EXAMINAOS PARA VER SI ESTÁIS EN LA FE

Que cada uno se examine a sí mismo, de la manera como fue dicho que hemos de probar los espíritus para ver si son de Dios. Nosotros también hemos de evaluar nuestra fe, para ver si Cristo está en nosotros o si estamos reprobados (2 Corintios 13:5). ¿Cómo puede un falso creyente saber si está reprobado? De la manera que un impío cualquiera puede reconocer que Cristo está en nosotros, como aconteció en la relación de Caín y Abel. Uno de ellos entendió que el otro fue tenido en cualidad de hijo de Dios, por cuya causa lo asesinó. Caín, que era del maligno, supo que existía algo diferente en Abel. Los hermanos de José supieron por igual que había algo diferente en el hermano soñador, al que Jehová visitaba.

¡Cuánto más nosotros que decimos conocer la palabra también hemos de calificarnos para ver si estamos reprobados o si estamos firmes en la fe! El examen recomendado por Juan para detectar al que anda extraviado de la fe de Cristo, sirve para cada quien. La comparación no se hace en un plano místico, sino con el objetivo instrumento del evangelio. La referencia inmediata de la prueba descansa en la doctrina enseñada por Cristo. Así de simple; el que no vive en esa doctrina no tiene ni al Padre ni al Hijo. Poco importa que venga en el nombre de la iglesia, de Dios, de algún creyente; basta con probar si su fe descansa en los parámetros de las enseñanzas de Jesús.

Hemos de andar arraigados y sobreedificados en Cristo, de la manera como hemos sido enseñados (Colosenses 2:7). El texto que sigue advierte contra la filosofía engañosa y las huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo. De manera que ese examen que nos hemos de hacer tiene las respuestas dadas en esa plantilla que se llama la Escritura, para cotejar cuáles son nuestros aciertos o desaciertos. Todas las respuestas tienen que ver con la doctrina de Cristo, no con los elementos superficiales de la historia de Jesús. Me explico, el conocer que Jesús nació en un pesebre, que hizo milagros, que dio grandes discursos de esperanza, que murió por los pecados de su pueblo y resucitó al tercer día, que está a la diestra del Padre y que vendrá a la tierra para juicio, constituye una información relevante en cuanto a historia. Pero no todo ese conocimiento se incluye en el examen, ya que la Biblia refiere el tema del test en forma exclusiva al asunto doctrinal (2 Juan 1:9-11).

Por lo tanto, hemos de evaluar quién fue Jesús como persona enviada por el Padre, su función como Cordero sin mancha. Asimismo, nos hemos de enfocar en la calidad de su trabajo que vino a hacer el cual declaró consumado. ¿Qué significa la expiación? ¿Qué quiere decir la pascua? ¿Por qué Pablo dice que Jesucristo es nuestra pascua? ¿Fue la muerte de Jesús un trabajo hecho a favor del mundo por el cual no rogó la noche antes de morir? (Juan 17:9). De igual forma, otras preguntas aparecen en relación a sus enseñanzas, como el concepto de justicia de Dios. El Señor se hizo pecado por causa de su pueblo, para impartirnos su justicia a cambio de tomar nuestras iniquidades y pagar con su sacrificio al recibir un castigo que nos correspondía.

La herejía tiene que ver con la opinión propia en materia de fe y doctrina bíblica. Pedro informa que algunas personas se dan a la tarea de torcer las Escrituras, como si quisieran tener una interpretación privada. Es decir, lo que Jesús dijo puede resultar ofensivo, confuso para muchos por la dureza de sus palabras; pero dedicarse a suavizar lo que por naturaleza parece rígido se considera una interpretación privada (herejía), lo cual se hace para propia perdición de quien se adhiera a esa suposición. El ángel le indicó a José en una visión que el nombre del niño por nacer sería Jesús (Jehová salva) porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Hubo una restricción en materia de salvación, una referencia exclusiva al pueblo de Dios. No se incluyó al mundo por el cual Jesús no rogó (Juan 17:9; Mateo 1:21).

Tenemos una referencia en el Antiguo Testamento, la cual nos da a entender que esa nueva Pascua sería similar a la primera pascua del pueblo de Israel. Aquella anterior se hizo en favor de todos los que se aferraron a la marca de la sangre del cordero colocada en sus dinteles, lo cual hace inferir que los que no tenían tal marca serían sometidos al juicio del ángel de la muerte. Jesús aseguró que pondría su vida por las ovejas, no lo hizo por los cabritos; a unas personas les dijo en forma directa que ellas no formaban parte de sus ovejas, por lo cual no creían y no venían a él. En otra ocasión dijo que ninguna persona podía venir por su cuenta a él, sino solamente aquellas enviadas por el Padre. Agregó que todo lo que el Padre le daba vendría a él y nunca sería echado fuera.

Esta doctrina de la gracia, que incluye la predestinación y la soberanía absoluta de Dios, ofendió a muchos. Esa es la doctrina que debemos tener y en ella hemos de permanecer, de manera que quien no la traiga a casa no debe habitar como hermano entre nosotros. No debe ser bienvenido aquel que venga con una doctrina diferente. Por eso hemos de tener cuidado con los que andan enredados en filosofías y huecas tradiciones, como si la costumbre de una doctrina equivocada la hiciera aceptable. No puede el argumento falaz de cantidad validar la doctrina que la mayoría sigue, por el solo hecho de que la mayoría debe tener la razón. Somos llamados la manada pequeña, se nos habla de la soledad de Elías, de Isaías, de Juan el Bautista, del Señor que fue abandonado; se nos incita a entrar por la puerta angosta, a caminar por el camino estrecho, a huir del mundo y sus atractivos. Se nos dice por igual que en el mundo tendremos aflicción porque no pertenecemos al mundo donde tenemos que seguir por cierto tiempo.

Cuando Pablo escribió a los de la iglesia de Roma, les habló de un grupo de personas que tenían celo de Dios pero no conforme a ciencia. Por ellos oraba, una demostración doble de su amor: 1) no les dijo paz, paz, cuando no la había, es decir, no los engañó para que continuaran en la mentira doctrinal; 2) oraba para su salvación, por si Dios los tenía en su lista. En otros términos, cuando uno ora por una persona demuestra amor hacia ella, ya que al estar en nuestros pensamientos lo conducimos en oración al Padre para ver si aquel también alcanzará misericordia como nosotros.

Lo que hizo el apóstol Pablo por esos israelitas referidos en su carta a los romanos nos demuestra varios puntos interesantes. Hay gente en las congregaciones eclesiásticas que suponen amar a Dios, que manifiestan gran celo por su palabra, pero que desviados de la doctrina esencial del evangelio (la justicia de Dios que es Jesucristo) hacen inútil tal celo y trabajo. Ellos han demostrado por su errónea doctrina que están extraviados, que siguen reprobados. No se les habrá de engañar diciéndoles que no pasa nada, que por su buena conducta serán exonerados por Dios. No será así porque la salvación no es por obra, no vaya a ser que alguien se gloríe.

Pablo les hizo ver su torcedura de pensamiento, les dijo que su creer resultaba anticientífico, contra la naturaleza de la fe de Cristo. Porque creemos en el Señor pero no en abstracto, como si fuera solo una figura histórica; si creemos en él es porque le conocemos (¿cómo se invocará a aquel de quien no se conoce?). Si creemos en él es porque conocemos sus enseñanzas, en especial la que se centra en el núcleo del Evangelio. La expiación que el Señor realizó en la cruz originó nuestra justicia, pero no porque fue una oferta libre para que cada quien la aceptara o la rechazara, sino que nos vino como la promesa de Dios de salvar a su pueblo de sus pecados. Esa promesa ya está descrita en el Génesis y fue anunciada reiterativamente en muchos lugares de la Biblia.

Se puede estar en la fe de las tradiciones humanas, en la fe subjetiva de lo que hemos mirado como Dios. Muchas veces la gente de religión se apega a un ídolo, una concepción de lo que debería ser Dios. Tal vez Dios debería haber amado a Esaú, o tal vez debería haberlo odiado en base a sus maldades (la venta de la primogenitura, por ejemplo). Tal vez resulte injusto la condena del Faraón, a quien Jehová levantó para gloriarse en toda la tierra. Jehová le había dicho a Moisés que endurecería el corazón del Faraón, para no dejar ir a su pueblo. De manera que eso nos puede parecer injusto.

De esta manera, con el criterio de lo que debería ser justo que Dios haga vamos armando el ídolo, equipándolo con nuestra ideología. Pero al cotejar nuestros resultados con las Escrituras encontramos mucha disparidad. Por esa razón buscamos a los expertos en torcer la palabra divina para que ese Dios no aparezca tan ofensivo ante los demás. Allí ha surgido otro ídolo y a ese ídolo muchas personas que se llaman cristianas adoran. Como si adorasen a un Baal-Jesús. Pero ¿quién se engaña con esto? Solamente los que fueron destinados para tropezar en la roca que es Cristo.

No obstante, en esa gigantesca Babilonia que domina el mundo, todavía hay gente de Dios que se encuentra atrapada. Algunos ni siquiera lo saben, pero el llamado del Señor sigue siendo el mismo: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados (Apocalipsis 18:4). Examinarse a sí mismo para ver si se está en la fe, probar a los espíritus (personas) para ver si son de Dios, estar atento a los falsos maestros para denunciarlos y para alejarnos de ellos como mensajeros del evangelio extraño, son algunas de las tareas que competen a los creyentes de la fe de Cristo. Esta tarea forma parte de la carrera de la fe, de la batalla que hemos de pelear en el día a día, para que velando podamos orar con conciencia por asuntos específicos que conciernen a nuestra peregrinación en la tierra.

César Paredes

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