HABILIDAD DE DIOS

Jehová ama y guarda lo prometido a su pueblo, con poder sacó a Israel de la esclavitud en Egipto, del azote del Faraón. Dios es fiel para guardar el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, pero dará el pago a los que le aborrecen, destruyéndolos. No se demora Jehová con el que le odia, en persona le dará el pago (Deuteronomio 7:8-10). Agrega la Escritura que no faltó de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel, sino que todo se cumplió (Josué 21:45).

Dios tiene habilidad suficiente para cumplir todas sus promesas, tanto las hechas a sus escogidos como las prometidas a los réprobos en cuanto a fe. A éstos llama sus enemigos, a quienes odia desde antes de la fundación del mundo. Éstos serán como espinos arrancados, los cuales nadie toma con la mano.

Para el creyente existe un trato diferente de parte del Señor. Será bienaventurado y protegido por siempre, aunque sea castigado por sus desobediencias, azotado en virtud del amor del Padre que corrige. El creyente recibirá azotes por sus iniquidades (Salmo 89:32).

El Dios soberano hace todo posible, Jehová es su nombre, el mismo que separó las aguas del mar para que su pueblo caminase en medio, el que lo cerró cuando sus enemigos entraron en persecución. Es el mismo Dios que guió por 40 años una travesía pedagógica para que se escribiera su gloria en cuanto hacía. El que hizo caer maná del cielo, el que destruía al enemigo de su nación escogida, de donde vendría la Simiente que es Cristo.

Hablamos del Dios de la Biblia, no de los dioses que la gente se inventa. Si Dios se determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó e hizo (Job 23:13). Pensemos que es el Dios de la providencia, lo cual quiere decir que provee para cada ocasión. Por ejemplo, proveyó para que el Faraón fuese un rey, un mandatario de acuerdo a las costumbres de su pueblo. Lo dotó de poder, de tradiciones, con un entendimiento entenebrecido para que no comprendiera quién era el verdadero Dios. Todo esto cuenta como providencia.

Lo mismo aconteció con Judas Iscariote, creado como diablo, como hijo de destrucción para que la Escritura se cumpliese. Judas no pudo morir cuando era un niño, porque tenía una misión que aún no conocía. Judas estudió a los pies de Jesucristo, tuvo que formar parte de los doce apóstoles para poder ejercer su rol de traidor. Así que no murió ahogado en un río o en medio de una tormenta marina, no se lo tragó un tiburón, ni fue asesinado por el movimiento zelote. Jehová proveyó para sus necesidades con la finalidad de que cumpliera el fin para el que había sido creado. Los medios seguidos por el Iscariote fueron igualmente medios escogidos por Dios, en tanto es el Dios de la providencia. El que hace el fin hace también los medios para ese fin.

De esa forma, el Faraón glorificó a Jehová al recibir la ira por el pecado, por el endurecimiento de corazón al que había sido sometido por el mismo Jehová. Y Judas también padeció por sus pecados, todos los cuales fueron anunciados por los profetas de Dios, como para indicarnos quién es el soberano absoluto. En ese diablo también Jehová llevó la gloria de su soberanía, de su justicia, como el Dios que profetiza lo que habrá de acontecer.

El Dios de la Biblia está en control de todas las cosas. Él creó todas las cosas y las ha ordenado, incluso cualquier átomo del universo continúa bajo la supervisión del que hace todas las cosas para su propia gloria. La Biblia dice algo que debe conducirnos a reflexión: Nuestro Dios está en los cielos, todo lo que quiso ha hecho (Salmo 115:3). El Dios satisfecho no se siente frustrado un instante, nada se le opone, porque aún los malos que hablan en su contra y hacen maldades, todos ellos fueron creados para el día malo (Proverbios 16:4).

La habilidad de Dios se muestra porque crea la luz y hace las tinieblas, hace la paz y crea la adversidad; tiene al corazón del gobernante en sus manos, a todo lo que quiere lo inclina; la suerte misma puede ser lanzada en los dados o por cualquier otro medio, pero Jehová decide su destino. Sin la idea del Dios soberano no puede haber un Evangelio seguro, no podría existir la certeza del cumplimiento de lo que Dios ha prometido hacer.

Jehová el grande, el Señor de todo cuanto existe, anuncia cosas antes de que salgan a la luz, y las hace notorias (Isaías 42:9). Jesucristo iba conforme a lo que había sido determinado, pero dio un ay contra el que lo entregaría (contra Judas, el hijo de perdición, el que iba conforme a las Escrituras). Vemos absoluta predestinación en esta declaratoria de Jesús. Pedro, en su primer discurso, habló del Señor diciéndonos que había sido entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendido y matado por manos de inicuos, crucificándole (Hechos 2:23). Más adelante, en el libro de los Hechos, capítulo 4, versos 27 y 28, nos resume la soberanía de Dios en la crucifixión del Hijo. Los gentiles, el pueblo de Israel, junto a Herodes y Poncio Pilato, se unieron para hacer cuanto la mano y el consejo de Dios habían antes determinado que sucediera.

El peor evento en la historia, la crucifixión del siervo justo, del Hijo de Dios, el que no había cometido pecado, fue planificado, anunciado a los profetas y ejecutado en el tiempo previsto, de acuerdo a los designios específicos de Dios mismo. ¿Habrá algo que sea difícil para Él? ¿No es Jehová Dios de toda carne? De Él es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan. Lo más hermoso es que nada falta a los que le temen.

César Paredes

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