CELOS POR DIOS

El creyente debe seguir los principios de adoración que las Escrituras han señalado. En ellas encontramos que la palabra de Dios es la única autorizada para regir la alabanza del pueblo de Dios. Descuidar ese principio puede traer graves consecuencias, como se las trajo a los hijos de Aarón con su exhibición de fuego extraño (Levítico 10:1-3). Nosotros no necesitamos cruces ni palomas, ni esculturas o dibujos, nada alusivo al físico del Señor Jesucristo. Además, si no hubo retrato suyo en su época es porque el Padre sabe el daño que haría el adorarlo a través de figuras.

Es sabido que Jesús fue llamado de Nazaret, pero él no fue nazareo. No hizo voto de nazareo, como para no tocar muertos, no beber licor o no raparse el cabello. Es decir, Jesús no puede presumirse de pelo largo como si hubiese hecho un voto de dedicación nazarea (como fue el caso de Sansón). Por otro lado, de acuerdo al Nuevo Testamento, a Pablo se le apareció Jesús. Más adelante, en una de sus cartas, el apóstol habla de la honra del pelo corto en los hombres, como el del pelo largo en las mujeres. Si hubiese visto a un Jesús con el cabello largo, no se hubiese atrevido a afirmar lo que sostuvo en esa carta en referencia a la forma de llevar la cabellera el hombre creyente.

Bien, esto sirva para que se entienda la futilidad de recordar imágenes que tienen el sentido de distorsionar el punto de la adoración. ¿Por qué razón celebrar días santos? ¿Acaso hemos de festejar el cumpleaños de Jesucristo? ¿No cuelgan en el árbol navideño unas bolas que son reflejo de lo que se hizo primeramente, al colgar los testículos de diversos animales e incluso de personas, como señal de fertilidad del siempre verde árbol? Pero se ven tan agradables en la iglesia o en la casa, en los comercios que invitan al consumo, que se pasa por alto tan nefasta costumbre antigua.

Dios no cambia, así que sigue siendo el mismo de siempre. Lo que ordenó como alabanza debe continuar, así como lo dice el Nuevo Testamento también: con salmos, con himnos y con cánticos espirituales. Hemos de andar cantando y alabando al Señor en nuestros corazones (Efesios 5:19). Estos salmos, himnos y cánticos espirituales demostrarán la llenura del Espíritu Santo en nuestra vida de santidad.

Ahora apareció el team de alabanza, el grupo de los cantores de la iglesia que imitan a los de Miami, con baterías y guitarras eléctricas, con equipos de sonido que retumban en los pequeños locales, sobre quienes descansa la tarea de la adoración. Los demás van a oír y ver lo bien que tocan o cantan, apenas levantando una mano al estilo de las tele-iglesias. Sin embargo, el evangelio sigue siendo el mismo: La buena noticia de salvación condicionada en la sangre expiatoria de Jesucristo, así como en la imputación de su justicia en aquellos a quienes él representó en la cruz. El Señor lo dijo en su oración intercesora: No ruego por el mundo (Juan 17:9), ¿cómo podía morir por el mundo por el cual no rogó la noche previa a ir a la cruz? El Señor vino a salvar a todo su pueblo de todos sus pecados (Mateo 1:21).

Aquellos que aseguran que Cristo murió por todo el mundo, sin excepción, y que el pecador tiene que hacer su parte para que Dios lo salve, están indicando que no se rigen por el principio regulativo del evangelio. Sabemos que el mundo de la cruz es locura para los que se pierden, pero para los creyentes es el poder de Dios. Dios destruye la sabiduría de los sabios, y desecha el entendimiento de los entendidos. En la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, por cuya razón agradó a Dios salvar a los creyentes por medio de la locura de la predicación (1 Corintios 1:18-21).

La sabiduría humana no puede comprender las cosas del Espíritu de Dios, mucho menos tiene la capacidad de la alabanza debida. Por lo tanto, Dios ha indicado cómo adorarlo, pidiendo que se haga en espíritu y en verdad. La doctrina del evangelio no la puede recibir el sabio o el educado, sino que a través de todas las edades ha sido reprochada. Hoy día no es diferente, ya que la doctrina de Cristo se silencia y la gente aprende a saltarse escrituras en las congregaciones para no crear separación en los grupos.

Esa doctrina despreciada ha venido a ser alimento y bebida para el alma que Dios ha señalado como aquella que redimirá. Pero ese alimento y esa bebida se sirven mediante la locura de la predicación del evangelio. ¿Por qué una locura? Porque Dios ya sabe a quién ha elegido para salvación y a quién ha señalado para perdición (Jacob y Esaú, en Romanos 9, son un claro ejemplo). Entonces, ¿para qué predicar? Porque en tal sentido parece una locura de Dios ordenada a sus siervos, pero por medio de esa supuesta insensatez la sabiduría de Dios, que es Cristo, viene a cada persona que habrá de oír esa palabra de fe y que dará fruto a su tiempo.

A los que cavilan les digo lo que sigue a continuación: Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres (1 Corintios 1:25). La humanidad se ha perdido en delitos y pecados, camina hacia perdición final, por causa de su pecado. El Padre ha escogido a algunos para salvación, a los cuales el Hijo ha redimido en la cruz, en tanto el Espíritu los santifica haciéndolos primero nacer de nuevo.

Los que perecen rechazan el verdadero evangelio, siguen al príncipe de este mundo, juzgan como locura la palabra divina. Para ellos el evangelio permanece escondido, estando cegados por Satanás. En medio de semejante locura teológica, para nosotros el evangelio pasa a ser el poder de Dios. Los judíos piden señales, los griegos demandan sabiduría, pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, una roca de caída para los judíos y una locura para los griegos o sabios. Dentro de los llamados, judíos y griegos, /judíos y gentiles/, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Nosotros caemos sobre la roca que es Cristo, pero ay de aquellos sobre quienes caiga esa roca.

César Paredes

retor7@yahoo.com

absolutasoberaniadedios.org

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