Solamente cuando uno pasa a creer el Evangelio de Cristo puede comprender la dimensión del pecado. David decía de su horrendo pecado que estaba siempre delante de él, pero agregó que él había sido concebido en pecado. La naturaleza del hombre desde Adán está caída y la maldad en estos tiempos del fin está aumentada, de manera que vivimos a las puertas de Sodoma y como en los días de Noé. La tierra en ese entonces estuvo cargada de violencia, el mal hacía afligir el alma del justo, particularidades de los tiempos de esos dos personajes bíblicos: Lot y Noé. Como denominador común, en Sodoma había saciedad de pan, soberbia y falta de amor por el prójimo. El estado de corrupción moral llegó a tal grado que sus habitantes fueron entregados al pecado castigo: la deshonra de sus propios cuerpos.
Los hombres se volcaron a la lascivia con otros hombres, mientras sus mujeres abandonaron el uso natural de sus cuerpos e hicieron lo mismo con otras mujeres. Otro denominador común de esa cultura del paganismo exacerbado fue el no tener en cuenta a Dios. Los religiosos de esa época se dieron a la libre interpretación teológica de lo que de Dios se conocía, haciendo ídolos de cualquier cosa para llamarlo Dios del cielo y de la tierra. Hasta los animales fueron el modelo de lo que concebían como Dios, aún sus materiales inanimados, por lo que se convirtieron también en panteístas y llegaron por esa vía al célebre politeísmo.
La violencia en los días de Noé llevó al Creador a tomar la decisión de destruir la tierra con el diluvio, para salvar a ocho personas apenas. Dicen los expertos que había una población de mil millones de personas en aquella época, pero eso no fue impedimento para frenar la ira divina. Hoy día el tráfico de menores de edad se acrecienta en la medida en que la gente está dispuesta a convertirlo en el negocio más rentable, incluso que el tráfico de armas. ¿Qué está pasando en esta tierra que el ser humano está entretenido con sus juguetes electrónicos, y sacrifica hasta su vista en pro de sus adicciones a las redes sociales?
La figura legendaria del sabio Diógenes en la antigua Grecia tiene su paralelo hoy día. Ese filósofo salió en pleno día con una lámpara para buscar a un verdadero hombre. Hoy podríamos salir los creyentes para buscar a un verdadero creyente, libre de las doctrinas de demonios y de la influencia del tele-evangelismo; solo que en nuestro caso usaríamos un reflector por la imposibilidad que tendríamos con una simple lámpara. La Biblia nos hablaba del aumento de la maldad, pero no imaginamos nunca que nos invadiría los hogares. Pensábamos que cada casa de creyentes estaría protegida bajo la custodia del liderazgo de los padres sobre los hijos, pero ahora es el Estado el promotor de una serie de leyes que animan al libertinaje en nombre de los Derechos Humanos. Los monumentos simbólicos de una civilización cristianizada vienen demoliéndose con el aval oficial de muchos gobiernos, pero en su lugar se levantan otros edificios en tributo a Lucifer. Dicen que se trata de una contracultura, pero en el fondo sabemos que existe un culto a la impiedad y se usa al diablo como su bandera.
El pecado ha sido condenado en la Escritura, pero muchos creyentes caen de repente en ellos. El Señor nos advirtió acerca de arrebatar el reino de los cielos por parte de los valientes. Se necesita mucho valor para imponerse en medio de la Sodoma en que se ha convertido el mundo, con ciudades vecinas como Gomorra. Babilonia se ha tragado al mundo y a nosotros nos parece que vivimos a sus puertas, en el lamento por lo que vemos que acontece. Se nos ordena a andar en amor, como también Cristo nos amó. Se nos dice que no nombremos ni a la fornicación ni a ninguna inmundicia entre nosotros, que evitemos la avaricia, que los santos no hemos de andar ni siquiera nombrando esos asuntos.
Se nos agrega que cuidemos nuestras bocas y labios, para no pronunciar ninguna palabra deshonesta, así como ninguna necedad. Pero uno va a un café y escucha lo que en alta voz la gente pronuncia sin tener el pudor que regía décadas atrás a los habitantes de una ciudad. Los juegos de doble sentido son el plato común en la jocosidad de una conversación, la invitación a la lascivia llega por forma natural de la conversación. La Biblia insiste en que ningún fornicario, ningún inmundo, o avaro, que es idolatría al dinero, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios (Efesios 5:3-5).
La palabra inmundo es utilizada en este texto bajo la idea de estar imbuido de mundanalidad. La ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, para corregirnos en el día a día en que fallamos en estas recomendaciones. Lot supo de todo esto y afligía su alma a las puertas de Sodoma. Él había sucumbido yéndose a vivir en esas tierras que consideraba fértiles, así que el engaño de las riquezas lo condujo a esos lugares cuando se apartó de su pariente Abraham. La misericordia de Dios lo rescató en una emergencia, pero no le sucedió igual gracia a su mujer que miraba hacia atrás como si deseara volver adonde tenía su corazón.
El creyente que peca tiene un último consuelo, la palabra de Dios que le dice que siete veces caerá el justo pero Jehová sostiene su mano. Así que volverá a levantarse; sin embargo, esa alegría viene acompañada del dolor de la caída. El Espíritu se contrista en nosotros los creyentes, cuando hacemos algún mal, por lo que estando ligado a nuestro espíritu la tristeza nos embarga por igual. Como Elías podríamos gritar al Señor para que nos quite la vida, diciéndole que ya no podemos continuar de esta manera. Sabemos cuál fue la respuesta de Dios a Elías, así que hemos de tomar fuerzas y seguir adelante en nuestra tarea encomendada.
Recordemos esta recomendación bíblica, para ver si nos animamos a alejarnos a las caídas recurrentes: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros anduvisteis en otro tiempo cuando vivías en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno…Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad y mansedumbre, de paciencia, soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros (Colosenses 3:5-13).
César Paredes
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