Hacedlo todo, de hecho o de palabra, como para el Señor. Ese principio bíblico sostiene a cada creyente de las Escrituras; la razón descansa no en nuestra disposición sino en el solo hecho de que Dios es soberano, rey de reyes, creador de todo cuanto existe. En Él vivimos, nos movemos y somos; cuánto más nosotros, los que hemos sido llamados de las tinieblas a la luz estamos en posición de vencedores. Más que vencedores, añade la Biblia, ya que Jehová produce en nosotros el querer como el hacer, por su buena voluntad. En el impío también Dios hace, como lo demostró con Caín, con el Faraón de Egipto, con Esaú, con Judas Iscariote, etc., pero no para bendición de ellos.
El Dios que está presente y no está callado nos acompaña como una presencia que nos da descanso. A veces miramos mucho hacia los lados del mundo, pero cuando nos enfocamos en Jehová oramos y velamos para no desmayar. De inmediato nos llega el texto bíblico que nos recomienda a estar quietos y mirar que el Señor es Dios. Como en una obra que contemplamos, no la hacemos sino que la miramos y nos admiramos por su actor fundamental: El Dios de los ejércitos. No os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, el cual ha dicho: Mía es la venganza, yo pagaré. Terrible cosa es caer en manos del Dios vivo.
Así que por un momento viene el tropiezo, por un instante la angustia, casi siempre por causa de nuestros pecados. Pero cuando Dios lo disponga, aún a nuestros enemigos hará estar en paz con nosotros. ¿Alguien conspira contra usted? Sepa que Jehová no lo secunda. Ha dicho: Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová (Isaías 54:17).
Por si no fuera suficiente, Jehová también ha dicho: Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá (Isaías 54:15). Si creemos esos textos como veraces de parte de Jehová, por boca del profeta Isaías, entonces estemos seguros de que en sus manos reposamos. Jesús ha dicho que estamos en sus manos y en las manos de su Padre, el cual es mayor que todos. Jehová hace al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; Él ha creado al destruidor para destruir (Isaías 54:16).
Dado que Jehová hace todo, debemos reconocer que si hizo al destruidor para destruir también ha hecho a quien conspira contra nosotros. Pero como Él no piensa destruir a sus hijos amados, de seguro esas armas no prosperarán. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros (Romanos 8:33-34).
Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Selor servís (Colosenses 3:23-24). Tenemos que imaginar que el Señor anda con nosotros (imaginarlo como si estuviese físicamente, ya que no es imaginación el que él nos acompañe a diario). De la misma forma cuando oramos hemos de creer que Dios nos oye (que hay Dios), que recompensa a los que lo buscan. Si cada hora de nuestro tiempo la pasamos en el pensamiento de que Dios está con nosotros, no por eso se hará realidad; pero como es realidad que Él está con nosotros hasta el fin del mundo, la toma de conciencia de su presencia nos colma de esperanza.
La esperanza en él no avergüenza, los días pasan y avanzamos con nuestras metas, llenos de gozo. Por nada hemos de estar afanosos, más bien hemos de agradecer al Señor por cada circunstancia de nuestras vidas, ya que ante cada problema surge una solución que para nosotros suele ser extraordinaria, cuando vemos al Dios que actúa. Estad quietos, se nos ha dicho, y conoced que Yo soy Dios (Salmo 46:10). Hemos de cesar las guerras en que nos metemos a diario, la contienda formada en nuestra mente, el continuo pensar en nuestro adversario. A eso se refiere cuando se nos conmina a estar quietos, a reposar de nuestro imaginario angustiado fustigado por el mundo que nos rodea.
De inmediato, luego de la quietud, podemos darnos cuenta de la acción del Dios soberano, el que aparece con las provisiones necesarias para nuestras andanzas. Dios no cambia en sus propósitos, Él sabe los pensamientos que tiene acerca de sus hijos, pensamientos de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos.
No en vano el salmista David escribió en el Salmo 20 unas palabras de maravilla para los hijos de Dios: Jehová te oiga en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario…haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto. Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo (Salmo 20:1-4). Esas palabras son promesas para nosotros, deseos del salmista inspirado por el Espíritu de Dios al escribir su canto; ¿cómo hemos de estar tristes?
Estamos confiados en que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el fin (Filipenses 1:6). Esa buena obra la es de gracia y de fe, el trabajo de la regeneración que hace el Espíritu, la santificación a la que nos conduce; si Dios la empezó la habrá de concluir, si quiso llevarnos hacia Cristo no querrá sacarnos de ese lugar. Pese a que continuamos pecando, nuestras vidas no se identifican con el pecado; no confesamos jamás un falso evangelio, una vez que hemos sido llamados a seguir al buen pastor (Juan 10:1-5).
No hay un creyente que sea incrédulo, no hay un creyente con llamado eficaz que siga al extraño, no hay un creyente que no viva en la doctrina de Cristo. Por lo tanto, no habrá ningún creyente que establezca paz con los que asumen falsas doctrinas, ya que eso implicaría que estaría actuando contra Jesucristo. Si hacemos todo para el Señor, recibiremos la recompensa que nos tiene preservada desde la eternidad, por lo cual nos alejaremos del extraño y del maestro de mentiras, de los anunciadores de nuevas revelaciones, de los herejes que proclaman evangelios más benignos que el del Señor.
Su evangelio fue dura palabra de oír, algo que ofendía a muchos; los maestros que engañan dicen paz, paz, cuando no la hay; ellos halagan los oídos de las muchedumbres como para que no se vayan, para ver multitudes. Quien así actúa no hace las cosas como para el Señor, por lo tanto tendrán una recompensa diferente: el Señor les dirá, nunca os conocí. Pero aquellos que sí hacen todo para el Señor, de hecho o de palabra, escucharán la voz que les dirá: Venid, benditos de mi Padre.
César Paredes
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