LAS SEÑALES DE MARCOS

En Marcos 16 existe un pasaje controversial para algunos que se dedican al cultivo de la fe cristiana. Existe una pugna entre la cesación y la continuación de los dones especiales del Espíritu. Algunas personas sostienen que algunos versos de Marcos 16 son espurios, que fueron añadidos al texto de su autor. Pero el Principio de Preservación de las Escrituras no nos anima a señalar con claridad que eso fue de esa manera, ya que lo que tenemos hasta ahora se considera por materia de doctrina la palabra de Dios.

Más allá de errores de traducción, o de malas intenciones en ellas, los textos más antiguos en cuanto al Nuevo Testamento señalan que se había incorporado en ellos esos versículos. Pero tampoco damos bandera blanca a los que aman la continuidad de esos dones especiales para el día de hoy. De verdad que cuando se indica allí que hablaríamos en nuevas lenguas, la gente tiende a entender que son lenguas novedosas, como si nadie las hubiera hablado antes. Sin embargo, una nueva lengua puede ser una lengua que uno ignoraba y que ahora la descubre. Pero esa novedad no implica que ella sea realmente nueva, en el sentido de que no existiera antes de que la descubriéramos o aprendiéramos; es nueva para el que la aprende o para quien la habla, si bien ya existía en una comunidad lingüística anterior.

Cuando Pablo menciona en una de sus cartas que si él pudiera hablar en lenguas angelicales… no está afirmando que él hablaba por esa vía; además, cuando los ángeles (los mensajeros) de Dios hablaron con los humanos en la tierra lo hicieron siempre en las lenguas de los terrícolas. Pablo menciona un caso hipotético que muchos toman por literal y yerran en consecuencia.

Jesús anuncia que a los que creen les seguirán unas señales particulares: en su nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en sus manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño, impondrán sus manos sobre los enfermos y sanarán (Marcos 16:17-18). Todas esas cosas sucedieron en el nacimiento de la iglesia, hasta que vino lo perfecto. Pablo fue mordido por una víbora pero nada malo le aconteció, él dijo de sí mismo que hablaba en lenguas, muchos apóstoles sanaron enfermos, Pedro y Juan sanaron a un cojo, cuando subían al templo para orar (Hechos 3). En la iglesia primitiva muchos hablaron en lenguas, como señala el apóstol en su carta a los Corintios.

Pero también fue anunciado que los dones cesarían, cuando lo perfecto llegara. Vemos que aquel apóstol para los gentiles en quien moraba el don de sanidad, poco a poco le fue mermando esa capacidad especial. A unos hermanos en la fe tuvo que recomendarles medicina, hubo de dejarlos en algún lugar para su reposo, porque aquel don parecía abandonarlo poco a poco. Tal es el caso de su amado hermano Timoteo, a quien le recomienda que por causa de su estómago no bebiera agua sino vino. Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto enfermo (2 Timoteo 4:2).

Los dones especiales aparecen en las Escrituras en tres grandes momentos. 1) En la época de Moisés, cuando sacaba al pueblo de Dios de la esclavitud egipcia, también Josué cuando instalaba al pueblo de Dios en la nueva tierra en tanto era su nuevo líder. Esos dones especiales autenticaban a los mensajeros de Dios. Los profetas descritos en las Escrituras vivieron el poder de Dios cuando hacía milagros, pero no poseían ellos mismos tal don. Isaías, por ejemplo, oyó la voz de Dios que le preguntaba a quién enviaría (Isaías 6:8), también recibió palabra de Jehová para el rey Ezequías: morirás y no vivirás. Después de la súplica de Ezequías ante Jehová, el profeta recibió palabra del Señor y le fueron añadidos a Ezequías 15 años (Isaías 38).

Con el paganismo de Israel, vuelto a los Baales, aparece la segunda ocasión de las señales especiales. 2) Elías con dones especiales. Su palabra ordenaba acontecimientos excepcionales, para que el pueblo viera a quién servir: a Jehová o a los Baales. Su siervo Eliseo heredó ese talento de parte del Señor, porque todavía el pueblo necesitaba la prueba de los mensajeros para ver si eran o no de Dios. Pasan años y viene el siguiente momento: 3) Señor Jesucristo vino a la tierra, Dios hecho hombre, pero en él reposan los dones del Espíritu de Dios para testificar que era el enviado del Padre. Dijo que si no le creían en él deberían creer a sus obras prodigiosas (Juan 10:38). Sus apóstoles continuaron con esas señales especiales que los autenticaban como verdaderos enviados del Señor para su rebaño.

Cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará (1 Corintios 13:10). El perfecto conocimiento de Dios se obtiene de las Escrituras (si bien pasaremos la vida eterna conociendo al Padre y a Jesucristo el enviado: Juan 17). Las diversas lenguas que el apóstol hablaba como parte de un don especial, permitían una información especial, no conocida. Teniendo la Escritura terminada, a la cual no se le puede agregar nuevas profecías ni eliminar ninguna de sus partes, no conviene darse a las supuestas revelaciones con lo ya revelado. Me explico, hay gente que dice hablar en lengua extranjera pero lo que pronuncia son sonidos no doblemente articulados, aunque con grande astucia se dan a la interpretación. Puede ser que esa misma persona que habla en la supuesta lengua extranjera interprete o que otra lo haba, pero lo que interpreta no es nada nuevo (porque nada se puede añadir). ¿Qué interpreta? Simplemente dice que el Señor ha dicho tal y cual cosa, que se corrobora con la Biblia.

En otras palabras, una persona hablaría en lengua extranjera para luego traducir (interpretar) un texto de la Biblia, lo cual sería un absurdo. Si la Biblia lo dice, no se necesita repetirlo en una lengua extranjera para causar un impacto supuestamente sobrenatural en los oyentes. Si ya está en la Biblia, que se lea, no que se balbucee para luego traducir. Alguien dirá todavía que será posible para Dios darle un don de lengua extranjera a alguien que deba dar un mensaje particular a una persona que no habla su propia lengua. Bueno, para Dios no hay nada imposible, hasta la burra de Balaam reprendió al profeta (Números 22:28).

Lo que se quiere resaltar acá es que los dones especiales existieron en momentos especiales en los que el Todopoderoso respaldaba a sus mensajeros. Si Él quiere sanar a un enfermo a través de la imposición de manos de un siervo suyo, lo puede hacer. ¿Quién se lo impide? Pero nadie puede reclamar para sí ese don, como si todavía existiera como tal en forma especial para autenticarse como mensajero. ¿Alguien desea añadir palabra de Dios, como nueva revelación? ¿Acaso no le basta con aprender lo enseñado en las Escrituras? La expresión de Pablo en su Carta a los Corintios, cuando venga lo perfecto, puede hacer referencia tanto a las Escrituras completadas como a cuando estemos cara a cara con el Señor. Pero no veo obstáculo alguno en tener esas dos posibilidades al mismo tiempo: ¿Acaso el Señor no es la Palabra, el Verbo de vida? ¿No es Él el autor de las Escrituras, a través de su inspiración por medio del Espíritu Santo? Estar frente a las Escrituras se hace semejante a estar en su presencia. Al igual, cuando estemos cara a cara con Él, estaremos recordando todo aquello que aprendimos en su palabra revelada por medio de los santos hombres de Dios que fueron inspirados.

Busquemos la fe, la esperanza y el amor, como principales gracias del Espíritu de Dios. La fe que es dada por el Señor a sus escogidos (Efesios 2:8), en tanto su autor y su consumador, la que agrada a Dios (el que se acerca a Dios necesita saber que le hay). Dios no da ese don para quitárselo a sus hijos, esa fe no merma en nosotros, sino que perdura por los siglos de los siglos. Aunque cuando le veamos cara a cara, ya no necesitamos tener fe en lo que no vemos porque ya le veremos tal como es. La esperanza nos fue dada en la regeneración que hizo el Espíritu en nosotros, los elegidos del Padre. Esa esperanza no avergüenza, sino que nos hace disfrutar de las promesas divinas para los amados de Dios. Tenemos esperanza en las promesas del Señor, en su justicia y en que somos llamados justos por Aquel que justifica al pecador en virtud de la justicia de su Hijo.

Busquemos también el amor, el cual no acabará jamás; la fe y la esperanza no servirían de mucho si no tuviésemos amor. Ese es el más grande mandamiento, el que resume la ley y los profetas: amar a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos. El que tal haga no andará indagando donde no debe, no se irá tras los vendedores de ilusiones, haciendo que practica lenguas extranjeras cuando en realidad son lenguas del extraño, peligrosas, que los maestros de mentiras promueven para probar que tienen a Dios a su lado. Cristo dijo que la oveja que le sigue no seguirá más al extraño (Juan 10:1-5). El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará, esa ciencia como el don sobrenatural de conocimiento (1 Corintios 13:8). Ya lo dijo Juan: Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas (1 Juan 2:20). Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él (1 Juan 2:27). Por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos (Isaías 53:11). Ese conocimiento no cesa nunca, se hace necesario siempre; lo que cesa es el don especial de conocimiento que fue dado en la época apostólica.

César Paredes

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