LA MUERTE EN EL MADERO

Hay personas que cuando se acercan a las Escrituras, y descubren esa sabiduría de la que hablara Pablo, empiezan a enojarse porque esa salvación no se ha hecho extensiva para toda la raza humana. Se instauran en el valor social del nosotros, como hizo uno de los malhechores de la cruz.  Eso no es más que una semilla que cayó en un suelo donde sólo se le permitió un pequeño brote, para perecer por causa de la tierra que no estaba suficientemente abonada. La salvación no es colectiva sino personal, y aunque uno más uno vayan haciendo el grupo, hasta convertirnos en una gran multitud de millones y millones, esa cantidad se cuenta a lo largo de la historia. 

El relato bíblico de la muerte del Hijo de Dios en un madero, en medio de dos malhechores, nos puede conducir a una gran variedad de reflexiones. Podríamos resumir el relato de la crucifixión bajo una especie de resumen general. Sería bajo un epígrafe o título que sugiera las inferencias o implicaciones puestas de manifiesto en esa historia bíblica. Esa síntesis la podríamos nombrar como Teología derivada de la muerte en la cruz.

Teología derivada.

A- La caída de algunos dogmas asumidos en la historia de la iglesia cristiana, por ejemplo, el sacramento del bautismo no es un imperativo para la salvación, ya que el ladrón arrepentido no tuvo tiempo de bautizarse. B- La comunión o cena del Señor como sacramento eclesiástico, dado que el ladrón arrepentido no tuvo tiempo de tomarla. C- El mito del purgatorio, en virtud de la sentencia: hoy estarás conmigo en el Paraíso, la cual deja por fuera cualquier suspicacia o duda en torno a lo que sucede a los creyentes inmediatamente después de la muerte. D- La doctrina de la universalidad, que sugiere que todos se salvan, queda deshecha al mirar al ladrón no arrepentido, a quien Jesús no le prometió nada. E- La tesis de algunas sectas que sugieren que el alma entra en un estado de reposo o sueño después de la muerte. Lo que Jesús pregonó fue un estado de conciencia plena, al prometer que hoy estaría con él en el Paraíso. Estar con Jesús supone entrar en la vida eterna, en el conocimiento del Padre –el único Dios verdadero- y de Jesucristo –a quien el Padre ha enviado (Juan 17).  Esto implica que para conocer al Padre y al Hijo dentro de la vida eterna, y para estar con Jesús en el Paraíso, se necesita un estado de conciencia manifiesta y no un sueño profundo.

El plan de salvación mostrado por Jesús demuestra su simplicidad, sin reglas ni etapas, ni exámenes catecúmenos. El ladrón fue movido a tomar conciencia acerca de quién era Jesucristo, de sí mismo en cuanto a su pecado y a suplicar con humildad el que el Señor se acordara de él. La motivación para acudir a Jesús no siempre viene de la iglesia o de la predicación hecha por los santos de la iglesia.  En este caso vino de la burla del colega del ladrón, burla que sirvió como ocasión para que el malhechor arrepentido recriminara esa conducta hostil. Cuando no haya quien predique, las piedras hablarán, para que los que hayan de escuchar oigan la palabra.

El testimonio de Jesús en medio de su dolor y pasión sirvió como causa de admiración y de reconocimiento para el ladrón arrepentido. Esto forma parte de la sabiduría oculta, predestinada desde los siglos, descrita por el apóstol Pablo. Tampoco pudo hacer el ladrón que se arrepintió obra buena alguna, como mérito para heredar la vida eterna: su única obra fue haber aprendido del Padre para ir al Hijo, como lo testimonia el evangelio (Juan 6:45). Él creyó en su corazón y confesó con su boca, movido por el Espíritu Santo quien es el que da el nuevo nacimiento. No tuvo que someterse a hipnosis privada o colectiva, bajo un estado de inconsciencia, sino que lo hizo con toda su mente. Por las Escrituras sabemos que a los elegidos el Padre siempre le da la oportunidad de manifestar su creencia y su fe en Jesucristo, por cuya razón sabemos de aquel malhechor de acuerdo a lo que se escribió. Su confesión fue directa ante el Señor, sin intermediarios, bajo la providencia de Dios, dando a entender con su confesión que Jesucristo era el único Mediador entre Dios y los hombres (acuérdate de mí cuando vengas en tu reino).

Dentro de la teología derivada de este suceso de la cruz, se manifiesta que las ovejas oyen la voz del buen pastor y le siguen. Aunque los cabritos se parezcan a las ovejas, el otro malhechor condenado no pudo seguir la voz del buen pastor dado que nunca fue llamado por él. La fe pasa como una actividad sencilla, fácil para quien es llamado y escogido. De acuerdo a Marcos 15:32, ambos ladrones injuriaban a Jesús, pero en el momento en que el Espíritu hizo renacer a uno de los pecadores perdidos, ocurrió el arrepentimiento para perdón de pecados (Lucas 23:39).

Isaías profetizó de este evento en la cruz: Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebrantos; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados… Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; … enmudeció y no abrió su boca… su generación, ¿quién la contará? … y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores (Isaías 53).

Al leer el relato de lo sucedido en aquella cruz, tendremos que dar una respuesta que demarcará los caminos que se bifurcan. En uno de ellos va el ladrón injurioso, con razonamientos sugestivos para persuadir al supuesto Hijo de Dios.  En el otro camino encontraremos al ladrón humilde, que reconoció la inocencia del Hijo de Dios y abandonó la injuria, se arrepintió y suplicó que se acordara de él en su segunda venida. Estos caminos se bifurcan y jamás se encuentran.  Como en la parábola del Rico y Lázaro, ninguno de los dos podían ir de un camino al otro ya que una gran cima estaba puesta entre ellos.  Llegados al punto de decidir por cuál camino transitar, sólo la semilla caída en tierra bien abonada dará su fruto a su tiempo. 

César Paredes

retor7@yahoo.com

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