DE LA TIERRA AL CIELO

Estamos en la tierra y en ocasiones nos preguntamos de dónde vinimos y hacia dónde vamos. La mayoría de las personas no sienten preocupación alguna por su destino, mucho menos se plantean por curiosidad de dónde precede todo lo que nos rodea. Un pragmatismo se yergue sobre las mentes que intentan resolver su día a día, sin que medie incomodidad intelectual en relación al origen y finalidad de todas las cosas.

Las religiones van apareciendo y mutando, en el intento de resolver algunas proposiciones como respuesta. Pero entre ellas suele haber competencia, a no ser que parezca un aire de eclecticismo que busca resolver la incomodidad y disputa entre sus postulados tan diversos. La visión cristiana del mundo nos compete a cada creyente, pero sigue como un asunto de fe sin que se puede pretender probar cada detalle de lo que plantea la Biblia. Ante el mundo no habrá solución de la disputa, pero eso no significa que la lógica no nos acompañe. Pablo dijo que lo que se veía a qué esperarlo, dando a entender que la fe es la certeza de lo que esperamos y no vemos.

En ese sentido, la prueba absoluta pudiera estar cercana a la idea de haber visto el hecho que anunciamos, lo cual presupone que ya no sería necesaria la fe. De nuevo, este presupuesto llega como premisa fundamental: lo que se ve, ¿a qué esperarlo? Por esa razón siempre caminamos bajo el paradigma de la fe como certeza de aquello que esperamos y no vemos. Sin fe resulta imposible agradar a Dios, porque se hace necesario que el que se acerca a Él crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan.

La fe se nos asemeja a ese saco de piedrecitas que colgaba David cuando se enfrentaba a Goliat, para echar mano a una de ellas y lanzar el disparo en el nombre de Jehová. Salimos cada día a la calle, nos enfrentamos al mundo sea en la casa o fuera de ella, rodeados de gigantes al acecho. Son los principados y potestades los que circundan con su presencia nuestro diario vivir, bajo su odio terrorista que busca sacarnos de nuestro espacio. Esa es una de las causas por las cuales el Señor nos ordenó a vigilar y a no dormir, a estar en guardia con la oración y la palabra.

La matemática del creyente es sencilla, una simplicidad, pero por su práctica generamos la costumbre de un hábito que nos sosiega en cada momento de turbación. En el mundo tenemos la aflicción, pero el Señor ha vencido al mundo. El mundo ama lo suyo y nosotros no somos del mundo, aunque estemos en él por el momento que dure este tránsito hacia las moradas celestiales. Sabemos que el Evangelio consiste en la promesa de Dios de salvar a su pueblo, bajo la condición de la sangre que el Hijo derramó en la cruz. De ese acto deriva nuestra justicia, la cual nos fue imputada en ese intercambio gratuito que hizo Jesucristo: tomó nuestros pecados y nos dio su justificación.

Los que no creen el la doctrina del Evangelio continúan muertos en sus delitos y pecados. No nos extrañemos por la palabra doctrina, ya que Jesús vino a enseñarnos la doctrina del Padre, en tanto Pablo recomienda que nos ocupemos de ella. Esencial resulta entonces el conocimiento de las enseñanzas de Jesús (cuerpo doctrinal), ya que sin ella no hay Evangelio. Dios nos prometió un Salvador, una persona que habitaría en nosotros, el cual nos llevaría al reino celestial. Eso lo vemos en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, siempre en referencia al pueblo escogido desde la eternidad. No existe comunismo en Dios, ni democracia, simplemente Él se manifiesta como soberano, como el ejecutor de todo cuanto ha querido. Siendo Todopoderoso, resulta capaz de cumplir todas sus promesas. Su poder se enuncia en los profetas: Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra de justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua (Isaías 45: 23).

Una prueba del cumplimiento de sus promesas la da Pablo: Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres (Romanos 15:8). Pedro añade que el Señor no retarda su promesa, sino que es paciente para con todos nosotros (los que alcanzamos una fe preciosa, por la justicia de Jesucristo -2 Pedro 1:1) -2 Pedro 3:9. Dios controla en forma total el universo, sin dejar un átomo a la deriva; cada acto de los seres humanos es medido, calificado, bajo el propósito de su providencia. Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo (Job 23:13).

El corazón del rey, la suerte que se lanza en el regazo, los pensamientos de los hombres, todo es controlado por el Supremo Dios. Esaú viene a ser un ejemplo claro del destino prefijado por Jehová, cosa que lo indujo a vender su primogenitura. En cambio, Jacob viene como ejemplo idéntico de lo que acabamos de decir, pero para beneficio de su alma. A ambos creó el Señor con destino prefijado, antes de ser concebidos; a uno odió y a otro amó. Ante esta confesión de la Escritura muchos se levantan en contra, interpretándola de manera privada para torcerla. Se ha objetado que Dios inculpe a quien no puede resistirse a su voluntad, pero de la queja no queda sino el eco de los desdichados que se avientan contra el Todopoderoso. De la tierra al cielo hay solo un camino, definido como angosto y algo estrecho. Se nos ha dicho que Jesús es el camino, así como la verdad y la vida. Nadie puede ir al Padre sino por él; pero nadie viene a Jesús si no le fuere dado del Padre. El otro camino, el ancho y espacioso, lleva a un fin de perdición y muchos son los que por él deambulan.

La predestinación es una doctrina de la gracia, dentro del ámbito de la soberanía de Dios. ¿Desde cuándo predestinó Dios lo que acontecería? Desde antes de la fundación del mundo, de acuerdo a las Escrituras. No predestinó en base a lo que el mundo haría, sino que el mundo hace en base a lo que Él dispuso. Cuando uno lee Apocalipsis 17:17 puede cotejar que los gobernantes de la tierra harán aquello que Dios colocó en sus corazones, para cumplir todas las palabras de Dios. La elección y predestinación no pueden depender de la voluntad humana, como si ella fuere libre; de serlo así no se cumplirían las profecías divinas. El hombre vacila en sus caminos y propósitos, de manera que profetizar en base a lo que el hombre maquina suele ser improductivo como incierto.

¿Qué le dijo Jesús a Pedro, respecto a su negación? Que él oraría para que su fe no fallase; es decir, todo está preordenado y Dios así lo ha dispuesto. La determinación divina subyace en la mente de Dios desde la eternidad: el Dios creador de todo cuanto existe no preguntó jamás si debería o no hacer a Adán. Pero aún el Hijo estuvo ordenado desde antes de la fundación del mundo (antes de la creación de Adán) para que fuese manifestado en el tiempo apostólico. Esa aseveración encontrada en 1 Pedro 1:20 nos da pie para sostener que Adán tenía que pecar, de otro modo el Cordero de Dios no se habría manifestado como nuestro Salvador.

Del Señor sabemos esto: He aquí se cumplieron las cosas primeras, y yo anuncio cosas nuevas, antes que salgan a luz, yo os las haré notorias (Isaías 42:9). Todos nosotros (los creyentes) estuvimos muertos en otro tiempo en nuestros delitos y pecados, lo mismo que los demás (los que no son creyentes). Es decir, caídos en el pecado como herencia de Adán, fuimos rescatados por el Evangelio, por la palabra de vida, de acuerdo a los planes eternos del Señor.

El ser humano debe responder al juicio de rendición de cuentas que le queda pendiente; dos caminos en la tierra pero uno solo conduce al cielo. ¿De qué aprovecha al hombre ganar el mundo si perdiere su alma? Esa interrogante debería ser prioritaria en cada ser humano, si en algo estima su eternidad. La carencia de justicia viene como consecuencia natural de la pecaminosidad humana, pero la justicia de Cristo se imparte para poder iniciar la comunión con el Creador. Solamente aquellos por quienes murió Jesús alcanzaremos esa gracia, pero a cada quien le queda preguntarse qué le impide acercarse a Dios. Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, dice la Biblia.

César Paredes

retor7@yahoo.com

absolutasoberaniadedios.org

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