Si la oveja que sigue al buen pastor no se va jamás tras el extraño, en razón de que desconoce la voz de los extraños, ¿cómo puede un creyente apostatar de la fe? Jesús afirmó que nadie podía arrebatar a una de sus ovejas de sus manos, ni de las manos de su Padre; entonces, ¿será que la oveja se escapa por su cuenta? Esto les encanta a los de la expiación universal, acostumbrados a apostar por su propia firmeza, a mirar en sus buenas obras de perseverancia, muy a pesar de que no conozcan lo que significa la justicia de Dios. Para ellos, la justicia de Dios es simplemente pasar juicio contra los enemigos, pero ellos mismos se tienen en ocasiones como enemistados con Dios.
Jesús es veraz, la palabra de Dios no miente; Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta. Si Él dijo algo, lo hará; si habló, ejecutará aquello que afirmó. Por lo tanto, la apostasía tiene que ver con los que profesan ser cristianos y no lo son; así lo afirmó el apóstol Juan: Salieron de nosotros pero no eran de nosotros. La cultura cristiana se ha extendido a lo largo de la tierra, por lo cual resulta lógico mirar las noticias de múltiples apóstatas en distintos sitios del planeta. Pertenecen a una ideología religiosa (cultura cristiana, en este caso), pero nunca han nacido de nuevo. El que ha sido regenerado por el Espíritu Santo no puede apostatar de la fe, por cuanto el Espíritu vive en él y lo guarda hasta la redención final.
En resumen, estamos en las manos del Hijo, en las del Padre y custodiados y habitados por el Espíritu Santo. La oveja no desea apartarse del redil donde está el buen pastor; puede ser que el pecado aceche para sorprender al que no tiene cautela, pero de acuerdo a lo relatado en Romanos 7 sabemos que Jesucristo dará la victoria. Hay gente de la cultura cristiana que es asesinada por causa de su religión, pero eso no los hace mártires del Señor, simplemente han sido víctimas por partida doble: de sus asesinos y de sus maestros de mentiras.
Jesús lo aseguró, diciéndonos que los fariseos recorrían la tierra en busca de un prosélito (alguien a quien convencían y lo convertían en discípulo de sus normas y creencias). Por más que aprendían la ley de Moisés y guardaban muchos de sus mandamientos eran hechos doblemente merecedores del infierno de fuego. ¿Por qué doblemente? Porque primero que nada estaban perdidos fuera de los mandatos de la ley de Moisés, pero en segundo lugar porque cuando conocían la ley de Moisés lo hacían a través de los falsos maestros que habían abandonado el espíritu de la ley y se aferraban a la letra. Si sus maestros eran unos apóstatas de la ley de Moisés, cuánto más sus discípulos debían de ser culpables por haber aprendido a honrar la mentira como doctrina.
Pablo expuso claramente en su Carta a los Romanos, en el Capítulo 10, el error de los que manifestaban un gran celo por el Dios de la Biblia, pero que no tenían conocimiento alguno acerca del significado de la justicia de Dios. Les dijo que estaban perdidos, no les doró la píldora como para que no se ofendieran y se retiraran de su influencia; simplemente les llamó ignorantes en forma abierta. Isaías nos lo advirtió mucho antes: Por el conocimiento del siervo justo (Jesucristo) éste justificará a muchos (Isaías 53:11). Jesús vino para convertirse en la justicia del Padre, en relación a todo su pueblo, al cual liberaría de sus pecados (Mateo 1:21). Ezequiel advierte contra los habladores de vanidad, los que engañan al pueblo y dicen paz cuando no la hay. Por lo tanto, Dios enviará destrucción para que desbaraten sus argumentos (Ezequiel 13:10-14).
Todo aquel que busca la salvación como un fruto propio de sus obras lleva fruto de muerte (Romanos 7:5). Sin embargo, el que cree en Jesucristo -sin buscar añadir su propia justicia- tiene vida eterna, ya que por medio del Señor se anuncia el perdón de pecados. Por medio de la ley de Moisés nadie pudo ser justificado, pero a través de Jesucristo como justicia de Dios alcanzamos su misericordia y perdón. Aquellas personas del Antiguo Testamento que aguardaban la manifestación del Cordero de Dios anunciado, los que ofrecían sacrificio como un tipo de lo que vendría, adoraban con rectitud al Todopoderoso.
No descansamos en nuestro propio poder, ya que no lo tenemos; sin embargo, lo que resulta imposible para los hombres es posible para Dios. Dios fue quien mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Corintios 4:6). Para nosotros el evangelio no está escondido, ni Satanás pudo mantener sus tinieblas sobre nuestro entendimiento. La tierra sería una masa oscura si el sol no estuviera como su luminaria; de la misma manera, Dios ha hecho que en su pueblo alumbre el evangelio de Cristo, para que veamos la tenebrosidad del pecado, para que valoremos el tesoro de las palabras del Señor.
Gracias a la luz del evangelio de Cristo podemos disipar las tinieblas de los que argumentan con falacias. Son estos los que se ufanan en decir que ellos constituyen la prueba de que se puede militar en una falsa doctrina y ser salvo al mismo tiempo. No logran discernir la frontera entre andar extraviado de la verdad y estar en la verdad; para ellos el tiempo que pasaron en la mentira debe computarse como tiempo invertido en la verdad. Están en una falacia de petición de principio, alegando que su conversión constituye la prueba de sus argumentos.
Pero no se han convertido hacia la verdad sino que apenas han participado de un simulacro de la verdad. Sostienen que el tiempo perdido no lo fue del todo por cuanto supuestamente ahora han llegado a la verdad. El apóstol Pablo estimó como pérdida todo su tiempo alejado de Cristo, pero estos incrédulos de hoy aseguran que como ahora dicen creer el tiempo de su incredulidad debe tenerse como la prueba de que Dios ama al que esté en la incredulidad.
Ese argumento tautológico desdice de su validez, pero los que se hechizan por lo rimbombante de sus palabras demuestran que son ciegos que siguen ciegos. Nadie podrá alegar estar en la verdad por el hecho de que Dios lo haya usado para beneficio de la verdad. Ejemplo tenemos en el Faraón de Egipto, quien estando en la mentira ha sido ampliamente usado por Dios para anunciar su nombre por toda la tierra. Lo mismo se puede decir de Judas, quien siendo hijo de perdición fue usado por Dios para cumplir a cabalidad su plan con el sacrificio de su Hijo. De esta forma el error doctrinal puede ser usado para la gloria de Dios, al condenarse el argumento erróneo, al resaltar por contraste la verdad, pero nunca se podrá exonerar de culpa a quien trabaja con la mentira o con el engaño doctrinal. El Anticristo será puesto por Dios, pero eso no implica que el creyente deba adorarlo o aupar su nombre.
La Biblia dice que el pueblo de Dios lo será de buena voluntad en el día de su poder. Por lo tanto tenemos buena voluntad para la doctrina de Cristo, ya que fuimos alcanzados en el día del poder de Dios. Fue por el poder de Dios que llegamos a creer, cuando habiendo sido enseñados por Dios logramos aprender para ser enviados a Cristo (Juan 6:45). Nadie podrá alegar su propio error doctrinal para señalar que a pesar de vivir en la mentira del otro evangelio, del evangelio de maldición, ha llegado a ser salvo. Cuando Dios nos saca del falso evangelio no nos deja ir tras sus falsos maestros (Juan 10: 1-5).
César Paredes
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