ARREPENTIRSE DEL FALSO EVANGELIO

La palabra griega metanoia (μετάνοια) significa cambiar de mentalidad, darle un giro a lo que uno ha estado pensando. Jesús usa el imperativo Μετανοεῖτε en Mateo 4:17, un llamado al arrepentimiento porque el reino de los cielos se ha acercado. Dado que el vocablo induce a cambiar de mentalidad (el νοῦς – la mente), se entiende que debiéramos perseguir o requerir a la mente un determinado asunto. En el contexto en que Jesús habla ha de comprenderse que se impone un sentido teológico. Hemos de cambiar la noción que se nos ha dado por medio de la cultura del mundo, respecto a lo que es Dios, al mismo tiempo que respecto a lo que el ser humano dice ser.

Hemos sido habituados a percibir a Dios como un ser democrático, que intenta ayudar pero solamente a quien se deja. Por otra parte, concebimos a una potestad humana altamente exagerada, atribuyéndonos un libre albedrío que no es sino una fábula religiosa. ¿Cuál libertad tuvo Esaú para contrariar su designio eterno? Esto lo comprendieron muy bien los griegos, a quienes se les atribuye sabiduría -al decir de Pablo. Ellos se inventaron una Moira o Destino que estaba por encima de sus dioses, una implacable fuerza que se ve reflejada en sus tragedias (por ejemplo, Edipo Rey; Antígona, entre tantas).

El mundo auto llamado Cristiano salta esa parte de la razón para atribuirse una libertad que coloca a Dios como quien ruega por salvar un alma. Los predicadores hacen llamados persuasivos para que alguien levante la mano, dé un paso al frente o haga una oración de fe. Luego ruegan al cielo para que Dios anote en el libro de la Vida a ese nuevo prospecto alcanzado. Nada más pertinente para ese público que el llamado a arrepentirse del falso evangelio (véase Apocalipsis 17:8 para que se entienda cuándo fueron escritos los nombres en el libro de la Vida).

Cualquiera que muera creyendo en un falso evangelio estará separado eternamente de Dios, habitará el infierno de fuego. Las obras buenas que hagamos deben ser tenidas como una consecuencia de nuestra fe, jamás como una causa de ella. La salvación del alma no depende del esfuerzo humano sino de Dios. Desde la eternidad Él ha preparado a un pueblo para llamarlo oportunamente a través del evangelio, dándole fe y arrepentimiento para perdón de pecados.

Dios predestinó a Herodes y a Poncio Pilatos, así como a las naciones y las gentes de Israel, para que juntos estuvieran contra el Señor, para que hicieran cuanto Dios había antes determinado (predestinado dice el griego) que sucediera (Hechos 4:27-28). Acá estamos viendo una predestinación divina para la maldad, así como anteriormente hubo levantado al Faraón de Egipto para endurecerlo. Vemos por igual que Moisés fue rescatado por Dios para dirigir al pueblo de Israel desde la esclavitud hacia una tierra prometida. Si alguno se pregunta acerca de los israelitas que nunca creyeron, tenemos que responder con el apóstol Pablo: No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia (Romanos 9: 6-28). Isaías también señaló que si el número de los hijos de Israel fueren como la arena del mar, tan solo el remanente será salvo (Isaías 10:22). En Romanos 8:29-30 leemos que aquellos que Dios conoció de antemano también los predestinó. Esto nos conduce a otro debate para tratar de dar luz a quienes se confunden con el acto del conocimiento previo divino.

Dios pre-conoce, conoce desde antes, lo cual supone que Él tiene la Omnisciencia como atributo. Resulta indudable que el Dios de las Escrituras todo lo conoce, pero para nosotros resulta una confusión por los que tratan de ajustar la palabra divina a su teología equivocada. Muchos afirman que como Él supo desde siempre quiénes iban a aceptar su proposición de redención, entonces los escogió. Es decir, Dios vería la causa de la salvación en el corazón de sus criaturas y por eso los escogió o predestinó. Este tipo de razonamiento conduce a un laberinto sin salida, a un desgaste del entendimiento.

Si Dios ya había mirado en los corazones humanos para averiguar quiénes creerían su mensaje, entonces no tenía por qué predestinarlos, ya que ellos mismos se habrían destinado por su cuenta para salvación. Además, Dios habría mentido al declarar que no había justo ni aún uno, que nadie lo buscaba, que nadie hacía lo bueno. Sabemos que tener la intención de amar a Dios es algo bueno e implica justicia, por lo tanto, aquellos que Dios vio que creerían ya lo amaban, por lo cual señalan el equívoco divino en su declaración.

Hay más errores en esta aseveración. El acto de mirar en los corazones humanos, o en el túnel del tiempo, presupone que Dios no sabía antes de esa mirada quiénes habrían de ser los redimidos; por lo tanto no era un Ser Omnisciente puesto que no sabía algo que tuvo que averiguar después. Urge señalar que el verbo conocer en la Biblia tiene también otra acepción, de manera que no siempre señala la acción cognoscitiva de llegar a saber algo. Implica comunión, relación íntima, así como la Escritura declara que José no conoció a María, su mujer, hasta que dio a luz el niño (Mateo 1:24-25). Pese a no conocerla ya era su esposa y estuvo con ella para cuidarla cuando buscaba posada para el nacimiento.

Jesús dijo que muchos le dirían en el día final que habían profetizado y hecho milagros en su nombre, pero que él les respondería que nunca los había conocido (Mateo 7:23). ¿Cómo es que nunca los había conocido si él es un Dios Omnisciente? En Juan 1:10 leemos que Jesús estaba en el mundo pero el mundo no le conoció (es decir, no lo amó, no lo recibió).

El Ángel Gabriel fue enviado a María para anunciarle su bienaventuranza a quien todavía siendo virgen había sido desposada con un varón que se llamaba José. Después que el ángel le hubo dicho que concebiría un hijo al que llamaría Jesús, María le preguntó: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón (Lucas 1:34). ¿Cómo es que un Dios Omnisciente haya dicho a través del profeta Amós que solamente había conocido a los israelitas de todas las familias de la tierra? (Amós 3:2). Estos son algunos ejemplos en las Escrituras, pero pudiéramos buscar más; sin embargo, baste con ellos para que se pueda entender que ese conocimiento previo del Señor significa que los amó previamente, como también le fue dicho a Jeremías: Con amor eterno te he amado.

Esos conocidos (amados de antemano) fueron igualmente predestinados para ser conformes a la imagen del Hijo de Dios. Esos predestinados fueron y serán llamados eficazmente en su debido tiempo; estos llamados fueron y serán justificados, para que finalmente hayamos sido glorificados. Por lo tanto, el apóstol Pablo concluye con una exaltación de seguridad: ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). Por esta razón el apóstol había señalado previamente que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8: 28).

César Paredes

retor7@yahoo.com

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