Un llamado para el hombre perezoso y dormilón, para que mire al ínfimo insecto conocido como la hormiga. Sin tener capitán prepara en el verano su comida, volviéndose cauta para continuar su camino. El descuidado se abandona al sueño, al reposo, a la imaginación de sus castillos etéreos, pero será sorprendido en el momento de necesidad. La pobreza le será una garantía.
Estos proverbios de Salomón instruyen al sencillo, en cosas tan importantes y tan olvidadas en estos tiempos de abandono moral. En pocos versos resume lo que nos acontece por doquier como si fuese un hábito sin reproche: El que anda en perversidad de boca (malas palabras, palabras corrompidas, quejas y murmuraciones), el que guiña los ojos y habla con los pies, como señalando a escondidas o expresando rabietas, el que hace señas con los dedos (muy habitual aún entre las mujeres), posee una gran perversidad en su corazón, piensa el mal y crea discordias (Proverbios 6:12-14).
Quien así va camina contra la luz de la razón, contra el Evangelio, bajo el engaño y en blasfemia contra Dios y el hombre. Resulta asombroso que a la Bestia de Apocalipsis 13:5 también le fue dada una boca para que hablara blasfemias. Los que actúan en forma similar preparan su camino, incluso sin saberlo. Presenciamos un estado de anomia, de abandono moral que desecha la ética como norte y se acoge a la perversión. Incontables personas son amigos de las mímicas realizadas con sus manos, para hablar groserías y enfatizar su escarnio y furia.
Pensemos que la maldad produce herejías, interpretaciones privadas de las Escrituras. De error en error se avanza por el camino de la perdición, en el juego de las falsas doctrinas sazonadas con momentos de verdad. La serpiente antigua hablaba verdades a medias en el Edén, para entrampar a las criaturas humanas recién aparecidas. En realidad Adán y Eva no murieron de una vez, sino que vivieron muchos años; su muerte espiritual fue instantánea pero la medio verdad consistió en que físicamente todavía tenían por vivir. Se les abrieron los ojos, conociendo el bien y el mal, lo cual también fue una verdad a medias dicha por Satanás. A medias porque esa apertura los condujo al padecimiento por lo que acababan de aprender.
De igual forma actúan los maestros de mentiras, los que trabajan con textos de la Biblia sacados de contexto. Si Dios es amor, dicen, no castigará por la eternidad al alma humana. Si Dios es amor no puede odiar al hombre, sino solamente al pecado. Dado que Jesucristo es Dios hecho hombre, todo su trabajo en la cruz debería ser suficiente para toda la humanidad, sin excepción; lo que pasa es que no todos aceptan esa oferta lanzada desde la cruz. De esta manera se trabaja con sofismas, se exagera o minimiza la palabra de Dios hasta incurrir en falacias teológicas.
El tema de la propiciación resulta oportuno para ilustrar lo ya dicho, ya que Jesús apaciguó la ira del Padre. En ese sentido Cristo hizo el sacrificio de su vida con su sangre, cuando llegó a ser pecado por causa de su pueblo. Fue juzgado por el pecado que cargó a cuestas, el de todos sus amigos o toda su iglesia, los elegidos del Padre desde la eternidad. Resulta obvio por las Escrituras que Jesús no apaciguó la ira de Dios contra Judas Iscariote, el hijo de perdición que iba conforme a las profecías. De la misma manera podemos decir del Faraón de Egipto, o de Caín que era del maligno. Ningún réprobo en cuanto a fe tuvo el beneficio del apaciguamiento de la ira de Dios, de manera que no se puede hablar de una muerte general, por todo el mundo sin excepción.
¿Castigará dos veces Dios por el mismo pecado de una persona? No, ya que el juez justo de toda la tierra habrá de hacer lo que es justo. El acta de los decretos, que nos era contraria, fue clavada en la cruz de Cristo. Allí en el madero pagó Jesús el castigo por cada pecado de cada hijo que Dios le dio. Dios no enviará a ninguna persona al infierno, siempre y cuando el Hijo haya expiado su culpa en la cruz. En ese lugar el Señor exclamó: Consumado es (su trabajo había terminado en ese momento, el trabajo de la expiación).
Los que hemos sido beneficiados con ese trabajo de Jesucristo, hemos de darnos a la tarea de ayudar a los hermanos. Seguimos anunciando este evangelio para que las ovejas sean alcanzadas y oigan la voz del buen pastor. Pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:11), pero a los cabritos les dirá: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mateo 25:33,41). Jesús dijo en una oportunidad: Mi Padre todavía trabaja y yo trabajo (Juan 5:17). Dios no se echa al abandono ni a la negligencia, sino que nos legó el trabajo como una alegría de vida. La hormiga trabaja aunque no tenga líder que la obligue, lo cual motivó a Salomón a destacarla como ejemplo a imitar.
Nos preparamos para cuando nos demanden por la fe que tenemos, para la defensa del Evangelio. El estudio de la Biblia debe constituir una pasión en cada creyente, ya que sabemos que Jesucristo es el Logos que nos ha creado. La inmoralidad del mundo aumentada en estos últimos tiempos nos induce a la desgana por cuanto muchos seres perversos y abominables disfrutan de sus estafas, robos públicos y cuanto fruto del engaño alcanzan.
La mentira teológica ha crecido y se predica desde los púlpitos domingo a domingo. Por todo el mundo ha crecido la hierba mala de la teología de las obras según la cual Dios hizo su parte, el diablo hace la suya y a cada quien le toca responder con su libre albedrío. Ese supuesto religioso, mito del averno, envenena la fuente: ahora el hombre decide su destino final, a pesar de la terrible abominación que conlleva el que una persona a quien se le han expiado sus pecados sea enviada al infierno de condenación. Eso implicaría desvalorar la sangre de Cristo, pisotear su nombre, poder y amor eterno; como si la muerte del Señor hubiese sido en forma potencial y no actual.
A esa teología el ser humano caído todavía en delitos y pecados tiene en alta estima, ya que cumple con ciertos valores y presupuestos culturales. Contiene palabras más suaves, releva a Dios de su actividad de endurecer a quien quiere endurecer, abre camino libre para el mitológico libre albedrío que le permite al hombre finalmente decidir su destino, con independencia de su Creador.
Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras (Génesis 3:15; Daniel 9:24; Mateo 1:21; 1 Corintios 15:3). Todo lo escrito sobre el Mesías, el Cordero de Dios, se cumplió a cabalidad. Isaías habló tocante a conocer al siervo justo que justificaría a muchos. El cuento de la libertad del hombre se pone en evidencia en las enseñanzas de Jesucristo: Nadie puede venir a mí si el Padre no lo trajere; y yo lo resucitaré en el día postrero (Juan 6:44). Estas palabras enfurecieron a muchos de sus discípulos, los cuales se retiraron de él con murmuraciones. Les pareció una dura palabra de oír (Juan 6:60); se sintieron ofendidos porque el Señor había dicho que todo lo que el Padre le daba vendría inequívocamente a él y no sería echado fuera jamás (Juan 6:37). Sí, esos discípulos que lo habían seguido por mar y tierra resultaron ofendidos con sus palabras. Jesús les dijo a ellos: ¿Esto os ofende? (Juan 6:61).
Este es nuestro trabajo, anunciar por doquier a tiempo y a destiempo el Evangelio de Cristo. Nuestro trabajo sigue siendo como el de siervos inútiles, pero lo hacemos igualmente para que Satanás no gane ventaja sobre nosotros, los que somos la iglesia de Cristo (2 Corintios 2:11), porque no ignoramos sus maquinaciones. Esos planes ocultos del príncipe de este mundo llevan confusión a través de los maestros de mentiras, los profetas del falso evangelio, el espíritu de estupor que opera la mentira en los que no aman la verdad (2 Tesalonicenses 2:11).
César Paredes
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