TOLERAR PARA SER TOLERADO

Suena bien el título, como si fuese una premisa trascendente para la vida. Tolerar para ser tolerado, como si uno tuviese que aceptar la maldad doctrinal de otros para ser aceptado con la maldad doctrinal que tengamos. Así razonan los que aún conociendo la Escritura en relación a la gracia y soberanía absoluta de Dios, se apasionan por sus hermanos de fe espuria. No juzgan con justo juicio, no prueban los espíritus para ver si son de Dios, no se separan de aquellos que no viven en la doctrina de Cristo.

En Jeremías 6:14 leemos: Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz, y no hay paz. Entonces, aceptando la herejía de otros suponen que ellos también serán aceptados al extenderles las manos a los que profesan otro evangelio. Son más las similitudes que lo que nos diferencia de ellos, afirman con denuedo. De esa manera desobedecen explícitamente el exhorto de Juan a la iglesia: el que recibe al que no trae la doctrina de Cristo, participa de sus malas obras (2 Juan 1:9-11).

Abundan los que creen en el falso evangelio considerado anatema por las Escrituras, pero suponen que ellos son salvos a pesar de su errónea doctrina. Otros que son más avezados sostienen la buena doctrina de la gracia pero tropiezan en la solidaridad afectiva. De esa manera afirman que aunque alguien no haya creído el verdadero evangelio de Jesucristo lo creerá en el reino de los cielos si fuere un predestinado. Con ese razonamiento se están quitando el velo que los escondía, para mostrarse públicamente como lobos rapaces.

Para ese tipo de creyentes de la mentira basta con que se pronuncie el nombre de Jesús, que se crea en el Cristo de la Biblia pero al cual se le ha maquillado en cuanto a lo que vino a hacer. De una expiación particular en pro de sus escogidos se pasa a una expiación universal o general, para beneficio de toda la comunidad religiosa. Con ello pretenden salir del escollo en que se encuentran algunos textos de la Escritura, según su propia opinión. Piensan que de esa manera reconciliarán su mítico libre albedrío o capacidad para resistir a Dios con la soberanía divina.

Para ese tipo de religioso le resulta antipático el Dios de las Escrituras, porque lo consideran demasiado soberano. Deben bajarle un poco al grado de soberanía para hacerlo más humanizado y de esa manera puedan meterle mano para moldearlo a imagen y semejanza del hombre caído. Dios no odió a Esaú antes de que hiciese bien o mal, sino que Esaú se perdió porque vendió su primogenitura. Ese es el razonar equívoco que hacen para su propia perdición y para extravío de todos los que reciben el eco de sus pensamientos.

La gente que ignora el Evangelio de Cristo posee mucha influencia en el mundo, dentro del principado de Satanás. La estrategia infernal gana adeptos, ya que ahora se confunde más por haber plagiado el nombre de Jesús. Es decir, en época de Elías frente al rey Acab, Israel merodeaba entre los Baales y Jehová. Había al menos una distinción del nombre de la divinidad, pero hoy día aún los herejes dicen adorar a Jesucristo. Eso confunde a la gente, pero no al que tiene el Espíritu Santo como guía y como arras de la salvación final.

Pablo reconoció que cuando perseguía a la iglesia él fue un blasfemo, un hombre injurioso que aprobó el asesinato de Esteban. Pero eso lo hizo por la ignorancia propia que le acompañaba como incrédulo. Hoy día hay quienes ignoran menos de lo que Saulo ignoraba, pero por igual siguen injuriando a los redimidos de Dios. Los acusan de promover en exceso el evangelio de la gracia, de persistir en la doctrina que causa separación. Esa doctrina separó por igual a Jesús de aquellos discípulos a quienes les enseñaba diciéndoles que ninguno podía venir a él si no le fuere dado del Padre. En Juan 6 leemos sobre la doctrina de Cristo, acerca de la reacción de esa multitud que lo seguía admirada por el milagro de los panes y los peces.

El Señor no sacrificó la doctrina del Padre en beneficio de su popularidad y aceptación. Al contrario, siguió hablando enérgicamente, con reiteración de todo aquello que ofendía a las masas. La murmuración no se hizo esperar y aquella gente se retiró para siempre. En la medida en que seamos contundentes con la exposición del Evangelio de Cristo, empezaremos a ver gente que se retira de las asambleas, otros que murmuran contra nosotros, aún aquellos que habían gustado de ciertos sabores de la gracia. El corazón no redimido, aunque sea religioso, siempre buscará el eclecticismo como vía de encuentro.

Elías se sintió solo al ver que su gente seguía a los Baales, por lo que le preguntó al Señor si solamente él había quedado en el bando del Señor. La divina respuesta nos señala que Dios se había reservado para Sí mismo a 7.000 personas que no doblaron sus rodillas delante de Baal. Si uno compara con el censo hecho anteriormente por David, puede cotejar el ínfimo número reservado por el Señor, en relación a la abrumadora cantidad de personas perdidas en Israel. Al respecto, Pablo nos resalta que todavía queda un remanente de acuerdo a la elección por gracia; al mismo tiempo nos subraya que si por gracia ya no es por obras. Nos dice que son excluyentes las obras y la gracia, o es por obras o es por gracia, pero no por ambas (Romanos 11:1-6).

El viejo pueblo de Israel andaba en dos predicamentos, por lo que Elías el profeta los exhortó a dejar la cavilación. Ellos debían tomar una posición acerca de quién era Dios. Elías pensó que nadie más estaba con él, pero el Señor tenía su remanente que el profeta no veía en ese momento. Nos sucede a menudo, predicamos esta doctrina de la gracia y no vemos respuesta. Al contrario, vemos la multitud enardecida diciéndonos que somos rompedores de la paz de la asamblea, que nos presentamos como separatistas.

Reconocemos con las Escrituras que Dios tiene un remanente (y nosotros formamos parte de ese remanente). Sabemos que el hombre natural tiene preferencia por cualquier tipo de redención basado en las obras; el individuo necesita hacer algo para ver expiados sus pecados. En cambio, la Escritura nos anuncia que no puede la humanidad caída hacer nada porque anda muerta en sus delitos y pecados. Dios hace la obra que nosotros anunciamos, pero cuando redime a alguien lo cambia como hizo con Saulo de Tarso. En un instante cayó del caballo, en un instante fue su conversión; Pablo tuvo como pérdida todo ese tiempo de fariseo cuando militaba en una doctrina errónea, con mucho celo de Dios pero no conforme a ciencia.

La anti doctrina de Cristo no se tolera, aunque se respeta cualquier disensión sin persecución. Sin embargo, justo es aclarar que no podemos contar como hermanos a aquellos que no viven en la doctrina del Señor. No hemos de reunirnos como si fuésemos un mismo cuerpo espiritual, de acuerdo al consejo de Juan. Acoto lo siguiente: Aquellos que claman que fueron salvados o regenerados a pesar de creer en un falso evangelio de salvación condicionado en el pecador (Gálatas 1:8-9) no juzgarán como que están perdidos a aquellos que creen en un similar falso evangelio. Más bien, ellos los juzgarán como personas salvadas y alegarán como razón la humildad y la caridad; exhibirán un espíritu sin censura y muy generoso como si eso también equivaliera a la razón. Esto, en realidad, es tan solo un artificio de autodefensa, una defensa de la MENTIRA (https://agrammatos.org/2019/08/27/an-artifice-for-self-defense/)…Cita de Chris Duncan.

César Paredes

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