LA PIEDRA DEL ÁNGULO

La piedra fundamental de la construcción fue desechada por miles de edificadores, de manera que su edificación sobre la arena confeccionó una estructura débil ante los embates naturales. La teología bíblica gira en torno a la expiación de Cristo, lo que él hizo en su vida y con su muerte, la exhibición de su sacrificio en ofrenda por el pecado de todo su pueblo (Mateo 1:21). Ni uno más ni uno menos, solamente los escogidos de Dios fueron llamados como pueblo suyo, el objeto del trabajo en la cruz hecho por Jesucristo. Esto se muestra como parcialidad divina, aunque el ser humano no tiene facultades para juzgar a Dios.

Vendido al pecado, cualquier individuo en estado natural se muestra imposibilitado para siquiera desear la medicina que cure su alma. La muerte en delitos y pecados es la descripción de lo que sucedió en el Edén. La caída de Adán fue federal, de manera que cada ser humano hereda de su padre el pecado de la desobediencia, para hacerle caso a Satanás, para inferir que puede ser más astuto que el Creador.

Hay muchos Cristos, pero uno solo es el verdadero; muchos evangelios, si bien existe uno solo. De esta forma no todos los que exclaman que siguen a Cristo en realidad están siguiendo al Señor de las Escrituras. Debemos tener en cuenta el centro del evangelio, la expiación de Jesús. El hecho de ser inclusivos no nos permite juzgar con justo juicio, por lo cual muchos pasan por alto lo que dice la Biblia. Cristo no vio corrupción, como lo dice uno de los Salmos; su carácter santo hace que Jesús anuncie perdón de pecados. Por medio de la ley de Moisés no puede nadie ser justificado (Hechos 13:29), pero por medio de Jesucristo es justificado todo aquel que cree. ¿Y quién es el que cree o qué es lo que se ha de creer?

LOS QUE CREEN: Después de que Pablo y Bernabé hubieron anunciado en medio de los judíos el evangelio, se dirigieron a los gentiles para que se cumpliera la Escritura. Estos gentiles que los oyeron glorificaban la palabra del Señor, de forma que creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna (Hechos 13:48). Este hecho tiene un vínculo absoluto con la propiciación, con el trabajo de Jesucristo; Jesús había muerto para limpiar los pecados de su pueblo. ¿Cómo lo sabemos? El texto de Lucas lo enseña: creyeron solamente aquellos que habían sido ordenados para vida eterna.

Tal vez Lucas no fue muy inclusivo, como sí que ha sido inclusiva la congregación eclesiástica a lo largo de los siglos. En favor de Lucas habla Jesús mismo, cuando Juan recoge sus palabras en el Capítulo 6 de su Evangelio. Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; ninguno puede venir a mí si el Padre que me envió no lo trajere (Juan 6:37, 44). Se deduce que Jesucristo no murió en favor de los que el Padre no le enviará nunca, sino que solamente se sacrificó por los que el Padre le dio y le daría (Juan 17: 9, 20). Si alguno predica otro evangelio ha de ser considerado anatema, esto es, maldito. Estas últimas palabras fueron escritas por el apóstol Pablo.

LO QUE SE HA DE CREER: ¿Cuál es ese otro evangelio? En resumen, aunque haya una gran cantidad de mensajes supuestos de parte de Dios, estos se evidencian por la inclusión inferida de la supuesta expiación universal de Jesús. Como si el Señor hubiese hablado en vano, como si el Espíritu hubiese inspirado a Lucas equívocamente, el evangelio de la expiación universal hace Jesús como si hubiese derramado su sangre por los que se pierden. Esa asunción devela una blasfemia contra el sentido de las Escrituras.

El propósito de Jesús no fue salvar a Judas Iscariote, ni a los que mueren sin perdón de pecados. Jesús murió por los que fueron ordenados a vida eterna, como lo fue Jacob, pero no murió en favor de Esaú o del Faraón. Si esta teología parece muy intrincada será por la abstrusa manera de pensar del incrédulo. ¿Vamos a decir que Dios es injusto? El objetor que Pablo levanta en Romanos 9 asegura que hay injusticia en Dios porque Esaú no pudo resistir la voluntad del Todopoderoso. De esa manera la objeción se vuelca sobre el tema de la libertad, ya que no habría pecado que culpar si la persona no es libre de no pecar.

Pablo reconoció su naturaleza humana (Romanos 7) pero no por eso encontró a la ley como algo malo, sino que al contrario la encontró muy buena. Simplemente comprendió que gracias a Jesucristo sería un día liberado del cuerpo de muerte del pecado. Dios ha dicho que de las tinieblas resplandecerá la luz, de la manera como ha resplandecido en el corazón de cada creyente. Este resplandor ocurre para alumbrar nuestro entendimiento, para el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (2 Corintios 4:6).

Ese resplandor divino debe ser suficiente para que entendamos el propósito de la redención de Jesucristo, el alcance de su trabajo en la cruz, la revelación del concepto de la justicia de Dios. Los que cavilan dando tumbos en el área de la expiación, de seguro están posados en otro fundamento distinto del que sobreedificaron los apóstoles. Jesucristo vino a ser la piedra de tropiezo que hace tropezar a muchos, la roca que los hace caer. Tropiezan porque no obedecen a la palabra, para lo cual también han sido destinados (1 Pedro 2:8).

Fue Pedro quien nos dijo que Jesús estaba ya destinado desde antes de la fundación del mundo, para ser manifestados en esta era de la iglesia (1 Pedro 1:20). Este texto nos conduce inequívocamente a entender que Adán tenía que pecar para que se cumpliera el destino divino acerca de Jesús como Hijo del Eterno. Por otro lado, el mismo apóstol nos dice casi de inmediato que muchas personas ya fueron destinadas para desobedecer a la palabra, que no es otra cosa que la doctrina de Jesucristo, el Verbo de Dios. Estas dos citas mencionadas (1 Pedro 1:20 y 2 Pedro 2:8) sirven para estudiar en conjunción con lo dicho por Juan en su Capítulo 6 de su evangelio. Asimismo, recordamos a Lucas con sus Hechos de los Apóstoles, cuando señaló que creyeron aquellos que habían sido ordenados para vida eterna.

Finalmente, agregamos 2 citas a tener en cuenta en esta reflexión: Apocalipsis 13:8 y 17:8, fáciles de recordar. De esta manera, como el viejo adagio dice, al buen entendedor pocas palabras, lo que nos lleva a comprender que los que siguen a la bestia lo hacen por la misma razón por la cual existió un tipo como Esaú: sus nombres no fueron escritos en el libro de la vida del Cordero, desde la fundación del mundo. Por supuesto que la expiación de Jesús fue prevista y oficiada en favor de todo su pueblo, como lo afirma el evangelio de Mateo (1:21). Lo que se le añada o se le quite a la palabra revelada, forma parte de la tarea realizada por los practicantes del otro evangelio.

César Paredes

retor7@yahoo.com

absolutasoberaniadedios.org

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