Pedro nos asegura que hemos sido renacidos de la simiente incorruptible, por la palabra de Dios. Ese Dios vive para siempre, da vida a quien quiere darla y endurece a quien desea endurecer. Su palabra viva y eficaz nos hace nacer de nuevo, ya que la fe viene por el oír la palabra del Señor. Predicamos el evangelio y esta buena noticia hace que la gente crea, pero solo creerán aquellos que han sido enseñados por Dios: Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí (Juan 6: 45; Isaías 54:13, que habla de los hijos de Israel, el Israel de Dios).
No en todos se produce el nuevo nacimiento, como la Escritura por igual resalta. Muchos de los discípulos de Jesús que lo seguían por mar y tierra dijeron que sus palabras eran duras de oír. Al escucharlas se retiraron murmurando; así que la predicación de las buenas nuevas de salvación endurece a muchos. Lo que resulta por igual una verdad es que no hay forma de salvación si no es por medio de la palabra del evangelio de Cristo. De esa manera somos renacidos por medio de la simiente incorruptible, como también expresó Jesucristo: por la palabra de ellos (los apóstoles), cuando oraba aquella noche aciaga en el Getemaní (Juan 17).
Hoy día aparece un nuevo peligro con la influencia de la doctrina de la Nueva Era. Ya lleva tiempo entre nosotros, pero se acentúa cada vez más. La gente habla del pensamiento positivo, como si pudiésemos cambiar la realidad que nos circunda. De allí que cobre fuerza lo expresado por el apóstol Pedro, que tenemos que adherirnos a la palabra de la simiente incorruptible. En esa palabra hayamos la descripción de la fe de Cristo, en lo que cada creyente debe crecer a diario. Sin fe resulta imposible agradar a Dios, no es de todos la fe sino que ella viene como un don del Señor.
No existe poder sobrenatural en el pensamiento positivo; tal vez nuestra mente se sienta en confort si pensamos positivamente pero la realidad no cambia nada. La Biblia nos educa al respecto, que hombres soberbios se han levantado en la humanidad (hombres que suponen tienen el poder sobre los demás seres humanos y que se han proclamado dios de ellos). Nabucodonosor es un buen ejemplo de pensador positivo; pensó tanto en sí mismo que ordenó construir una estatua de él para que todos la adorasen. La lección la encontramos descrita para nuestro provecho, habiendo sido humillado como una bestia del monte, tuvo que soportar unos largos años de castigo para que aprendiera quién es el soberano en la tierra y en el universo.
Ciertamente, la Escritura nos ordena pensar en todo lo justo y en todo lo amable, en aquello que tenga algo digno de alabarse. Nos exhorta a no andar en procacidades, en no pronunciar aquello que corrompe a los oyentes. Recordemos que aún en nuestra soledad nosotros nos escuchamos a nosotros mismos, así que si tenemos el Espíritu de Dios tampoco debemos contristarlo en nosotros. La Biblia también nos habla de la confianza que debemos de depositar en el Todopoderoso que nos cuida a diario, en sus benevolencias para con sus hijos. Nos dice que todas las cosas nos ayudan a bien, a los que hemos sido llamados conforme a su propósito.
Pero la Biblia no puede ser considerada como un libro de pensamientos positivos, como un argumento de autoridad para que militemos en esos pensamientos y transformemos las cosas. De todas formas, hay textos que nos advierten por igual acerca de lo que debemos pensar. Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él (Proverbios 23:7); pero de acuerdo al contexto sabemos que Salomón se refiere al hombre avaro. Esa persona dice: Come y bebe, pero su corazón no está contigo. También nos advierte Salomón que no debemos hablar a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de nuestras razones. Hay muchas cosas que conviene aprender de las Escrituras: Aplica tu corazón a la enseñanza, y tus oídos a las palabras de sabiduría (Proverbios 23:12).
Vivimos una época de teologías diluidas, sin apego a la doctrina de Cristo. Las falsas doctrinas toman partes aisladas de la Biblia para hacer ver como contenido divino aquello que pervierte el alma. La Biblia dice que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece, pero ello no implica que podamos cambiar los resultados o los eventos futuros si los pensamos con una visión positiva. La Biblia nos habla de tener fe en Dios, de confiar en su palabra; pero no nos dice nunca que confiemos en nosotros mismos. Al contrario, dice así la Escritura: Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia (Proverbios 3:5-8). No debemos ser sabios en nuestra propia opinión, sino temer a Jehová el Señor. Asimismo, la Biblia es tajante contra aquellos que confían en sus propios pensamientos como si fuesen un baluarte de protección. Maldito el hombre que confía en el hombre, que se apoya en fuerzas humanas y parta su corazón del Señor; será como una zarza en el desierto: no se dará cuenta cuando llegue el bien (Jeremías 17:5-6).
La Biblia habla de la bendición de aquella persona que pone su confianza en Jehová, porque será como un árbol plantado junto a las aguas, que junto a las corrientes echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde. Agrega que Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9). Pero nosotros los creyentes debemos tener en cuenta que ya hemos recibido un corazón no engañoso para amar el andar en los estatutos del Señor (Ezequiel 36:26-27). Ese corazón de piedra (engañoso) nos fue quitado para recibir el de carne.
El mundo sigue con el corazón engañoso y perverso, por eso recibimos maldición cuando confiamos en las personas no regeneradas por Dios. De igual forma, nuestra confianza debe ir dirigida siempre al Señor, ya que de esa manera recibiremos la bendición (Jeremías 17:7). Nosotros no tenemos fuerza magnética que arrastre cosas buenas, ni podemos crear nuestra propia realidad con fantasías. Los estoicos desarrollaron un pensamiento interior que les permitía huir de la realidad externa, pero no por ello la cambiaron o la modificaron.
Cuando el Espíritu Santo mora en nosotros cambia nuestra forma de pensar. Pero no creamos que esa nueva forma de pensar modificará las cosas externas o internas de alguien. Simplemente reconoceremos que toda buena dádiva viene de arriba, de Dios mismo (Santiago 1:7). Para mejorar nuestra vida no podemos sustentarnos en algo tan etéreo como el pensamiento positivo, como si pensando en ello resultare una magia extraña. Cuidado con esos juegos que bordean lo esotérico; nuestra verdadera espiritualidad se fundamenta en la relación con Cristo.
Eva pensó positivamente en el Edén, cuando la serpiente le mostró que con la desobediencia podía alcanzar el conocimiento del bien y del mal. El resultado fue espantoso; la obediencia a Dios, en cambio, nos muestra el camino para recibir su bendición especial. Tenemos la mente de Cristo, así que estamos capacitados para ser instruidos y alcanzar calidad en aquello que hagamos de acuerdo a la instrucción recibida (1 Corintios 2:16). Dios nos enseña a cada uno de los que ha sido ordenado para vida eterna; aquellos que Dios ha dado y dará al Hijo, llamados también los escogidos del Señor, son oportunamente enseñados por el Padre para que aprendan a ir hacia su Hijo (Juan 6:45).
Esa es una enseñanza especial que da Dios a cada uno de sus escogidos, para que por medio de la palabra comprendan que Jesús es el pan de vida, la fuente de agua para vida eterna, el Cordero de Dios que quitó todos los pecados de su pueblo, conforme a las Escrituras (Mateo 1:21). Como dijo Juan en una de sus cartas: Jesús es la propiciación por los pecados de todo el mundo, dando a entender con ello que no lo fue solamente de un grupo de judíos sino también de un gran grupo de gentiles. En realidad, esto cumple la profecía que advertía a la estéril que mayor serían sus hijos que de la que tiene marido (Gálatas 4:27).
César Paredes
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