DIOS NOS CONOCIÓ

El conocimiento previo de Dios viene a ser la expresión con la que también en la Biblia se habla del amor de Dios. De la manera como Adán conoció a su mujer y tuvieron otro hijo, asimismo la Escritura muestra pasajes con la misma idea. Amor y conocimiento van ligados en sus páginas, sin que ello desdiga del sentido del conocimiento como operación exclusivamente intelectual. A vosotros solamente he conocido de entre todos los habitantes de la tierra (Amós 3:2), una expresión que tiene mucho que ver con el amor exclusivo de Dios para su pueblo. A los que antes conoció, a estos también predestinó (Romanos 8: 29); Jesús les dirá a muchos en el día final: Nunca os conocí (Mateo 7:23).

Esas expresiones del conocer bíblico tienen su implicación afectiva. Jesús es Omnisciente, sabe todas las cosas, pero dirá esa expresión: Nunca os conocí. ¿Cómo es eso posible? La razón se basa en que simplemente CONOCER implica Amar, aparte del sentido gnoseológico del étimo. En Romanos 8:28 Pablo nos aclara que todos los eventos de nuestra vida operan en forma conjunta para nuestro beneficio, siempre y cuando Dios nos haya amado desde la eternidad. Si Dios no ama desde la eternidad, entonces odia, como lo demuestra el caso de Esaú (Romanos 9: 11-18). Fuimos llamados de acuerdo al propósito divino, dado que Dios nos conoció desde antes (Romanos 8:29).

προέγνω (proegno) es la forma verbal que se toma de la gramática griega para demostrar el conocimiento anticipado del Señor. Ah, pero acá entramos en un terreno escabroso para muchos, en especial para aquellos defensores del libre albedrío humano frente a la absoluta soberanía de Dios. Escabroso por cuanto llegar a reconocer que Dios nos ama sin condición en nuestras obras hace a Dios injusto (como lo denuncia Pablo en Romanos 9:19). Dios no tendría derecho a inculpar a Esaú por cuanto lo odió sin miramiento a sus obras, alegato con el cual el apóstol expone al objetor de la tesis revelada por el Espíritu Santo. Es decir, la criatura inculpa al Todopoderoso por lo irresistible de su voluntad, así que Esaú debió ser juzgado en base a sus obras y no al determinado consejo de Dios.

Para ello, los gramáticos de esa teología demoníaca han salido con el argumento de que el verbo odiar en la Biblia significa amar menos. En otros términos, Esaú también sería amado por Dios pero en menor cuantía que Jacob. ¿Y de qué le hubiera servido tan mínimo amor? Al parecer, de nada, por cuanto el Faraón de Egipto corrió con la misma suerte de Esaú, paradigmas junto a Judas -y todos los demás réprobos en cuanto a fe- del odio de Dios o de la falta de amor divino para con ellos. Este Dios es desconocido por la institución religiosa, más bien ocultado por la religión oficial, pero sigue siendo el Dios de las Escrituras.

Decimos que Dios es Omnisciente, que no puede llegar a conocer nada nuevo. Si llegare a conocer algo nuevo significa que antes no lo conocía. Entonces hablamos de amor eterno, cosa que Dios quiso desde siempre para con sus elegidos; no porque Él haya mirado en los corredores del tiempo para ver si había alguien que lo buscara o si algún justo se acordara de Él. Si tal cosa Dios hubiera hecho significaría en primer lugar que había gente justa en el mundo, contrariando las Escrituras que señalan: No hay justo ni aún uno, no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios (Romanos 3:10-12); en segundo lugar, esto querría decir que Dios no sabía quiénes eran esos justos y tuvo que llegar a averiguarlo en el corredor del tiempo. En resumen, tal situación echaría por tierra la Omnisciencia de Dios.

Pablo tiene toda la razón, la razón que le da el Espíritu Santo que lo ha inspirado, para decirnos que nosotros los creyentes sabemos que todas las cosas operan para nuestro bien, para los que amamos a Dios, a los que conforme a su propósito hemos sido llamados. Juan nos lo resalta: Si lo amamos a él / a Cristo, fue porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El hombre muerto en delitos y pecados no puede amar a Dios, a menos que sea nacido de nuevo, renovado para arrepentimiento por medio de la fe en la gracia dada por Dios (Efesios 2:8).

De esta manera todos aquellos que fueron conocidos (previamente), amados (en el sentido del conocer bíblico implicado por el texto), fueron por igual predestinados para ser conformes a la imagen de su Hijo; de esta forma Cristo sería el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29). Los que leen las Escrituras recordarán los pasajes que hacen alusión al conocer bíblico como un verbo que también refiere al amor entre las personas, así como al amor de Dios por nosotros.

Por ejemplo, recordemos el caso de José y María. De acuerdo al relato bíblico, después de que José despertó del sueño en el que se le presentó un ángel de Dios para decirle lo sucedido con María, no la conoció (a María) hasta que dio a luz a su hijo primogénito (Mateo 1:25). Vemos varias cosas en este texto: 1) José no tuvo relaciones sexuales con María (no la conoció) hasta después de que dio a luz al niño (Jesús); 2) Jesús fue apenas el primogénito de María, ya que tuvo otros hijos con José. Estos hermanos de Jesús eran hijos biológicos de María (Mateo 13:55-56).

La Biblia nos dice que Adán conoció a Eva su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín…(Génesis 4:1). Acá conocer se refiere a la unión sexual, a la intimidad, ya que Adán conocía intelectualmente a Eva una vez que fue formada de su costilla. En Génesis 4:17 leemos: Y Caín conoció a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc (vemos el mismo contexto anterior, ya que sabemos que si se llegó a ella es porque la conocía cognitivamente hablando). En Juan 17:3 Jesús habla de la relación que tendremos con Dios: conocerle a Él en una estrecha relación de amor y confianza, lo cual se compara con la vida eterna. En 1 Corintios 8:3, Pablo nos afirma: Pero si alguno ama a Dios, este es conocido de él (de nuevo CONOCER refiere a una relación de intimidad y amor con Dios).

En resumen, si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). El texto de Romanos que refiere a los que Dios antes conoció, a los cuales predestinó, los que quedan expuestos bajo el signo de la relación conocer-amar. De igual forma, cuando Pedro expuso su primer discurso recogido en Hechos 2, en el verso 23 menciona el anticipado conocimiento de Dios, como la razón de haber entregado a Jesús ante los judíos enardecidos para crucificarle. Ese conocimiento anticipado es similar a la PROGNOSIS mencionada en Romanos 8; por igual, Pedro nos habla en su Primera Carta, capítulo 1, verso 2, de la presciencia de Dios Padre que nos eligió en santificación del Espíritu. Esa presciencia sigue siendo la misma PROGNOSIS de la lengua griega antes analizada. Ese conocimiento anticipado de Dios va ligado a su amor eterno para con su pueblo, de acuerdo a su propósito infalible e inmutable.

Dios volcó su amor desde antes de la creación del mundo sobre sus elegidos (Apocalipsis 13:8; 17:8), así que a quien Él amó lo predestinó para ser conforme a su Hijo. Ese es el mismo Dios a quien Jesucristo agradeció por haber escondido las cosas del reino de los sabios y entendidos, para darlas a conocer a los niños -a sus pequeños. Jesús añadió: Sí, Padre, porque así te agradó (Mateo 11:25-27). ¿A quién más, sino al diablo, le gusta decir lo contrario de lo que Dios afirma? Por esa razón sus teólogos insisten en que Dios vio anticipadamente en el túnel del tiempo, en la bola de cristal, etc., quiénes serían los que se decidirían por Él para predestinarlos en consecuencia. Pero esa mentira tiene sus fallas naturales, ya que aparte de que contraviene las Escrituras supone que Dios sería culpable de injusticia si no diera igual chance a cada ser humano frente al destino eterno. El Dios soberano de la Biblia no tiene consejero, no tiene tampoco quien detenga su mano y le diga ¿qué haces? Además, si Dios vio que había gente dispuesta a seguirle, ¿para qué los iba a predestinar si ya por ellos mismos estaban destinados a seguirle?

La elección es de acuerdo a la gracia (Romanos 11:5), y para alabanza de su gracia (Efesios 1:3-6). Tantos como hemos sido señalados para creer, llegamos a creer (Hechos 13.48). Los que no creerán nunca no pueden creer porque no son parte de las ovejas del Señor; no se trata de creer para ser oveja sino de ser oveja para creer (Juan 10:26-28). Fue el Señor quien nos escogió y no nosotros a él (Juan 15:16). Muchas enseñanzas se derivan del verbo conocer según la Biblia, sin que se descarte la marca del acto cognoscitivo del mismo. En ocasiones la Biblia habla del conocer en el plano intelectual, como cuando dice Moisés al pueblo: Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco (Deuteronomio 9: 24). También el Señor conoce todas las cosas, como conoce (ama) el camino del justo; ese conocido o amado camino del justo se contrapone al camino del impío que perecerá (Salmos 1: 6).

Cada quien puede seguir indagando en las Escrituras, sin aislarlas del contexto en que ellas aparecen, de manera que pueda comprender el gran significado del amor de Dios para su pueblo. Ante semejante y abrumador sentido de pertenencia, ¿quién nos separará del amor de Cristo?

César Paredes

retor7@yahoo.com

absolutasoberaniadedios.org

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