Si la premisa de la cual se parte subyace en el error, su derivación resulta errónea. Poco importa que se invente un conocimiento medio en el intento de reconciliar con nuestro a priori lo que nos incomoda. Dios ha ordenado todo cuanto acontece, a menos que Dios tome en cuenta todos los parámetros de la voluntad humana para predecir el futuro. Son dos posiciones antagónicas, si bien la segunda se muestra más noble con el alma humana. A esta última se ha denominado el conocimiento medio, quizás en un préstamo del concepto del justo medio de Aristóteles.
Incluso el Derecho recomienda en su doctrina el justo medio en el reparto: si alguien debe entregar un ganado a un acreedor, podría escoger lo mediado (ni las vacas más gordas ni las vacas más flacas). A partir de la Reforma Protestante salió a la palestra teológica lo que la Biblia dice respecto a la forma en que Dios gobierna el mundo. Con la Biblia represada en los púlpitos (literalmente encadenada), sujeta a interpretación de la denominada iglesia, la teología había permanecido escondida y mutilada. Con la Reforma surgen interpretaciones diversas de las Escrituras, en el intento de dilucidar lo que sus páginas dicen. Como parte de la Contrarreforma aparece la tesis jesuita de Luis de Molina, reconocida luego como Molinismo. Desde esa perspectiva se señala el punto medio, de manera que se tenga en cuenta no solo la voluntad divina sino también las acciones libres de los seres humanos.
El concepto de predestinación manejado en las Escrituras salió a la luz pero Roma se enfadó. Su doctrina contraria (la teología de las obras) tenía que ser defendida, a como diera lugar. La teología romana penetró las filas del protestantismo con Jacobo Arminio, un protestante que defendía el molinismo. Dios no causaba que alguien se arrepintiera y creyera, sino que el pecador cooperaba con Dios para lograr la proposición graciosa de la salvación. La gracia de Dios pasa ahora a ser una promesa resistible, ya que Dios como Caballero no obliga a nadie a salvarse. Más bien, para el Molinismo, el Dios de las Escrituras se despoja por un momento de su soberanía absoluta y permite que la criatura en forma libre decida su destino final.
Sabemos que esto agrada a los oídos de las iglesias, que esta teología molinista o arminiana se hace fácil de oír. Es el encuentro de dos trabajos, el divino y el humano (sinergia). Por esa razón también se entiende que Dios dirige los eventos del mundo a través de un conocimiento medio, una evaluación entre los actos de la criatura libre que escogerá de acuerdo a las circunstancias un destino determinado. Dios pasa a ver el futuro en una súper bola de cristal que le indica las acciones a tomar, muchas posibilidades de acuerdo a los muchos futuros abiertos. A esto se le conoce como teísmo abierto, corriente teológica que agrada al oído de muchos feligreses.
No se estaría frente al Dios invasor de las Escrituras (Juan 6), sino ante un Dios reinterpretado por la tradición eclesiástica y sazonado con la filosofía griega (Aristóteles). Dado que ese Dios molinista-arminiano no causa que los seres humanos tomen decisiones, dicha divinidad se dedica a aprovechar las circunstancias por medio de su conocimiento medio de las cosas. Han llegado a decir que Dios preordena todas las cosas, incluso las libres escogencias de sus criaturas. La Biblia nos habla del Dios que hizo al malo para el día malo, que escogió a Judas como diablo, que odió a Esaú antes de que hiciera bien o mal. Algo no cuadra entre la Biblia y la visión molinista-arminiana, lo cual nos lleva a pensar que en esa visión se han separado de múltiples textos de la Escritura y del sentido general de ella, cuando la Escritura nos habla del Dios soberano que hace como quiere y que no tiene consejero. El corazón del rey está en las manos de Jehová, a todo lo que quiere lo inclina (es decir, Jehová no mira las circunstancias libres del rey, sino que actúa sobre su voluntad sin tomar en cuenta aquello que no existe: la libertad del rey).
El Dios de la Biblia no se manifiesta como conocedor de las circunstancias para poder actuar en consecuencia; más bien Dios crea las circunstancias y no toma en cuenta la ficción del libre albedrío. En Juan 6 el Señor le dice a la multitud beneficiaria del milagro de los panes y los peces que ellos no pueden acudir a él si el Padre no los ha traído. Esto enfureció a la masa y esa gente se dio a la murmuración, profiriendo palabras acerca de esa teología: dijeron que las palabras de Jesús eran duras de oír. Nada distinto ocurre 2000 años después, por lo cual los púlpitos acomodan su verbo para que la gente no se les escape.
El Dios de las Escrituras no necesita el conocimiento medio para poder predecir eventos. Pero los molinistas prefieren un dios que distinga lo posible de lo probable, y se sujete solamente a lo probable (por el resultado del análisis de las circunstancias que llevan al conocimiento medio). La Biblia, por su parte, declara que para Dios no hay nada imposible (sea posible o probable). Dios habló y la luz fue hecha, por su palabra creemos haber sido constituido el universo. Tememos a aquel que puede echar el cuerpo y el alma en el infierno, no a aquel que tiene que pedir permiso a la libertad humana para poder llevarse un alma al cielo.
Si Dios actuara y conociera solamente de acuerdo a las circunstancias, sería un Dios con mucha suerte. Vio en el túnel del tiempo una serie de condiciones que permitirían enviar al Hijo Salvador para que lo crucificaran; como lo vio lo profetizó y para el beneficio de su reputación como Dios veraz la masa cumplió lo previsto. Pedro y Juan dijeron: Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera (Hechos 4: 27-28).
Para los molinistas y arminianos, Dios determinó que sucediera aquello que Herodes y Poncio Pilato determinaron de antemano hacer. En otros términos, Dios depende del criterio humano para poder profetizar y se puede considerar un Ser con mucha suerte, ya que aquello que descubre en el corazón de la gente se realiza a pesar de lo voluble del alma humana. El conocimiento medio alegra el alma intelectual porque le deja respiro a su voluntad, ya que puede contemplar un Dios no invasivo sino comprensivo.
La Biblia continúa categórica con el anuncio de un Dios Todopoderoso, cuyos propósitos no pueden ser torcidos (Job 42:1-2), sino que permanecen por siempre (Salmo 19:21). Si el Dios de los ejércitos planifica algo, ¿quién puede anularlo? Si su mano señala al frente, ¿quién la tornará atrás? (Isaías 14:25,27). El Dios infalible de las Escrituras no reposa en la fragilidad de la voluntad humana, sus decretos no se dictaron previendo lo que el ser humano decidiría. Al contrario, Esaú tomó el destino que le fue señalado, al igual que el Faraón de Egipto. Por esa razón se levanta la objeción contra le Hacedor de todo: ¿Por qué, pues, Dios inculpa? Pues, ¿quién puede resistirse a su voluntad?
Esa objeción natural del alma caída abre el camino para que aparezca el molinismo-arminianismo, en el discurrir sobre la libertad del hombre para que Dios sea realmente justo al condenar. Le cuesta al hombre doblar su cerviz ante el Todopoderoso, pero Él ha prometido que toda rodilla se doblará ante su presencia. Lamentable para muchos que lo hagan cuando estén en el juicio final, no habiéndolo hecho antes. De todos modos, ya la Escritura se los dijo: Fueron ordenados para tropezar en la roca que es Cristo (1 Pedro 2:8).
César Paredes
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