SUFICIENCIA DE LA ESCRITURA

Suficiente para vivir bajo el conocimiento de Dios, abundante para la piedad, pero jamás para la interpretación privada sino pública. La publicidad de la Escritura acaba con el mito del subjetivismo, como si a unos hablara algo y a otros lo contrario. Puede ser que ella no produzca los mismos frutos en todos los que la leen o escuchan, porque a unos los llevará a Cristo pero en otros producirá mayor condenación. Sin embargo, toda la Escritura viene por inspiración divina, lo cual implica que no necesita suplemento que añada, ni censurador que le quite.

Ni nuevas revelaciones ni ninguna interpretación del Magisterio alumbrará el alma del creyente, pero sí que servirá al espíritu de estupor para terminar de perder al que no ama la verdad. ¿Le añades a la Escritura? Ella te reprenderá y te encontrará mentiroso (Proverbios 30:6). El que le añada o le quite no tendrá parte en el libro de la vida, sino que recibirá las plagas que relata el libro (Apocalipsis 22:18-19). Algo parecido a lo dicho por Juan en una de sus cartas, cuando se refería a los que le dicen bienvenido (espiritualmente) al que no trae la doctrina de Cristo.

La Escritura nos ordena probar los espíritus, para ver si don de Dios. La razón que esgrime se basa en que han salido por el mundo muchos falos profetas o maestros de mentiras (1 Juan 4:1; Jeremías 23). El Continuacionismo se conoce como la estructura o concepto que engloba la idea de una revelación continuada. A ellos pertenecen los que agregan nuevas revelaciones, los que utilizan el viejo don de lenguas (uno de los dones especiales que cesaron con la llegada de lo perfecto: la Escritura completa), para dar rienda suelta a sus interpretaciones privadas. Dentro del Continuacionismo subyace el Magisterio romano o la tradición oral (interpretaciones expertas), pero que se extiende por igual a la corriente protestante.

Pareciera que la Escritura no tuviese suficiencia, por lo que ahora los youtubers tienen trabajo en exceso y videntes a granel, ya que se dan a la tarea de reinterpretar para las masas bajo la unción del sofisma, con el ardid de las lenguas originales de la Biblia que a ellos les agrada pronunciar. El grupo de los judíos mesiánicos tiene experiencia en esa tarea, al igual que los que se vuelven a la ley, los que trabajan con una filología esotérica y dejan perpleja a la feligresía ya perdida en el espíritu de estupor. Ahora se guardan las viejas fiestas religiosas de la ley de Moisés, como si de esa manera se rectificara algo que la iglesia hubiese olvidado por siglos. Pablo les dio una admonición a los Gálatas llamándolos insensatos, porque se volvían a guardar los meses, los años y los días. De seguro el apóstol les hablaba de sus viejas costumbres paganas, bajo supersticiones innecesarias, tal vez la astrología, los rituales extraños propios del paganismo (días festivos de la ciudad o del país). Esa admonición pudiera servir por igual a los que diciéndose cristianos intentan completar con los rituales de los judíos lo que consideran insuficiente de la Escritura.

Hay personas bajo la cultura cristiana que gustan de colocar al azar el dedo en algún texto bíblico, como para suponer que Dios les habla por ese medio. ¿Usted tiene alguna duda respecto a un acto a realizar? Entonces esa duda la despeja con lo que pudiera considerarse bibliomancia, adivinación por medio de la Escritura. Esa práctica no es apoyada por la Palabra Divina, más bien refutada se encuentra en múltiples pasajes del Antiguo Testamento, cuando Jehová habla de los que profetizan con sueños. También el Nuevo Testamento nos advierte a pedir al Señor para obtener la certeza de lo que pedimos, para descansar de todos nuestros pensamientos en torno a una preocupación. Jamás se nos sugiere la práctica esotérica con la Biblia o la interpretación privada de las Escrituras.

Los que sugieren que una imagen puede ayudarles a inspirarse o a concentrarse en el Dios de la Biblia, deberían recordar que la Escritura habla en contra de ellas y advierte sobre su peligro. Incluso la antigua imagen de bronce o escultura en forma de serpiente, levantada en el desierto, tuvo que ser derribada por ser objeto de idolatría entre la gente de Israel. Los efesios conversos destruían las imágenes de Diana a quienes antes adoraban, lo cual da un indicio de que la imagen misma era un símbolo peligroso de su idolatría. No era solamente una evocación a la verdadera Diana sino que esa imagen o escultura de la diosa constituía en sí misma un grave peligro. De ello nos habla Pablo cuando advierte contra los ídolos.

Lo que las gentes sacrifican a sus ídolos (imágenes de lo que creen les ayuda espiritualmente) a los demonios sacrifican (1 Corintios 10:20). Juan nos dice en Apocalipsis 9:20 que muchos no dejan de adorar a los demonios (con las imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, que no pueden ver, ni oír, ni andar). Juan nos habla contra la idolatría, como un pecado grave ante el Señor. El sacrificio no va solo con el incienso que se les ofrece, también va con la veneración (darles un lugar de importancia), con el recuerdo (traerlos a la memoria para evocar a Dios) o con rendirles preponderancia como si fuesen un amuleto que ayuda a recordar a la divinidad.

Todo aquello que sustituye a Dios mismo, aunque usted crea que ese objeto le permita acercarse al Dios verdadero, viene como ardid demoníaco y como trampa satánica para tropezar con los demonios. Todavía hay quienes sostienen que las imágenes ayudan a comprender las Escrituras a aquellos iletrados o analfabetas. Pero la Biblia nos recuerda que cuando Jehová le dio la ley a Moisés le ordenó al pueblo escribir los mandatos en sus túnicas y en los dinteles de las puertas. No le importó a Jehová la cantidad de analfabetas del pueblo, más bien aquel mandato fue un incentivo para que aprendieran a leer.

Hay una tendencia en el hombre caído a cambiar la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles (Romanos 1:23). Nada sustituye a leer y predicar las Escrituras, además de que Dios condena cualquier práctica idolátrica, cualquier estatua de fundición que enseña mentira. El hacedor de imágenes mudas tiene un ¡ay! encima de él (Habacuc 2:19). Nada de lo que refiere al ejercicio idolátrico puede presumir de inocencia, sino que conlleva por sí una pedagogía de la mentira.

La simplicidad de la Biblia asombra, no solo por su sencillez sino porque no puede ser aceptada por un gran número de personas que se llaman a sí mismas cristianas. Estas gentes necesitan vitrales, cruces, árboles de navidad, escenas de teatro, títeres o marionetas, shows de alabanza, cualquier pretexto para que sus mentes acepten que han creído en algo tangible. Se asemejan a los discípulos descritos en Juan 6, reprendidos por Jesucristo, los que habían acudido a él sin haber sido enseñados por Dios ni enviados por el Padre al Hijo.

César Paredes

retor7@yahoo.com

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