso es suficiente.
César Paredes
retor7 @yahoo.com
absolutasoberaniadedios.org
Deja un comentario