CRISTO SATISFECHO

¿Cómo supo Isaías que Jesucristo estaría satisfecho por el trabajo de su alma? De seguro Jehová se lo informó, pero ¿cómo resulta esa satisfacción posible si Jesús hubiese muerto por todo el mundo, sin excepción? De ninguna manera hubiese satisfecho su cometido si hubiese apuntado a un renglón mayor; es decir, si Jesús hubiese deseado salvar a todo el mundo, sin excepción, el trabajo de su alma hubiese dado mucho que desear. La satisfacción de Dios lo es por su perfección, no por aproximación; Dios se satisface por causa de su Omnipotencia, sin que exista un azar que le impida conseguir su objetivo.

Cristo murió por su pueblo, de acuerdo a Mateo 1:21; como el justo por los injustos, como el siervo justo que justificaría a muchos (Isaías 53:11). De esos muchos cargó sus iniquidades, pagó el rescate debido e hizo viable y eficaz la amistad con el Padre. Ahora bien, no pretendió Jesús cargar las iniquidades de aquellos que perecen en su incredulidad. No expió los pecados de Judas Iscariote, ni del Faraón, ni de ningún otro réprobo en cuanto a fe.

Yo y los hijos que Dios me dio (Hebreos 2:13), texto ligado a Juan 10:26, pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. La condición de oveja precede para poder creer, la condición de hijos dados por el Padre precede para que Cristo vea el fruto de su trabajo. Al mismo tiempo vemos un ligamen entre la doctrina expuesta por Jesús y su expiación en la cruz: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere (Juan 6:44); Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21)…pongo mi vida por las ovejas (Juan 10:15). Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:33–34).

Si la condición de oveja precede para poder creer en Jesús, el Rey tiene a los benditos de su Padre como ovejas puestas a su derecha. Jesús no rogó por el mundo (Juan 17:9), la noche previa a ir a la cruz, sino solamente por los que el Padre le dio y le seguiría dando por medio de la palabra de aquellos primeros discípulos. Se desprende de lo dicho por la Biblia que Jesús no propició por los cabritos que conforman el mundo, sino solamente lo hizo por las ovejas de su prado. Jesús hizo la reconciliación de su pueblo con su Padre, por lo tanto como autor y consumador de la fe la da como regalo para recibir la gracia y la salvación (Efesios 2:8). Sabemos por las Escrituras que no es de todos la fe (2 Tesalonicenses 3:2), sino como ya hemos dicho ella es un regalo de Dios para su pueblo escogido.

El Cristo de la expiación universal muere por todos, sin excepción, por lo cual todos, sin excepción, deberían ser salvados. Pero eso no sucede, ya que el infierno sigue recibiendo gente a diario; por lo tanto, uno puede inferir que ese Cristo de la expiación universal es un falso Jesús. Esa falsa divinidad se predica en base al falso evangelio, por medio de los falsos maestros disfrazados como mensajeros de luz. La apariencia de piedad que muestran se les viene abajo cuando hablan de su corazón, ya que los dichos de sus bocas denuncian la abundante herejía que mueve sus corazones.

La palabra mundo tiene diversas acepciones en las Escrituras, por lo que debe ser tenido en cuenta su contexto de aparición. En Juan 3.16 Jesús le dice a Nicodemo que el Padre amó de tal manera al mundo que lo envió a él como Hijo para salvar a los creyentes. En Juan 17:9 el Hijo ora al Padre y le dice explícitamente que él no ruega por el mundo. Entonces, si la palabra mundo significara lo mismo siempre, veríamos al Hijo en contradicción con el Padre, ya que no quiso rogar por el mundo amado por el Padre. Eso no es verdad, así que urge tener en cuenta el contexto de aparición de los vocablos. Cuando se dice que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (2 Corintios 5:19), se entiende que Dios estaba estableciendo la paz para con su pueblo. De esta manera Dios llevaba a cabo su plan eterno, de darle herencia a su Hijo como Redentor, no tomándonos en cuenta nuestros pecados ya perdonados en la cruz. ¿Por qué? Porque en el Calvario hubo satisfacción en la justicia de Cristo, o en Cristo como justicia de Dios. No se refiere a cada individuo del mundo, ya que multitudes mueren en enemistad con Él, no todos se interesan en las bendiciones del perdón de pecados, sino que solamente se tiene en cuenta el mundo amado por el Padre (Juan 3:16).

Los elegidos de Dios, escogidos en Cristo, tienen todos sus pecados imputados a Cristo como Cordero sin mancha. Ese pueblo incluye tanto a judíos como a gentiles, cuyos pecados fueron propiciados por Cristo, para que no fuesen ellos mirados en su estado natural sino en el judicial. Un acto judicial aconteció en el Calvario, habiendo el pueblo de Dios recibido la justificación por el intercambio de sus pecados hacia Cristo, cuando el acta de los decretos, que nos era contraria, fue anulada y clavada en la cruz del Señor (Colosenses 2:14). Sabemos que el acta de los decretos que le era contraria a Judas Iscariote no fue clavada en la cruz, ni el acta de ninguno de los otros réprobos en cuanto a fe, los cuales fueron destinados a tropezar en la roca que es Cristo. Ese mundo enemigo de Dios no fue reconciliado, sino solamente el mundo amado por el Padre.

Cristo consumó su trabajo en la cruz, por lo tanto reconcilió a todo su pueblo con el Padre. Nos toca predicar este evangelio para que los escogidos escuchen la buena noticia; para los réprobos este mensaje añade mayor condenación. Esa satisfacción de Cristo significa que no reconcilió a todo el mundo, sin excepción, porque eso no se lo propuso. Si se hubiera propuesto ese objetivo lo habría logrado y todos serían salvos. Pero hay gente en el infierno, lo cual quiere decir que no fue reconciliada con Dios, que no fue incluida en el trabajo de Cristo en la cruz. Hay gente en el infierno que continúa bajo la ira de Dios, que no está en paz con el Señor. Estos han rogado a un dios que no puede salvar, a un falso Jesús que fue prometido como redentor por los falsos maestros, los cuales son siervos de Satanás. La sangre de ese Cristo no causa ningún efecto de apaciguamiento de la ira de Dios, pero no porque la sangre del verdadero Cristo no valga, o haya sido aminorada en su valor esencial, sino porque se trata de una sangre ajena, la de un impostor.

El diablo fue declarado homicida desde el principio, porque mató millones de almas desde que introdujo el pecado en la tierra. El alma que pecare, esa morirá; por cuanto todos pecaron están destituidos de la gloria de Dios. En Adán todos mueren, urge la gracia de Cristo, su sangre limpiadora, su trabajo concluido. El que es creyente ha sido salvado, el que sigue siendo incrédulo, ya ha sido condenado. ¿Puede usted creer en el evangelio puro y simple?

César Paredes

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