DIOS USA A SUS ENEMIGOS

Las piedras hablarán, si nosotros callamos. Esas piedras que hablan son personas que predican el evangelio aunque ellas ni lo conozcan a cabalidad, ni pretendan hacerlo. Sucede a menudo que Dios usa personajes contrarios a los ideales, como lo hizo con Ciro, el que nunca conoció a Jehová. Ese mandatario de un pueblo hostil hizo que el pueblo sometido se diera a la tarea de la construcción del Templo del Señor; por igual, devolvió los utitencilios robados junto al dinero que les habían quitado a los israelitas en su asedio. Por otro lado, asumió el costo de esa operación con el tesoro de su reino. Esta profecía fue anunciada unos cien años antes. Un verdadero milagro ocurrido, cumpliéndose a detalle.

Incluso, uno de los que pronunció un discurso sancionador en el caso contra Jesucristo, profetizó que era mejor que un hombre muriera por causa del pueblo. Esto lo dijo en su calidad de sumo sacerdote, pero ni idea tenía de que hablaba en nombre de Jehová. El odio contra Jesús cegaba a sus enemigos, sin que ello impidiera que pronunciara lo que el Señor deseaba se dijera. Estas maravillas de Dios se narran en las Escrituras, por lo cual Pablo pudo asegurarnos que si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

La encarnación de Jesucristo lo hizo sujeto a la ley de Dios, estando obligado a cumplir todos sus preceptos. Esto lo cumplió hasta el más mínimo detalle (Isaías 50:5), como también relata el Salmo 40:8: El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado. Y tu ley está en medio de mi corazón. De esta forma sufrió hasta el último castigo por causa de todos los pecados de todo su pueblo (Mateo 1:21), por lo que en la cruz nos representó dignamente en un sacrificio suficiente, hasta decir: Consumado es. Dios no nos va a castigar dos veces por los mismos pecados; ya nos castigó en Cristo, así que tenemos el beneficio de su trabajo perfecto.

Precisamente este es otro ejemplo del uso que Dios hace de sus enemigos. Judas Iscariote era enemigo de Dios, pero iba conforme a las Escrituras. Los judíos que animaron al pueblo a crucificar a Jesús lograron el doble propósito: el de ellos, sumergidos en su odio y apego por su religión vana, y el del Creador que había profetizado al pormenor aquella crucifixión. Los soldados romanos recibían órdenes superiores para hacer aquello que en su corazón se habían acostumbrado: la tortura hasta la muerte de cruz contra sus enemigos. ¿Acaso no había escrito la profecía que Jesús sería el traspasado? ¿Que le darían hiel en lugar de agua? ¿Que el Señor encomendaría a su Padre su espíritu, o que echarían suertes sobre sus vestiduras?

Ese trabajo enemigo cumplía a cabalidad el plan de Dios. Este es el Dios perfecto con fines útiles para su pueblo escogido desde antes de la fundación del mundo, al cual convierte temer. Nada falta a los que le temen, dice la Biblia.

Al pagar el precio alto que debíamos por nuestras almas, Jesús nos compró y garantizó la salvación absoluta de todos aquellos que conformamos su pueblo, su real sacerdocio, la nación santa y escogida, su iglesia, sus amigos. Ya había acontecido una prefiguración de lo que vendría, cuando Abraham alzando sus ojos miró que estaba un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos. Ese fue el carnero del holocausto en lugar de su hijo; de igual manera, el Cordero de Dios es el holocausto al Padre en lugar de nosotros. Dios ha provisto redención para sus amados.

El Faraón se levanta como otro paradigma de los enemigos del Dios vivo. Él fue colocado para ese fin, por lo cual pudo decir: ¿Quién es Jehová para yo os deje ir? El desconocimiento del Altísimo demuestra no solo la ignorancia del impío sino su enemistad contra el Dios que no ha conocido. Pero esa opresión acérrima que ejercía el Faraón junto con sus militares cumplía otro paradigma que estaba en la mente del Señor. De esa manera apareció la pascua como señal a recordar aquello que vendría y vino ya: el Cordero de Dios. La matanza de los primogénitos fue un terrible castigo sobre los enemigos del pueblo de Dios, pero también sirvió para ilustrar a ese conglomerado que liberaría Moisés su relación con la pascua.

La pascua significa pasar por alto, como sucedió cuando el ángel del Señor pasaba por alto todas aquellas viviendas que estaban marcadas con la sangre de un cordero, de manera que la plaga enviada por Dios no caería sobre esas personas en esos hogares. La plaga caería sobre Egipto, la representación del mundo en las Escrituras. La sangre del cordero tipifica la sangre de Cristo, sin que mediara la obra humana de aquellos que marcaban sus casas con esa sangre. Ese era el símbolo de lo que habría de ocurrir siglos más tarde, en tanto el pueblo de Israel se constituyó en el guardián de la palabra revelada del Señor. Ahora la tenemos impresa, por lo cual conviene no despreciarla sino leerla y digerirla para extraer su mejor provecho.

La Biblia dice algo que conviene pensar y retener: Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él (Proverbios 16:7). Esaú fue el gran enemigo de Jacob, pero la oración de Jacob prevaleció y recibió un abrazo de parte de su hermano enojado. Nos demuestra que Dios tiene control sobre cada individuo, sea amigo o enemigo, ya que aún el corazón del rey está en las manos de Jehová, para inclinarlo a todo que él quiera (Proverbios 21:1).

Ya que somos amigos de Cristo se nos pide no amar al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo (1 Juan 2:15-16). Al amar a Dios se implica el amar su palabra y en ella se nos habla con creces de la doctrina del Hijo. Esa doctrina es la misma del Padre, así que tenemos por cierto que la crucifixión del Señor se hizo en exclusiva por todo su pueblo que vino a redimir. Ese pueblo es llamado las ovejas del Señor, no las cabras; ese pueblo es salvado por el conocimiento del siervo justo (Isaías 53:11), el cual conoce por la palabra y por mediación del Espíritu Santo que el centro del evangelio es la expiación que hizo Jesucristo de cada uno de nosotros.

El que anuncia otro evangelio se considera anatema (maldito), de manera que el amor del Padre no está en él. Si alguno se extravía de la doctrina de Cristo no tiene ni al Padre ni al Hijo. ¿Cómo, pues, tendrá al Espíritu Santo? Dios ha demostrado su poder contra sus enemigos, para beneficio de sus amigos, su pueblo. No miremos hacia atrás sino que sigamos hacia la meta del supremo llamamiento, sabiendo que estos días son difíciles pero que perseveraremos porque estamos preservados en las mandos del Hijo y en las del Padre, el cual es mayor que todos.

César Paredes

retor7@yahoo.com

absolutasoberaniadedios.org

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