Si bien millones de personas viven en el mundo sin pensar en la vida eterna, sin darle importancia al alma que no muere, una gran parte de los que sí se ocupan en el pensamiento de la eternidad caminan por rumbo equivocado. Los que se colocan del lado de aquellos que levantan pendón en favor de la posibilidad de la salvación, de su potencialidad lanzada al azar, desconocen por completo la justicia de Dios. El evangelio se define como el poder de Dios para salvación, en él se revela la justicia de Dios. Existe una doctrina demoníaca llamada expiación universal, la gran mentira de Satanás que mantiene ocupada a la gente con la fantasía del libre albedrío para tomar decisiones respecto al alma.
Ellos anuncian que la muerte de Cristo te da una oportunidad de salvación, predican a voces en las sinagogas para regocijo de los voceros de esta blasfema doctrina. Con ello le dan la gloria al individuo, quien decide si va a Cristo y cuándo hacerlo, mientras el Señor espera paciente por el alma que redimió pero que no ha actualizado la salvación conseguida. Lamentablemente, para ese Cristo, sus sueños fracasaron, ya que demasiada gente se pierde a pesar de haber conseguido su perdón en la cruz. Su sangre derramada por todos, sin excepción, parece ineficaz ante el potente libero arbitrio del hombre contumaz y rebelde.
La muerte de ese falso Cristo iguala las posibilidades de la raza humana, obsequiándole una oportunidad de reposo eterno aún a aquellos que jamás han oído su nombre. Los teólogos disfrutan esta teología porque la consideran igualitaria, alentadora para las masas que domingo a domingo se dan a la tarea de celebrar a su falso Mesías. Isaías compara a esta gente con los que se dan a la tarea de fabricar un ídolo, ya que todos ellos oran a un dios que no puede salvar. Les dice que ellos no conocen nada; no conocen a Jehová, el único Dios, el que revela todo desde antes de que acontezca, el Dios justo y Salvador (Isaías 45:20-21).
Pero los que fabrican Cristos se aferran al azar, a la oportunidad de decisión, convirtiéndose ellos en la causa eficaz de la salvación que profieren. Ellos no creen que el verdadero Jesucristo murió conforme a las Escrituras, demandando la redención de cada uno de los que representó en la cruz. Ese Jesús de la Biblia no rogó por el mundo (Juan 17:9) sino que rogó por los que iba a redimir (aquellos que el Padre le dio y le seguiría dando por la palabra de sus primeros discípulos -Juan 17: 20). Ese Jesús que predicamos cumplió todas las condiciones para nuestra salvación, ya que fue el Cordero sin mancha que el Padre exigía y prometía para el aplacamiento de su ira contra el pecado y el pecador.
El Señor lo dijo varias veces, que no ponía su vida por los cabritos sino por las ovejas; habló y enseñó sobre la doctrina del Padre, con la cual se hacía eco porque así le había agradado al Todopoderoso. Nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo trae; pero todo lo que el Padre le da al Hijo lo resucita en el día postrero y no lo echa fuera nunca. Pablo menciona la manifestación de la justicia de Dios, la que anunciaban la ley y los profetas. Esa justicia de Dios viene por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él (pero no olvidemos que la fe es un don de Dios -Efesios 2:8). Si la fe es un regalo de Dios no tenemos de qué gloriarnos, excepto en la cruz de Cristo; no es de todos la fe, dice la Biblia, sin fe resulta imposible agradar a Dios.
La Biblia dicta una sentencia general para toda la humanidad: Todos pecaron y quedan destituidos de la gloria de Dios. Empero, anuncia la esperanza para el pueblo escogido, de entre los judíos y los gentiles, de muchas lenguas, culturas y naciones, con una justificación gratuita -sin salario de obras. Jesús fue puesto como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar la justicia de Dios, quien de esta manera pasó por alto todo el conjunto de pecados pasados en tanto es un Dios justo (Romanos 3:21-26).
El hombre viene a ser justificado por fe sin las obras de la ley, aunque si de ley habláramos sería por la ley de la fe. Los que no entienden cómo Dios puede justificar al impío, viven con su garganta como sepulcro abierto. Engañan con su lengua a las multitudes, ofreciéndoles un Dios al por mayor, el que abarata su gracia para exaltar la voluntad humana. Ofrecen a un Dios a semejanza de la concupiscencia del hombre, como si fuese una divinidad pagana, de esas que a los griegos les encantaba anunciar.
De la boca de estos engañadores sale maldición y amargura, ya que al ignorar al verdadero Dios pasan a creer en una divinidad falsa. Si alguien descuida la doctrina de Cristo, indica que anda extraviado y no es digno de ser tomado como hermano en el Señor. Quede claro que el pecador no puede hacer nada por su redención, ni siquiera aceptar el sacrificio de Cristo o dar un paso al frente en una congregación. Eso no valida ninguna salvación, porque Jesús no hizo una redención potencial que dependiera de la actualización de las personas.
Dios da el arrepentimiento para perdón de pecados, así como la fe para sostener su gracia y redención. Ese paquete de la salvación pertenece a Jehová, pero los predicadores del otro evangelio han cambiado la eficacia de la muerte de Cristo en favor de su pueblo por una ilusión que blasfema el nombre de Dios. Si la muerte de Cristo no genera la redención de su pueblo, el pecador sería honrado por su fe auto generada y no Dios. Si la redención fuese una posibilidad potencial, el acto de arrepentimiento junto a la fe serían la corona de la gloria humana. Dios no dará su gloria a otro, dice Isaías; la frustración que genera la palabra dura de oír de Jesús no puede ser razón de peso para cambiar la doctrina de Cristo.
Aquellos viejos discípulos se retiraron con murmuraciones, por causa de la doctrina de Cristo. Hoy día los pastores y maestros del cristianismo extraño frenan la retirada de los neo discípulos. De esa manera consiguen el dividendo de las ofrendas, de la presencia de gente en sus asambleas y de un público que les queda agradecido por la ilusión creída. Sepan que el Señor cumplió con todos los requisitos exigidos por el Padre, para el pago de la redención de todos aquellos a quienes representó en la cruz. La Biblia lo dice de muchas formas, incluso habla de lo que Dios se propuso desde antes de la fundación del mundo. El tema de la redención no escapa a la voluntad absoluta y soberana del Altísimo, el que endurece a quien quiere endurecer y tiene misericordia de quien quiere tenerla.
Aquellas ovejas por quienes el Cristo dio su vida como buen pastor, seguirán al pastor desde que sean llamadas por él. Su destino no cambiará por nada que les acontezca, serán felices por siempre por cuanto sus transgresiones han sido perdonadas y sus pecados cubiertos. Jehová no los inculpará de iniquidad y en sus espíritus no habrá engaño. Ellos saben en quién han creído, dependen de los méritos del Señor, nunca se atribuyen alguna cualidad especial por la cual hayan sido escogidos para esa maravillosa redención final.
El criterio de la posibilidad de la salvación pasa por el pasillo de la ignorancia, una que es mortal y que hace perecer a todo el que en ella milita. ¿Murió Jesús por los moradores de la tierra que acudirán a la bestia (anticristo) y dirán ¡quién como la bestia!? ¿Murió Jesús en favor de aquellos gobernantes de la tierra que cumplirán el consejo de Dios para darle el poder a la bestia? (Apocalipsis 17:17). ¿Murió por aquellos cuyos nombres no fueron inscritos en el libro de la vida del Cordero desde la fundación del mundo? (Apocalipsis 13:8 y 17:8). ¿Dio su vida Jesús por los destinados para tropezar en la roca que es el Cristo? (1 Pedro 2:8). ¿Murió Jesús por los que no son ovejas? (Juan 10:26-28).
César Paredes
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