A Dios se le juzga de muchas maneras, pero nada peor que señalarlo como culpable por la injusticia humana. Dios que hizo todo cuanto ha querido, pero el ser humano ha pasado a señalarlo como injusto por endurecer al Faraón, por odiar a Esaú, por no enviar a Su Hijo a morir por todo el mundo, sin excepción. Judas iba conforme había sido ordenado, pero Jesucristo dio un ay por ese individuo a quien había escogido como diablo. Lo que has de hacer hazlo pronto, decía el Señor. Los teólogos que enjuician a Dios tratan de salvarlo del padecimiento que proviene de la acusación de los seres humanos.
Hay quienes aseguran que la Omnisciencia de Dios le permitió ver que Judas calificaba desde siempre como un traidor. Pero el pensamiento que rige esa teología sigue audaz la imaginación descontrolada. En síntesis, pareciera que el Dios Omnisciente supo todas las cosas porque vio el futuro en el túnel del tiempo o en una gigantesca bola de cristal. Así, y solo así, diera la impresión de que puede librarse de culpa. Sin embargo, surge otro problema de inmediato: si Dios vio lo que Judas iba a hacer, ¿no lo pudo evitar o no lo quiso evitar?
Si no pudo evitar que Judas hiciera tan grave mal, entonces pareciera que Dios no es Omnipotente, lo cual sería gravísimo porque carecería de la cualidad esencial de la Divinidad. Si podía evitarlo y no quiso hacerlo, porque tal vez respeta en demasía el ficticio libre albedrío humano, no sería tan misericordioso como la Biblia lo describe. Lo que sí parece ser cierto es lo que la Escritura anuncia: que Dios tiene misericordia de quien quiere tenerla, pero que endurece a quien quiere endurecer (Romanos 9).
El Dios Omnisciente que averigua el futuro deja mucho que desear con su omnisciencia. Si averigua algo es porque no lo sabía, por lo tanto no era omnisciente. ¿Cómo sabe Dios? ¿Hay conocimiento en el Altísimo? Dios sabe todo porque todo lo ha ordenado de la manera en que acontece. Ese razonamiento lo presenta Pablo en todas sus cartas, en especial en la Epístola a los Romanos. La razón de la aparición del objetor como recurso argumentativo es providencial. Me dirás, escribe el apóstol, ¿por qué, pues, Dios inculpa? En otros términos, el pobre de Esaú no debe ser tenido como culpable ya que parece ser una víctima del Todopoderoso. Esaú está limitado en su condición de humano, y de humano caído, lo que lo hace impotente para resistirse u oponerse a la voluntad de Dios (Romanos 9:19).
Ese objetor levantado por Pablo asegura que hay injusticia en Dios, pero el escritor bíblico le responde de inmediato: En ninguna manera (Romanos 9:14). La razón explicativa circunda el hecho de la soberanía divina, como bien se lo dijo a Moisés: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca (Romanos 9:15-16). Dios levantó a Faraón para mostrar en él su poder, para que el nombre del Altísimo sea anunciado por toda la tierra (Romanos 9:17). Así que al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9:18).
Ahora bien, decir que Dios sabía que el Faraón iba a estar endurecido sin que Él mediara en ello no es bíblico. Decir que odiaba a Esaú sin que Él mediara en ese odio, tampoco es bíblico. Ya Pablo expuso el argumento abiertamente, sin misterio alguno, bajo la lógica de que el lector iba a preguntarse si habría injusticia alguna de parte del Señor por condenar a Judas, al Faraón y a todos los réprobos en cuanto a fe, ordenados para tropezar en la piedra que es Cristo. Lo mejor que podemos hacer es reconocer que Dios es absolutamente soberano y hace como quiere, que no somos nada para poder siquiera pensar en juzgar al Todopoderoso Creador de todo cuanto existe.
Veamos el entuerto que se desprende del argumento de la omnisciencia divina, en virtud del túnel del tiempo. Si Dios vio lo que iba a suceder, no porque haya ordenado que lo que acontece acontezca sino porque vio en los corazones humanos lo que sucedería inevitablemente, entonces estaríamos hablando de un Dios con demasiada suerte. Pero no solamente hablaríamos del Dios suertudo sino de un Dios plagiario. Sí, Él vio en el futuro (a través de mirar en el corazón humano) el plan de redención. Vio que la gente en un punto de la historia crucificaría a Su Hijo, que Judas sería un discípulo traidor, que el Sanedrín se opondría a Jesús, que los romanos bajo órdenes superiores y militares llevarían a la cruz a ese acusado por los judíos de entonces.
Muchas cosas vio Dios en ese túnel del tiempo y tuvo mucha suerte de que lo visto se cumpliera, pese al voluble corazón humano que cambia a cada rato de parecer. Además, como ya señalamos, se copió esas ideas y las dictó a sus profetas como si fueran originadas en Él mismo. De esa manera presentamos al Dios plagiario, que sin saber lo que ocurriría tuvo que averiguarlo, o que sabiendo que ocurriría -por cuenta autónoma de los humanos- copió como suyo aquello que le dictaría a sus profetas. Disparates como estos son producidos por la teología que intenta disculpar a Dios de los actos de Judas, del endurecimiento de Faraón, del odio a Esaú, de no haber escrito el nombre de toda la humanidad en el libro de la vida del Cordero, desde la fundación del mundo (Apocalipsis 13:8 y 17:8).
Dios resulta culpable desde cualquier punto de vista, pues viendo a Judas que iba a cometer el gran crimen de traición no lo evitó, viendo que el Faraón era tan malo con los israelitas no lo evitó, y viendo demasiadas cosas como guerras anunciadas, crímenes pasionales, rencores humanos, con un gran etcétera, no quiso evitarlas. Dios ante el juicio humano siempre será tomado por culpable, pero como dice la Escritura: ¡Ay de los que pleitean con su Hacedor! ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! (Isaías 45:9-11).
En lugar de juzgar a Dios lo que debemos hacer es preguntarle acerca de sus hijos y de las cosas por venir. Aceptemos la Escritura tal como nos ha sido dada, sabiendo que Él es soberano absoluto y hace como quiere. Dios ha hecho todas las cosas para Sí mismo, aún al malo para el día malo (Proverbios 16:4). Dios hizo el caballo, pero Él no es un caballo; asimismo Dios ha creado (o dado origen) al mal, pero Él no es malo sino bueno, como lo dijo Jesucristo. Yo soy el que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo el mal. Yo Jehová que hago todo esto (Isaias 45:7 RVA).
La Biblia nos dice que Dios es luz, pero creó las tinieblas; el hecho de haberlas creado no lo hace a Él obscuro o tenebroso. Dios nos da su paz, pero creó el mal; el hecho de crear el mal no lo hace a él malo, como tampoco lo convierte en gallina por haberla creado. Y aunque Él haga todo cuanto existe, ha hecho al ser humano con una carga de responsabilidad ante su Presencia. El ser humano le debe a Dios un juicio de rendición de cuentas. De nuevo la Escritura dice: ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción…? (Romanos 9: 22). Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no inculpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmos 32:1-29).
César Paredes
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